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Lola Cabrillana, escritora, maestra y activista gitana: "Hay más racismo ahora que antes"

Lola Cabrillana, con una de sus novelas, 'La maestra de los invisibles'
Lola Cabrillana, con una de sus novelas, 'La maestra de los invisibles'. Alba Rosado
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Lola Cabrillana nació en Málaga y se crio en Benalmádena, donde reside actualmente. Además de ejercer como educadora en la etapa de Infantil, es escritora: tiene cinco libros publicados, el sexto está en camino y ya ha comenzado a escribir el séptimo. Pero Lola, además de ser una prolífica novelista, es una activista de los pies a la cabeza: con su literatura, pero también desde sus redes sociales, donde reúne a decenas de miles de seguidores, pone el acento en las injusticias cometidas contra la cultura gitana a través de la historia e invita a mirar con sus ojos la discriminación históricamente ejercida contra su pueblo. Hemos charlado con esta mujer lúcida y sensible sobre racismo, educación y clichés construidos a través de los años.

‘La maestra gitana’, ‘La maestra de los invisibles’, ‘Voces color canela’, ‘Vulnerables’ y ‘Las cuatro esquinas del mar’. Me dices que tu sexto libro, esta vez para peques de 10 a 12 años, está a punto de salir, y ya estás escribiendo otro. ¿De dónde sacas el tiempo? Porque la educación infantil consume horas y recursos vitales.

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Bueno, ahora me he pedido una excedencia. Pero siempre me dejaba los meses de julio y agosto para escribir, cuando terminaba el curso. Claro, no es llegar y topar: en la media hora de ida y la media de vuelta de mi casa al trabajo voy dando forma a los personajes y a la trama. 

Como profesora de la etapa infantil has estado trabajando en La Palmilla, uno de los barrios más pobres de Málaga. ¿Cómo se educa en un entorno vulnerable, donde a menudo las prioridades son otras, donde la educación no puede estar en primer lugar porque hay que sobrevivir?

Es diferente, porque como profesora tienes unos objetivos y debes priorizar otros. Y es duro, porque las realidades de tus alumnos no son bonitas: hay familias desestructuradas, con un nivel de pobreza muy alto, y eso te condiciona el día a día; mi objetivo es aumentar la autonomía y el talento, pero las condiciones no son las más favorables. 

Lola, en la Feria del Libro de Madrid, el 29 de mayo

¿Qué te llevó a hacerte profesora, cuál es tu trayectoria vital hasta llegar ahí?

Yo quería ser pasterla en un principio, pero mi padre me llevó a un obrador a colaborar porque era pequeña, y cuando vi lo repetitivo que era aquello, me dije: “¡Voy a estudiar!”. Y seguí estudiando; desde pequeñita jugaba a enseñar a mis muñecas, y creí que era el camino más seguro. Eso sí, luego estudié pastelería en lugares como Nueva York o Bélgica. Me sigue encantando la pastelería; eso sí, como hobby.

Las historias que cuentas en tus novelas están íntimamente ligadas al hecho de ser gitana. ¿Crees que ha cambiado la percepción hacia tu pueblo en los últimos años para bien o para mal?

Para mal, lo tengo clarísimo. Antes ser racista estaba mal visto, se ocultaba, no se ponía de manifiesto como ahora. Ahora estar contra una minoría se ha convertido en una tendencia.

¿Hay más racismo que antes o simplemente los racistas son los mismos y se sienten más poderosos?

Yo creo que hay más; el racismo se contagia y se pone de moda. Se apodera de la ignorancia. Los movimientos ultra se han nutrido de la ignorancia, estoy totalmente convencida; lo sufro, no tengo más que poner un tuit y lo que leo es veneno puro. Antes había racismo, sí; pero no con este nivel de odio, de expresarlo con esa contundencia. 

(La charla se interrumpe brevemente porque Milka necesita entrar: es una de las gatas a las que cuida junto con otros vecinos: en total, 14 gatos que forman parte de una colonia de mininos abandonados; algunos de ellos, me cuenta, han sido atropellados por un coche). 

Imagino que habrás vivido o presenciado historias de exclusión hacia personas gitanas. ¿Hay alguna que recuerdes con especial dolor o malestar?

Recuerdo a una alumna que encontró trabajo limpiando. Le fue genial las primeras dos semanas… hasta que un día su marido fue a recogerla. A él se le notaba que era gitano. La mujer para la que trabajaba aquella chica había manifestado lo contenta que estaba con su trabajo; sin embargo, al día siguiente de aquello, la echaron.

¿Cuáles son, según tu experiencia, los peores clichés que hemos construido sobre las personas gitanas?

Muchos. Uno de ellos, que no trabajamos. Otro, que no pagamos impuestos, ¡como si el seguro de autónomos o la licencia del mercadillo nos lo regalaran! O que todos vivimos de las pagas vitales. Uno de los clichés que me causa más indignación es el hecho de que, cuando delinque una persona gitana, todos somos parte de ese hecho delictivo. Es algo con lo que no podré lidiar. 

Posando con uno de sus libros en la calle Larios de Málaga

En cuanto a la educación de las niñas y niños gitanos, ¿qué crees que falla en las escuelas? ¿Y qué crees que falla en las familias?

Muchas cosas. Una es culpabilizar a las familias gitanas del absentismo escolar. Hay un fracaso enorme en las escuelas, y toda la culpa y el foco se pone en las familias. Pero si las familias no confían en el sistema es porque han tenido experiencias negativas. Necesitamos más comunicación y vinculación, que esas familias formen parte de las escuelas, que tengan voz y voto en todos los colegios. Y también es importante que el profesorado eleve las expectativas puestas sobre esos alumnos.

Si la inclusión de los gitanos en la cultura de Occidente es difícil, las mujeres aún lo tienen peor. ¿Cómo se puede cambiar eso, cómo se rompe ese círculo vicioso de sacar a la mujer gitana de su posición de vulnerabilidad?

Un dato: la mujer gitana vive 10 años menos que la no gitana. El nivel de paro es mucho mayor. Lo que debe cambiar es la educación, y que las instituciones hagan campañas de sensibilización, porque funcionan. Necesitamos que las escuelas acojan a las niñas gitanas con ciertas garantías de éxito, por que por ahí, por la educación, pasa todo.

¿Te consideras una excepción? 

No, no soy ninguna excepción. Entre mis mejores amigas hay una abogada, una educadora social, una ilustradora… Estoy rodeada de gitanas profesionales. Lo que pasa es que se visibiliza sobre todo la pobreza del pueblo gitano, porque todavía hay mucha.

Si tuvieras que abrir esa puerta al conocimiento de ambos pueblos, ¿qué harías, cómo invitarías a un no gitano a entrar con respeto en vuestra cultura?

Deberíamos empezar por conocer la historia del pueblo gitano y por cómo hemos llegado hasta aquí. Hay más de 250 disposiciones legales en nuestra contra, antiguas, pero también recientes. Se nos continúa manteniendo al margen de la sociedad: si sabes eso, entiendes por qué seguimos igual hoy. Lo principal es conocer la historia del pueblo gitano y luego su cultura, porque no se puede amar lo que no se conoce.