Joan Manuel Serrat: su infancia en el Poble-sec, sus raíces y la historia de amor de sus padres en plena guerra
El cantante, que ha desgranado en diversas ocasiones las claves de su carrera, se sinceraba sobre su infancia humilde, en un contexto marcado por la posguerra
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Hace ya casi cuatro años que anunció que se bajaba de los escenarios, pero Joan Manuel Serrat continúa siendo un icono no solo de nuestro país, sino a nivel internacional. ‘Mediterráneo’ es un himno eterno que ha atravesado generaciones, y que marcó el comienzo de su éxito fuera de nuestras fronteras. Para entonces, Serrat ya era un artista consagrado en España, que además nunca renunció a sus raíces: de ellas y de su infancia ha hablado en numerosas ocasiones.
La historia de amor de sus padres: dos soledades que se fundieron en una
Hace casi medio siglo, a Joan Manuel Serrat lo entrevistaba un conocido periodista de la época, Joaquín Soler Serrano. En él se desgranaban numerosas anécdotas de la infancia de Serrat: una infancia humilde en una familia que, tal como él explicaba, siempre ha funcionado “como un clan”.
Aquella familia se inició con la historia de amor de sus padres, Josep y Ángeles. “Mi padre nació en Barcelona, en la calle Conde del Asalto [hoy carrer Nou de la Rambla]”, comentaba. “Por esos barrios fue donde circuló toda mi niñez”. Sobre su madre, sabemos que “nació en Belchite […] y llegó a Barcelona andando […], con un montón de niños, huyendo de los bombardeos”. El cantante hacía referencia a la batalla de Belchite, que arrasó aquel pueblo de Zaragoza en 1937 y dejó más de 5.000 muertos; la madre, que por entonces estaba en la veintena, llevaba consigo niños de los pueblos de la zona “que iban huyendo de la barbarie de la guerra”. En ese contexto bélico conoció al que sería su marido: “Se entendieron, se casaron y nací yo”.
Lejos de ser una historia de amor de las que pintan en las películas, Serrat la contaba en un tono mucho más melancólico. “Son muy discretos al respecto”, explicaba en aquel 1977. “La cosa vino más o menos por un tacón de zapato roto a la salida de un cine”, y añade que el enamoramiento “debió venir por la soledad en la que aquellos dos personajes se encontraron en aquel momento”. “Supongo que la soledad de los dos personajes se confundió en una”, concluía.
Explicaba que la familia de Ángeles estaba “absolutamente rota” a causa de la guerra, y que el entorno de su padre también estaba destruido por el mismo motivo “y por los años del campo de concentración”. Sobre aquel trágico episodio en la vida de Josep ha hablado en otras ocasiones. En Canal Sur explicó a Juan y Medio que Josep “perdió la juventud y la salud” a causa de aquello.
Su infancia en el Poble-sec: tres hermanos “de edades muy diferentes”
Sus raíces se hunden en Cataluña y en Aragón, pero sobre todo en las heridas de una guerra civil a cuya memoria nunca quisieron renunciar: “En mi casa se hablaba de aquellas cosas”. La familia de Serrat, “proletaria absolutamente”, la componían sus padres, un hijo que aportaba el padre de su primer matrimonio (era viudo cuando se conocieron), él y dos sobrinas de la madre que adoptaron porque se habían quedado huérfanas a causa de la guerra. “Soy un hijo único con tres hermanos”, ha explicado en alguna ocasión.
“Mi padre era un empleado de la Catalana de Gas y Electricidad”, y recordaba su sueldo base: “53 pesetas”. “Se tenía que ganar las perras trabajando después de su horario de trabajo, como tantos españoles”. La madre cosía en casa para aportar algo de dinero a la economía familiar: “Había que alimentar muchas bocas y había que superar muchas dificultades”.
En aquel ambiente, Joan Manuel se convirtió en un estudiante aplicado, que tenía que sacar buenas notas para mantener la pequeña beca que le otorgaban. Tras estudiar en los Escolapios se matriculó en la Universidad Laboral de Tarragona, y más tarde cursó estudios superiores y se hizo perito agrícola (lo que hoy es una ingeniería técnica). Fue entonces cuando la música llegó para quedarse: aunque fue el típico alumno “del que un padre y una madre se enorgullecen”, después lo dejó todo para dedicarse a cantar, “con el lógico temor por parte de todos”. Un temor que no tardó demasiado en disiparse: con los primeros ahorros procedentes de la música, Serrat pudo por fin comprar una casa para sus padres.