El testimonio de Jess, superviviente de cáncer de mama y coautora de 'A los pechos me remito’: “Las cicatrices siguen en mi cabeza y en mi corazón”
Esta guionista y redactora de publicidad fue diagnosticada de cáncer de mama en 2017, cuando tenía 36 años: ahora cuenta todo el proceso en un cómic que está a punto de salir a la venta
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Jess tenía 36 años y estaba de vacaciones en Budapest cuando recibió la noticia que no esperaba oír: debía regresar corriendo para comenzar un tratamiento. Le habían detectado cáncer de mama. Así comenzó todo un proceso inesperado, también por la edad (solo uno de cada cinco casos se da en mujeres menores de 45, según la Asociación Española Contra el Cáncer), que Jess ha reflejado en un cómic, ‘A los pechos me remito’, que sale al mercado en octubre. Así, volando de Budapest a Madrid, empezó todo.
La parte emocional que rodea a la enfermedad
De los casos de cáncer solemos conocer el principio, también el durante, pero tras la curación rara vez se conoce el después. En el caso de Jess, el proceso consistió en seis meses de quimio, una operación y, como ella misma explica, la suma de investigación, ciencia y el equipo médico que la acompañó durante todo ese tiempo. Pero quedan secuelas: “Nadie me dijo que después del tratamiento llegaría la ansiedad para quedarse para siempre. Y una depresión. Tengo secuelas que afectan a mi vida a nivel físico, emocional, social, laboral, económico y un largo etcétera”, se sincera. Esta experta en marketing digital vivió “un tsunami de emociones reprimidas durante el diagnóstico que siguen siendo abrumadoras”, aunque reconoce que la terapia la va equilibrando. También asegura que “cada experiencia y situación es única”.
Las consecuencias de un cáncer precoz y la nueva forma de mirarse al espejo
Como decíamos al comienzo, el cáncer de mama afecta a una franja de edad superior a los 50, y tiene su segmento de edad de mayor riesgo en torno a los 62 años. El hecho de tenerlo 20 años antes de lo habitual suma muchas otras consecuencias, que Jess y David, el ilustrador del cómic, han sabido reflejar en el libro. Por ejemplo, la menopausia precoz e inducida y sus efectos. “Haber perdido la regla a los 36 años fue muy jevi. En mi caso no me hormonaron y sigue siendo un festival de movidas”, reconoce. “Es como que eres joven en edad, pero tu cuerpo ya no. Tu cuerpo está como que no entiende nada”. En un tono distendido, Jess explica que el cuerpo le hizo “un ‘gaslight’ biológico en toda regla, valga la redundancia. Y David lo ha ilustrado de una manera genial en el cómic, la verdad. Ha sido un gran trabajo en equipo”.
Han tenido que pasar casi diez años desde el diagnóstico para que Jess se haya animado a contarlo y, además, a hacerlo con un enfoque desenfadado, intentando quitarle hierro a algo que cambia la vida para siempre, incluso la forma de autopercibirse: “Han pasado casi 10 años desde mi diagnóstico, pero me sigue costando mirarme al espejo un poco”, reconoce. “El pelo ha crecido y las cicatrices apenas se ven, pero siguen en mi cabeza y en mi corazón. Es un duelo perder parte de tu identidad, y ya no solo física, sino tu forma de vida”.
Un cómic “anclado en el humor y no en el drama”
Elegir el cómic para contarlo ya es una manera de estar en el mundo. Hay quienes escogen la poesía, un diario o una biografía más seria, pero en el caso de Jess “fue algo muy natural, porque he crecido leyendo cómics desde pequeña y es un lenguaje que conozco y con el que me siento cómoda”. De origen argentino, recuerda: “En mi casa siempre había libros de Quino, Mafalda y revistas argentinas con minihistorietas, como la revista ‘Humor”. El hecho de haber estudiado diseño gráfico, publicidad y guion de humor hizo el resto: “En mi cabeza veía ya las páginas y los textos con sus recursos gráficos, paginación… Solo me faltaba que me ayudara un ilustrador, ya que no sé dibujar, y tuve la suerte de que mi amigo David Güell se subió al barco”. La cultura pop que ambos adoran y “nuestro amor a los juegos de palabras” terminó de componer el puzle, y subraya: “Quiero recalcar que es un cómic anclado en el humor y no en el drama”.
En cuanto a la gestación de un cómic que nace de una experiencia traumática, reconoce que “ha sido mi flotador emocional. Me lo pasé genial escribiéndolo y ha sido una terapia hacerlo”. Confiesa que salió solo, “como de chorreo, desde mis adentros más profundos”, y se sorprende de lo rápido que lo escribió, "casi en escritura automática”. Aunque tiene su contraparte: la ansiedad “porque hablo sobre mi vida más íntima. Me desnudo literal y metafóricamente. Llevé mi enfermedad en privado y esto ha sido una salida de armario literal”. En el lado luminoso, nos cuenta que lo más bonito está siendo el 'feedback' de las pacientes, que se sienten acompañadas “solo con la cuenta de Instagram y los post”, antes incluso de que el cómic haya visto la luz.
Decepciones, duelos y echar la vista atrás
En procesos como un cáncer, hay otros duelos. Uno de ellos, quizá el menos esperado, es el de la gente que se aleja de ti. “Hablo de eso en el libro. Hay personas que eran muy amigas y que ya no están en mi vida”, afirma. A cambio, “esas sillas vacías las van llenando nuevas personas maravillosas que se sientan a tu lado a escucharte y comprenderte, y se van generando vínculos desde otro lugar”. Jess ha ido sumando personas “que van más con tu forma de ser, tus valores y cómo ven el mundo”, y expresa su eterno agradecimiento a quienes se quedaron a su lado “por haber sido parte de mi salvación. Si estoy aún aquí también es gracias a ese amor”.
Como suele suceder con las personas que pasan por un proceso de cáncer, el miedo lo inunda todo. Jess explica que se convive “regular” con él, pero que lo va controlando gracias a la terapia. Lo que perdura es el shock postraumático, que “sigue ahí en forma de ansiedad, hipocondria y pensamientos catastróficos, entre otras cosas. Hoy en día sigo medicándome por ansiedad”. Tras un cáncer, la salud deja de darse por hecha: “Todo puede cambiar en un segundo”, comenta, y añade que ahora es más consciente de lo que es verdaderamente importante.
Terminamos la entrevista preguntándole qué le diría hoy a aquella Jess que recibió una llamada hace diez años en Budapest: “Le diría: ‘Tía, siento muchísimo que la vida te ha puesto otra vez en una situación que ni tú ni nadie querría, pero vas a sacar una fuerza que no sabías que tenías y vas a volver a salir de esto también. Te cojo de la mano en este camino. Confía en mí, o sea, en ti. Te llevará un equipo médico increíble y empático. Tu gente querida va a estar haciendo red para sostenerte. Tu psicóloga te mantendrá a flote y saldrás de esta más sabia y asertiva que nunca. Escribe lo que sientes y no vuelvas a tragarte tus emociones ni aguantes a personas que no te cuidan. Solo tenemos una vida, un cuerpo y una mente, vamos a cuidarnos bien. Ah, y te vas a enganchar a ‘OT’ y a ‘RuPaul’s Drag Race’ muy fuerte”.