El bailarín Igor Yebra tiene esclerosis múltiple: qué es y qué implica esta enfermedad que también sufre María Pombo

Igor Yebra, que mantuvo una relación con Anne Igartiburu entre 2001 y 2006, fue diagnosticado en 2015, pero lo ha hecho público porque no "quería ni podía sostener más esta enfermedad en secreto"
Noa Yebra, la hija mayor de Anne Igartiburu que tiene 22 años y vena de artista
Muy celoso de vida privada, Igor Yebra ha revelado que padece esclerosis múltiple, la misma enfermedad que padece María Pombo, que fue diagnosticada en 2020, durante el embarazo de su primer hijo, Martín. El bailarín, quien mantuvo una relación con Anne Igartiburu entre los años 2001 y 2006, ha decidido hacer esta confesión en su libro autobiográfico, '¿Por qué somos tan estúpidos y no estamos ya bailando?', que acaba de salir a la venta.
De una forma honesta y sin dramas, Yebra, que tiene 52 años, se ha sincerado en esta autobiografía sobre su enfermedad, que, según él mismo ha aclarado, le fue diagnosticada en 2015, pero cuyos primeros síntomas comenzaron a aparecer dos años antes, cuando comenzó a sentir unas molestias en la pierna izquierda. Unas molestias que en ese momento él achacó a no entrenar lo suficiente a pesar de que "lo hiciera 12 horas al día". Entonces, lo dejó pasar y hoy cree que esa decisión y en machacarse aún más "seguramente empeoró las cosas".
No quiso saber el diagnóstico porque temía que lo apartara de los escenarios
Once años después del diagnóstico, Igor Yebra ha sentido la necesidad de hablar de ello. "Siempre he sido muy reservado, mucho, y creo que uno de los motivos por los que me he abierto con este libro ha sido porque no quería ni podía sostener más esta enfermedad en secreto", ha contado en una entrevista que ha concedido a 'El País' el bailarín, que ha contado que, aunque se hizo las pruebas pertinentes en 2015, prefirió no conocer el diagnóstico porque no quería que una enfermedad le apartara de los escenarios. La medicación para paliar los síntomas fue suficiente para él. "Después de la punción lumbar, el doctor me dijo que íbamos a vernos muy a menudo a partir de ese momento. Me dio instrucciones, medicación y para mí fue suficiente. Nunca he querido detalles sobre aquello que pudiera apartarme de los escenarios, de bailar"
Fue en 2017, cuando conoció el diagnóstico porque "se le escapó a una doctora". En 2021 los síntomas empezaron a hacerse más evidentes y le pusieron una medicación con efectos secundarios visibles, por lo que tuvo que empezar a contarlo. Según relata, su pierna izquierda es la más afectada y le cuesta caminar. Aunque disimula "con un poco de espectáculo y ni se nota"
En cuanto a cómo le ha cambiado la vida, reconoce que "es una enfermedad que afecta de diferentes maneras", pero que hay veces que consigue evadirse de esa realidad. "Si estoy sentado, trabajando en el ordenador y muy concentrado con algo, consigo dejar de pensar en ella unos segundos" y que afrontar el futuro con tranquilidad, que es lo que le han recomendado y tiene claro que no va a dejar pasar los momentos pensando en lo que vendrá. "Siento que tengo que aprovechar la vida y dejarme de tonterías".
Qué es la esclerosis múltiple
La esclerosis múltiple es una enfermedad autoinmunitaria crónica que daña el sistema nervioso central, afectando el cerebro y la médula espinal. En concreto ataca por error la mielina, la capa protectora que recubre las fibras nerviosas. Al quedar dañada, los impulsos eléctricos que viajan entre el cerebro y el resto del cuerpo se ralentizan o se interrumpen por completo, lo que genera cicatrices (llamadas esclerosis) y provoca los síntomas de esta enfermedad, que afecta de dos a tres veces más a las mujeres y que se ha convertido en una de las causas más comunes de discapacidad neurológica en adultos jóvenes y que se diagnostica mediante exámenes físicos, análisis de líquido cefalorraquídeo (punción lumbar) y una resonancia magnética para visualizar las lesiones.
En cuanto a los tipos de esclerosis múltiples, existen tres. La primera es la remitente-recurrente, que se caracteriza por la aparición de brotes; la segunda es la primaria progresiva, cuyos síntomas empeoran de forma gradual y continua, sin brotes ni remisiones; y por último la secundaria progresiva, que aparece después de años de tener el tipo remitente-recurrente y en la que los síntomas comienzan a empeorar de forma constante.
Sintomatología y tratamiento
No existe una cura definitiva para la esclerosis múltiple, pero los avances médicos que se han producido en los últimos años permiten controlar su avance eficazmente. Para su tratamiento se prescriben medicamentos modificadores de la enfermedad, que permiten reducir la frecuencia de los brotes, además se aconseja fisioterapia, rehabilitación para mantener la movilidad y mejorar la calidad de vida y apoyo psicológico. Un manejo multidisciplinar temprano que permite retrasar la discapacidad.
En cuanto a la sintomatología de la enfermedad, esta varía en función de cada persona según la ubicación y la gravedad del daño de los nervios afectados. Entre los síntomas podemos encontrar las alteraciones visuales (visión borrosa, visión doble o dolor al mover los ojos), problemas motores como la debilidad muscular, la rigidez, los espasmos o la pérdida del equilibrio y coordinación al caminar; entumecimiento, hormigueo o pinchazos en las extremidades; fatiga extrema y dificultades cognitivas como problemas de memoria, concentración o velocidad para procesar información.
Qué implica para un paciente el diagnóstico de esclerosis múltiple
El diagnóstico de esclerosis múltiple no significa el fin de una vida plena, pero sí que implica una transformación importante en la vida del paciente ya que afecta tanto a su salud física como a su bienestar emocional, su entorno social y su futuro laboral. Es una enfermedad crónica, progresiva e impredecible que obliga a la persona a convivir con la incertidumbre y con síntomas que pueden cambiar en un corto espacio de tiempo o volverse persistente. Una situación que afecta especialmente a la salud mental.
Los pacientes con esclerosis múltiple tienen que aprender a gestionar una fatiga debilitante que interfiere con las tareas cotidianas y el trabajo, con la pérdida de autonomía progresiva que puede incluso obligar a hacer algunas adaptaciones en el domicilio o a solicitar asistencia, y a las secuelas invisibles como los problemas de memoria a corto plazo, dificultades para concentrarse, alteraciones urinarias o disfunción sexual. Unas secuelas que al no ser visibles generan frustración o incomprensión en los demás.
Por supuesto, la enfermedad tiene un fuerte impacto psicológico ya que hace vivir con el temor constante a cuando se producirá el próximo brote o si la discapacidad se volverá permanente. También deben pasar un proceso de duelo y adaptación para asimilar la nueva realidad. Un proceso en el que son comunes la ansiedad e incluso la depresión. Por último el estilo de vida también se ve modificado por las continuas visitas al médico, lo cual conlleva en muchos casos una nueva planificación laboral y se ven obligado a buscar flexibilidad laboral, reducción de jornada e incluso un cambio de trabajo. También las relaciones de pareja, familiares y sociales se transforman debido a la sintomatología que sufre el paciente.
