Cómo tratar la piel madura: el skincare a partir de los 65 años para una piel luminosa como la de Jane Seymour
Con una rutina de ‘skincare’ completa, constante y adaptada a las necesidades, es posible mantener un aspecto radiante
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La piel habla y lo hace a través de su textura, su luminosidad y la forma en la que envejece. El tipo de piel y los cuidados que se le hayan dado a lo largo de los años condicionan decisivamente cuándo aparecen las primeras arrugas, generalmente entre los 25 y los 30 años, pero es a partir de los 50 cuando el descenso de estrógenos comienza a notarse de forma evidente. A los 65, la piel es más fina y frágil, tiende a la deshidratación, presenta arrugas más profundas y una mayor flacidez.
Aunque no se puede luchar contra el tiempo, con los cuidados adecuados es posible mantener un aspecto radiante incluso pasados los 70 y un buen ejemplo es Jane Seymour, que a sus 75 recién cumplidos luce una piel luminosa y cuidada. La actriz, a quien puedes ver cada miércoles a las 23:00 en la serie Harry Wild, confesaba a la revista Glamour que nunca se ha sometido a un lifting ni es partidaria de peelings agresivos o tratamientos invasivos. “No puedo decir de repente: no voy a trabajar porque mi cara va a estar roja durante tres semanas”, explica.
Su filosofía, sin embargo, es clara y sorprendentemente fácil: “Consiste en la limpieza, un exfoliante suave y evitar tomar el sol”. A esto se suma la importancia de los buenos productos y la constancia. Su maquilladora, Marina Gravani, lo resume así: “Lo más importante para la piel madura bajo el maquillaje es elegir una crema hidratante de alta hidratación”. Por eso, en el caso de Seymour, apuesta por fórmulas ricas en ácido hialurónico que aportan volumen y jugosidad.
Pero lo cierto es que, más allá de estos hábitos básicos, mantener una piel sana y luminosa a partir de los 65 requiere una rutina de ‘skincare’ completa, constante y adaptada a las necesidades específicas de esta etapa. Los especialistas coinciden en cinco pilares fundamentales: limpieza, hidratación con antioxidantes, transformación, exfoliación y fotoprotección.
Doble limpieza
La limpieza es el primer gesto de cuidado porque la piel necesita estar libre de impurezas para absorber correctamente los activos cosméticos y debe realizarse tanto por la mañana como por la noche. Es un gesto sencillo que marca la diferencia en la eficacia del resto de la rutina.
Por la noche, se recomienda la doble limpieza compuesta de un primer paso que se realiza con un producto oleoso que elimina maquillaje, protector solar, sebo y residuos de contaminación y una segunda limpieza con un limpiador jabonoso suave, que retira las impurezas restantes y deja la piel preparada para los tratamientos posteriores.
Hidratación con antioxidantes
La hidratación debe ir más allá de aportar agua cuando hablamos de piel madura. En este caso, se necesitan fórmulas ricas y completas que incluyan activos capaces de conseguir una piel más uniforme, luminosa y resistente frente a las agresiones externas.
Durante el día, es fundamental incorporar antioxidantes como las vitaminas C y E, que aportan luminosidad, mejoran la elasticidad, estimulan la producción de colágeno y ayudan a neutralizar los radicales libres. A ellas se suman otros ingredientes como el ácido ferúlico, con acción despigmentante y protectora frente a la radiación UV y la contaminación, además de potenciar la eficacia de otros antioxidantes, o la niacinamida, que mejora el tono, combate los signos del envejecimiento ambiental y estimula la síntesis de colágeno.
Transformación según necesidades
La noche es el momento ideal para actuar en profundidad y es cuando entran en juego los llamados cosméticos transformadores, que se deben adaptar a las necesidades de cada piel: retinol, hidroxiácidos o tratamientos despigmentantes.
El retinol está considerado uno de los activos antiedad más eficaces. Actúa como renovador epidérmico y estimula la producción de colágeno, lo que se traduce en una disminución de las arrugas y una mejora de la firmeza. También ayuda a unificar el tono, reducir manchas y reforzar la función barrera de la piel.
La clave de este activo está en encontrar la frecuencia adecuada para cada tipo de piel, por eso debe introducirse de forma progresiva para evitar irritaciones.
Exfoliación suave
La exfoliación es indispensable para favorecer la renovación celular, especialmente en pieles maduras, donde este proceso se ralentiza. Lo recomendable es realizar una exfoliación física suave un par de veces por semana, suficiente para eliminar células muertas y limpiar los poros sin alterar el equilibrio cutáneo.
Además, cada dos semanas se puede incorporar una exfoliación química o enzimática. Los alfahidroxiácidos (AHAs), los PHA como la gluconolactona o el ácido salicílico son útiles para tratar manchas, poros dilatados o textura irregular, mientras que la exfoliación enzimática, basada en enzimas como la papaína o la bromelaína, es ideal para pieles sensibles, ya que ofrece una acción suave pero eficaz.
Fotoprotección diaria
Ninguno de los pasos anteriores sirve para nada si no se aplica fotoprotección todos los días. El protector solar actúa como un escudo frente a los rayos UV, responsables de la degradación del colágeno y la elastina y aunque su función es la de ejercer de escudo para evitar lesiones peligrosas en la piel, se aprovechan sus beneficios antiaging. Su uso diario es el mejor tratamiento antiedad que existe.