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Las raíces humildes de Shakira en Colombia: una familia que no tenía nada y le enseñó a ayudar a los más desfavorecidos

Fotomontaje de Shakira en la final del Mundial y en la portada de su disco 'Pies descalzos', de 1995
Fotomontaje de Shakira en la final del Mundial y en la portada de su disco 'Pies descalzos', de 1995. Cordon Press e Instagram/@shakira
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Hace ya 35 años que una gran discográfica decidió ficharla para debutar con su primer álbum, ‘Magia’. Shakira Mebarak Ripoll aún tenía 14 años, pero no se habían equivocado con ella. Pocos años después, en 1995, llegaría su tercer álbum y su primer gran éxito, ‘Pies descalzos’. Un título que, con más de cuatro millones de copias vendidas en aquel momento, se convirtió no solo en un éxito inmediato, sino también en uno de los álbumes más representativos del pop latino. Pero aquel disco llevaba dentro mucho más que canciones pegadizas: era el homenaje a una infancia y unas raíces, las de Shakira, que hoy continúan vigentes y más vivas que nunca.

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El profesor que le afeó su timbre de voz

Shakira siempre tuvo inclinación por lo artístico. Con 4 años creó su primer poema, ‘La rosa de cristal’. Primero pidió como regalo de Navidad una máquina de escribir con la que, poco más tarde, terminaría escribiendo letras de canciones. La música le llamaba la atención, aunque en el colegio no pensaran lo mismo. De hecho, un profesor la rechazó en el coro porque decía que su característico vibrato sonaba “como una cabra”. Lejos de desanimarse, la cantante siguió adelante con su proyecto de vida, que tenía clarísimo desde muy pequeña. 

Fue a los 8 años cuando compuso ‘Tus gafas oscuras’. Aquellas gafas eran las de su progenitor, William Mebarak, que se había casado en segundas nupcias con la madre de la cantante, Nidia Ripoll. El padre de la cantante, de ascendencia libanesa, tenía nueve hijos de su primer matrimonio. Uno de ellos falleció en un accidente, lo que provocó que, para ocultar su dolor, usara gafas de cristales oscuros durante un tiempo.

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Un cambio drástico de vida y un golpe de realidad

Pero aquellos 8 años de vida de la cantante la marcaron también por otros motivos. Su padre, que regentaba una joyería, se quedaba sin empleo. “Mi padre no es muy bueno con los negocios, es un romántico”, confesaba en 2005 en una entrevista en el canal RCN. Su negocio quebró. Envió a Nidia y a Shakira a Los Ángeles con unos familiares. A su regreso, Shakira encontró que había perdido todas las comodidades de las que había disfrutado: el televisor grande a color había sido sustituido por uno pequeñito en blanco y negro. Habían vendido el aire acondicionado y en su lugar había un ventilador. La cama grande ya no estaba y ahora había una más pequeña. “Eso fue muy fuerte para mí”, reconocía en aquella charla. “Tuve una educación digna, gracias a Dios, eso es lo único en lo que mis padres nunca escatimaron”, confesaba a ‘Vanity Fair’ hace algunos meses.

Fundación para proteger a los niños

Precisamente esa ruptura, ese cambio drástico de vida, frustró a Shakira, que gestionó mal el proceso: “En mi cabeza infantil ese fue el fin del mundo”. Y provocó que sus padres la llevaran a conocer una realidad mucho más dura que la suya en la que, como aseguraba, no creció rodeada de lujos. Le mostraron un parque de su Barranquilla natal en el que vivían niños huérfanos en condiciones penosas, oliendo pegamento para olvidarse del hambre. Aquellos niños ni siquiera tenían zapatos. ‘Pies descalzos’ fue no solo un álbum, sino que también definió su propósito de vida. “Me marcó para siempre. La niñez se convirtió en mi causa principal". Y se prometió a sí misma, ya en aquel momento, que cuando fuera famosa haría algo en ese terreno. 

Llegar al éxito no fue fácil. "No había redes sociales, no existían atajos para alcanzar mis objetivos. Tenía que trabajar mucho", expresaba para ‘Vanity Fair’. Pero lo logró. Y no olvidó a aquellos niños. Creó, con 18 años y cuando acababa de explotar su fama, la Fundación Pies Descalzos, que hoy cuenta con 19 escuelas, 16 de las cuales están en Colombia; otras dos están en Haití y una más en Sudáfrica, el país en el que conoció a (y se enamoró de) Gerard Piqué, el padre de sus dos hijos.