Familia

La historia familiar de Julián Álvarez: el pueblo argentino que le vio crecer, el sacrificio de sus padres y su novia de toda la vida

Julián Álvarez
Julián Álvarez. Instagram @julianalvarez
  • El jugador de Argentina en el Mundial de Fútbol 2026 ha alcanzado el éxito gracias al sacrificio de su entorno más próximo

  • Álvarez está muy vinculado a sus orígenes: de un pueblo de menos de tres mil habitantes a su pareja desde la adolescencia

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En unos días se conocerá qué selección es la ganadora de la Copa Mundial de Fútbol 2026. Antes, queda por conocerse qué equipo será el rival de España en la final del domingo, tras la victoria de la Roja ante los franceses. La segunda semifinal enfrenta a Argentina e Inglaterra, y cuenta con una de las grandes estrellas del fútbol actual: Julián Álvarez. El futbolista ha dado un gran salto a la primera línea del deporte mundial, pero hace unos años era simplemente un niño que jugaba con la pelota en un pequeño pueblo argentino, y que ya recibía el apodo de 'La Araña' entre los suyos. Descubrimos cuáles son los orígenes familiares del delantero del Atlético de Madrid.

Calchín, el pequeño pueblo de Julián Álvarez

Julián tiene veintiséis años y nació el 31 de enero de 2000 en Calchín, una pequeña localidad argentina, situada en la provincia de Córdoba, en el interior del país. Según los últimos censos, cuenta con una población inferior a los tres mil habitantes actualmente. Es un lugar pequeño, eminentemente rural, atravesado por un pequeño arroyo, que vive principalmente de la agricultura y la ganadería. "La vida en Calchín tenía su valor: ir en bicicleta de un lado a otro, disfrutar de la naturaleza, de la tranquilidad y de la sencillez del día", ha revelado en una reportaje reciente con la FIFA.

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Efectivamente, para Álvarez, su lugar de origen es un sitio en el que se crio hasta las quince años, en el que empezó a aprender sobre la vida y al que le gusta volver de vez en cuando, de forma íntima, con su familia y amigos más cercanos. "Si se supiera cada vez que viene, tendría a todo el pueblo haciendo cola en la puerta de su casa", apuntaban en su entorno para dicho reportaje. Su pueblo fue, además, el lugar en el que dio sus primeros pasos en el mundo del fútbol junto a su primer entrenador, Rafael Varas, que lo recuerda como un chico "muy callado", que siempre pedía quedarse un rato más, tras terminar los entrenamientos, para seguir practicando.

Gustavo y Mariana, los padres de Julián Álvarez, y sus sacrificios

Parte imprescindible en esos orígenes son, también, los suyos, una familia trabajadora. Los padres de Julián son Gustavo Álvarez y Mariana Álvarez: él trabajó en una fábrica de cereales, en el campo y fue camionero posteriormente; ella ha sido maestra infantil toda su vida. Ambos hicieron importantes sacrificios para ayudarle a convertirse en un futbolista profesional.

Además de los constantes viajes y desplazamientos por la incipiente carrera de su hijo, el clan atravesó dificultades económicas durante la infancia de este. El propio Julián ha contado en ocasiones que pasaron por una "mala época" en la que apenas tenían recursos y que les obligó a mudarse a casa de su abuela. Sus padres siempre se preocuparon de que a él y a sus hermanos no les faltase de nada, y quisieron que creciera rodeado de los suyos, no dejando que se fuera del equipo local hasta que estuvo realmente preparado. A los quince años, fichó por el River Plate y tuvo que separarse de todos ellos.

Gustavo y Mariana, los padres de Julián Álvarez, se sacrificaron para que su hijo cumpliese su sueño

Tita, la abuela que les acogió en su peor momento

El entorno íntimo de Julián incluye, también, a otros familiares. Es el caso de su mencionada abuela, Tita, que acogió al clan durante una temporada de estrecheces económicas. El futbolista está muy unido a ella, y, de hecho, también formó parte de ese apoyo familiar para conseguir que su nieto cumpliese su sueño. En su caso, era ella quien habitualmente recogía a Julián y sus hermanos de sus entrenamientos, ya que sus padres solían estar trabajando.

Rafael y Agustín, sus hermanos, a los que debe su mote

Porque el delantero del Atlético no es hijo único, sino que tiene dos hermanos más. Son mayores que él: el jugador es el benjamín de la familia. Rafael (apodado por los suyos como Punchi) y Agustín (conocido como Turrón) tienen un papel clave en esta historia ya que ayudaron a introducir al pequeño en la afición por el fútbol que les insuflaba su padre, jugando también y compartiendo jornadas de entrenamientos. Con el paso de los años, la relación fraternal ha seguido siendo muy estrecha.

De hecho, ambos se trasladaron a Madrid también cuando fichó por el Atlético, y siguen jugando al fútbol en el Club Argentino, un equipo madrileño que reúne a personas que forman parte de la inmigración argentina como ellos. Rafael es, de hecho, quien empezó a poner a su hermano el apodo de 'La Araña', por el que es conocido ahora, porque parecía que tenía "muchas piernas" cuando tocaba el balón.

Su pareja desde adolescentes, Emilia Ferrero, y su hijo Amadeo

No solo su familia ha acompañado al delantero durante su trayectoria vital y deportiva. También lo ha hecho una de las personas más importantes de su círculo: su pareja, María Emilia Ferrero. Se conocieron cuando tenían unos nueve o diez años en Calchín porque ella, aunque no era originaria de allí, iba a menudo a visitar a algunos familiares suyos. Compartieron veranos y amigos posteriormente en Córdoba, y, pese a separarse cuando él se instaló en Buenos Aires, no perdieron el contacto y su vínculo acabó por convertirse en una relación sentimental.

Emilia es profesora de Educación Física y ha practicado durante años hockey sobre hierba, muy popular en Argentina. Además, tiene una notable presencia en redes sociales como creadora de contenido, acumulando casi ochocientos mil seguidores en Instagram, a los que muestra su día a día, sus aficiones y sus viajes.

Tras estar presente en todas las etapas vitales de Julián, juntos, han formado una familia propia. El primer hijo de ambos, Amadeo, nació en Madrid el 2 de enero de 2026, y su padre aseguró entonces que la paternidad le daba un cierto miedo. Aquel niño que siempre alargaba sus entrenamientos en Calchín ha abierto un nuevo capítulo personal que, en realidad, le vuelve a conectar con sus raíces y sus orígenes.