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Iker Casillas reclama 3,7 millones de euros por el infarto que sufrió: "Recuerdo caer al suelo y buscar esa vía de oxígeno"

Iker Casillas, en una imagen de archivo
Iker Casillas, en una imagen de archivo. Europa Press
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Iker Casillas ha dado un paso más en la batalla legal que mantiene desde hace años tras el infarto que sufrió en 2019. El exguardameta, leyenda del Real Madrid y de la selección española, ha reclamado una indemnización millonaria al Oporto y a una aseguradora por las secuelas que arrastra desde aquel episodio que puso fin a su carrera profesional. Según ha trascendido, el exportero solicita un total de 3,7 millones de euros, al considerar que su vida y su capacidad física quedaron seriamente afectadas tras el suceso.

Fue el 1 de mayo de 2019 cuando todo cambió para Iker Casillas. Durante un entrenamiento con el Oporto, el madrileño comenzó a sentir un fuerte dolor en el pecho tras aproximadamente media hora de ejercicio. Lo que en un primer momento parecía un malestar puntual acabó siendo un infarto agudo de miocardio que obligó a activar todos los protocolos de emergencia. El exfutbolista fue atendido de inmediato por los servicios médicos del club y trasladado al hospital CUF de Oporto, donde ingresó de urgencia. En aquel momento, el club comunicó que el jugador se encontraba estable y fuera de peligro, pero aquel susto marcaría un antes y un después en su vida. Un año más tarde, a los 39 años, Casillas anunciaba su retirada definitiva del fútbol.

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Ahora, varios años después, el exportero ha decidido acudir a los tribunales al considerar que las consecuencias de aquel episodio siguen presentes en su día a día. Según ha revelado el medio portugués Público, Casillas defiende que su estado actual le impide desarrollar una vida normal en términos físicos, motivo por el que solicita esta compensación económica por incapacidad.

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El testimonio de Iker Casillas sobre su deterioro físico tras sufrir un infarto

Durante su declaración en el juicio, Casillas ha explicado con detalle cómo ha sido su proceso de recuperación y las limitaciones que aún sufre. “Voy al gimnasio, juego al pádel, pero no puedo correr, solo consigo unos 20 o 50 metros. No puedo más”, aseguraba el exguardameta, dejando claro que su capacidad física no ha vuelto a ser la misma desde el infarto.

El exportero también relata el impacto psicológico y emocional del proceso: "La primera semana fue de reposo absoluto. Después de 10 días empecé a caminar, pero no fue hasta siete meses después que comencé a sentirme yo mismo de nuevo". Una frase que resume la dificultad de asumir el cambio radical en su vida tras décadas dedicadas al deporte de élite.

En su intervención, también ha recordado cómo vivió aquel día: “Recuerdo caerme al suelo, estar buscando que me entrase esa vía de oxígeno que no llegaba… Hasta que llega el doctor y te dice que estás sufriendo un infarto”. Además, describió el dolor como “bastante agudo” y explicó que llegó a temer por su vida mientras esperaba asistencia médica. Casillas sostiene que todos los controles médicos a los que se sometió a lo largo de su carrera nunca detectaron anomalías, y que todo ocurrió en lo que definió como “un día normal”, después de llevar a sus hijos al colegio e ir al gimnasio, y que terminó de forma inesperada.

La respuesta del Oporto y la aseguradora

Por su parte, tanto el Oporto como la aseguradora Fidelidade rechazan la reclamación del exjugador. Ambas partes sostienen que no existe una relación directa entre el esfuerzo físico realizado durante el entrenamiento y el infarto sufrido por Casillas. Según ha salido a la luz durante el proceso, la aseguradora ya habría abonado 1,5 millones de euros al exportero en concepto de accidente laboral, que corresponde al máximo estipulado en este tipo de coberturas. Además, el club portugués defiende que cumplió con sus obligaciones al pagar el salario del jugador durante todo el periodo de baja hasta la finalización de su contrato.

El entorno legal del caso señala que esta disputa se inició en octubre de 2021, cuando tanto el club como la aseguradora rechazaron asumir nuevas responsabilidades económicas. Casillas, por su parte, reclama ahora el reconocimiento de una incapacidad permanente total, lo que elevaría la indemnización hasta los 3,7 millones de euros que exige.