La humilde infancia de Marc Cucurella en Alella, Barcelona: el gran esfuerzo de sus padres para que fuera futbolista

Marc Cucurella creció en la comarca barcelonesa de Alella en una familia humilde y unida, marcada principalmentepor el esfuerzo de sus padres para que pudiera cumplir su sueño de ser futbolista
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Marc Cucurella ha alcanzado la élite del fútbol después de una trayectoria que comenzó bastante lejos de los grandes estadios. El futbolista nació en Alella, en la comarca barcelonesa del Maresme, creció en un entorno humilde y muy familiar rodeado de sus padres, Patricia y Óscar, y de una familia numerosa y tremendamente unida. Desde niño tuvo claro que quería dedicarse al fútbol, aunque convertir aquella afición en una profesión exigió años de esfuerzo y, especialmente, importantes sacrificios por parte de sus padres. Tras iniciarse en el fútbol sala de su localidad, pasó por las categorías inferiores del Espanyol y, posteriormente, por el FC Barcelona, dando los primeros pasos de una carrera que acabaría llevándole hasta el fútbol internacional.
Una infancia humilde en Alella y una familia volcada en sus sueños
Cucurella pasó su infancia en Alella, un tranquilo municipio próximo al mar y rodeado de viñedos y colinas. Allí creció en un ambiente familiar estable y desarrolló desde muy pequeño su pasión por el balón. El futbolista procede de una familia numerosa y muy unida, una relación que ha seguido manteniendo durante su etapa adulta. Su padre, Óscar, era un gran aficionado al fútbol y fue precisamente esa pasión la que terminó acercando a Marc a este deporte.

Su madre, Patricia, tuvo un papel especialmente importante. Al terminar de trabajar, recogía a su hijo en el colegio y emprendía con él el camino hacia Barcelona. "Mi madre salía de trabajar, me recogía a las cinco del colegio, me daba el bocadillo en el coche y nos íbamos para Barcelona", ha recordado el propio Cucurella en la revista Lecturas. Aquella rutina suponía dos horas diarias de coche, además de esperar durante aproximadamente tres horas mientras entrenaba. "Sin ese esfuerzo, yo no .estaría donde estoy. Hacían kilómetros y kilómetros cada día para que yo pudiera entrenar. Dejaban de hacer sus cosas para que yo cumpliera mi sueño", comentó el deportista sobre una etapa de su vida marcada por los desplazamientos donde Cucurella hacía los deberes, merendaba y cambiaba su ropa del colegio por la equipación.
Del fútbol sala de Alella a las grandes canteras
Antes de entrar en una gran cantera, Marc Cucurella comenzó jugando al fútbol sala. "En Alella la única manera de jugar al fútbol era apuntándote al club de fútbol sala. Todos los niños del pueblo lo hacían", explicó. Allí compartía afición con sus primos y empezó a destacar entre los demás niños. También entonces nació uno de sus rasgos más reconocibles: su larga melena rizada. Según ha contado, su madre decidió dejarle crecer el pelo para poder distinguirlo rápidamente durante los partidos.
Fuera del terreno de juego era un niño reservado. "Era muy tímido, no era el típico bromista. Pero jugando ya era otra cosa", ha explicado. Con el balón, sin embargo, mostraba una personalidad diferente y una seguridad que pronto permitió descubrir sus cualidades deportivas. Con apenas ocho años entró en las categorías inferiores del RCD Espanyol. A partir de entonces, su infancia quedó marcada por una exigente rutina en la que debía compatibilizar los estudios con entrenamientos día tras día, sin perder el contacto con sus amigos de Alella. En 2012, con 14 años, dio otro importante paso al incorporarse al fútbol base del FC Barcelona y continuar su formación en La Masia.
Los torneos también formaron parte de aquellos años. Cucurella ha contado que de pequeño tenía dificultades para comer cuando viajaba con el equipo y que su madre escondía comida en su maleta. "Cuando era pequeño y teníamos que viajar, íbamos de torneo con el equipo, tenía muchos problemas para comer porque no me gustaba nada. Mi madre siempre me ponía comida dentro de la maleta a escondidas, luego cuando llegábamos a la habitación, con mis compañeros, era nuestro momento. Aprovechábamos para comer y siempre llevaba fuet", recordó el futbolista en la revista Semana.
Su progresión terminó llevándole hasta el primer equipo del Barcelona, con el que debutó en la Copa del Rey en 2017. Aquella gran aparición terminó con aquella etapa de su vida entre Alella, los entrenamientos, los estudios y cientos de kilómetros en el coche familiar para cumplir con sus entrenamientos. "Si yo he llegado hasta aquí es gracias a ellos y a sus sacrificios", asegura el deportista sobre sus padres.
