Héctor Nuñez, farmacéutico da las claves para que no te engañen con el sérum de vitamina C: "Síntesis de colágeno"
En muchas ocasiones, cuando indican que llevan vitamina C, lo que se utilizan son derivados y aquí es donde te la meten doblada
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La vitamina C no es solo un ingrediente cosmético de moda, sino un auténtico imprescindible en una rutina de belleza completa. En los últimos años este antioxidante se ha convertido en uno de los activos más populares gracias a su capacidad para iluminar la piel, mejorar su textura y combatir los signos del envejecimiento.
Como explica Héctor Núñez, farmacéutico, divulgador y fundador de la marca Cosmetocrítico, la vitamina C es uno de los activos más completos dentro del cuidado de la piel y, resumidamente, destaca entre sus beneficios "la estimulación de la síntesis de colágeno, su acción antioxidante, su efecto fotoprotector, la mejora de la textura y del microrelieve cutáneo, la reducción de la hiperpigmentación y la promoción de la reparación del tejido elástico".
En otras palabras, su uso ayuda a retrasar el envejecimiento prematuro actuando desde varios frentes: neutraliza los radicales libres, favorece la producción de colágeno y contribuye a mejorar la calidad de la piel.
Sin embargo, el experto advierte que no todos los productos que prometen vitamina C contienen realmente este activo en su forma más efectiva. “En muchas ocasiones, en los sérums cuando indican que llevan vitamina C lo que se utilizan son derivados y aquí es donde te la meten doblada principalmente”, explica.
Todos los beneficios de la vitamina C
Una de las funciones más importantes de la vitamina C es su capacidad antioxidante, protegiendo a las células frente al daño provocado por los radicales libres, que son moléculas inestables generadas por factores como la radiación ultravioleta o la contaminación ambiental.
Aunque tiene cierto efecto protector frente a los daños solares, los expertos recuerdan que no sustituye en ningún caso al protector solar, por esta razón siempre debe utilizarse acompañada de un fotoprotector adecuado cuando se expone la piel al sol.
Otro de sus beneficios más conocidos es su capacidad para estimular la síntesis de colágeno. Esta proteína, fundamental para mantener la firmeza y elasticidad de la piel, comienza a disminuir de forma natural a partir de los 25 años, lo que favorece la aparición de arrugas y la pérdida de densidad cutánea. La vitamina C contribuye a compensar este proceso al estimular su producción, lo que se traduce en una piel más firme, con menos líneas de expresión y una textura más uniforme, favoreciendo también la reparación de la epidermis y mejorando la elasticidad del tejido cutáneo.
Además, este activo juega un papel importante en la corrección de las manchas y disminución de la hiperpigmentación porque inhibe la actividad de la tirosinasa, una enzima implicada en la producción de melanina. Gracias a este mecanismo ayuda a aclarar las manchas existentes y a unificar el tono del rostro, aportando una luminosidad visible.
Su acción también se refleja en el microrelieve cutáneo, ya que, al mejorar la densidad y la calidad de la piel, contribuye a suavizar los surcos más profundos y a afinar la textura general del cutis.
A estos beneficios se suman otros menos conocidos, como ayudar a aliviar la irritación, reducir las rojeces y, cuando se utiliza en concentraciones adecuadas, contribuir a equilibrar la producción de sebo. Por su acción antibacteriana y antiinflamatoria también puede resultar útil para prevenir y reducir las lesiones asociadas al acné.
En el caso de las pieles secas, su acción tampoco pasa desapercibida. Este activo estimula la producción de ceramidas y otros lípidos esenciales, fortaleciendo la función barrera de la piel y ayudando a mantener niveles óptimos de hidratación.
En qué fijarse antes de comprar una crema o serum de vitamina C
A pesar de sus numerosos beneficios, elegir un buen producto con vitamina C no siempre resulta sencillo. Uno de los principales motivos es que se trata de una vitamina muy lábil, es decir, poco estable y susceptible de oxidarse con facilidad. Cuando la vitamina C se oxida, cuando el producto cambia de color hacia tonos amarillos o marrones, pierde eficacia y puede contener radicales libres, por lo que ya no resulta recomendable utilizarla.
Para evitar una rápida oxidación, el envase es un aspecto fundamental y lo ideal es que el producto se presente en un recipiente opaco que no permita el paso de la luz. Además, los formatos pequeños suelen ser más aconsejables para evitar que el cosmético se oxide antes de terminarlo.
Otro punto clave es identificar si el producto contiene vitamina C pura o derivados y, como advierte Héctor Nuñez, cuando compras un sérum o crema con derivados de vitamina C “no quiere decir que sean malos, pero te están engañando si en el producto y bien en grande te ponen ‘Serum de Vitamina C’ ya que no la lleva”.
Según el farmacéutico, estos derivados surgieron para solucionar el principal problema del ácido ascórbico, que es su inestabilidad: “Los derivados nacen de la necesidad de estabilizar la vitamina C ya que es muy inestable y poder formularla a pH que sean más compatible con otros activos. El problema aquí viene en que todos los derivados no tienen la misma evidencia que la Vitamina C pura, y dentro de los derivados hay algunos con mayor o menos evidencia para cada necesidad”. Es decir, que el inconveniente es que no todos los derivados cuentan con la misma evidencia científica que la vitamina C pura y además, dentro de ellos existen grandes diferencias en cuanto a eficacia según la necesidad que se quiera tratar.
A esto hay que añadir otro problema, el derivado de las concentraciones porque, como apunta el farmacéutico, “las marcas usan los derivados a las mismas concentraciones que la vitamina C pura para que así en la etiqueta te entre por los ojos. Pero los estudios con los derivados no son a concentraciones tan elevadas (a un 5% aproximadamente) y subir tanto la concentración sin necesidad alguna puede provocar reacciones cutáneas”.
Cómo identificar la vitamina C pura
Si lo que se busca es un cosmético con vitamina C pura, el farmacéutico recomienda revisar cuidadosamente el listado de ingredientes o INCI, donde la vitamina C pura aparece única y exclusivamente bajo el nombre de ASCORBIC ACID: “Ni más ni menos. Si no aparece ese nombre, tu sérum no lleva vitamina C y es muy probable que sean derivados. Es decir, el fabricante tiene que decirte que es Ácido L-Ascórbico.”
En cuanto a la concentración, lo habitual es encontrarla entre el 10% y el 20%. Una fórmula al 15%, por ejemplo, podría aplicarse 3 días a la semana y descansar 4 ya que la vitamina C tiene capacidad de acumularse en la piel.
Para potenciar su eficacia, lo ideal es que el producto se combine con otros antioxidantes como el ácido ferúlico o los tocoferoles. En cambio, Núñez recomienda no mezclarla con determinados activos como los péptidos, los retinoides o, en el caso de pieles sensibles, con la niacinamida.
El envase también es determinante y el experto recomienda los formatos airless, que limitan el contacto del producto con el oxígeno, ayudando a preservar mejor la estabilidad de la fórmula y si el sérum se vuelve marrón con el paso del tiempo, es probable que la vitamina C se haya degradado.
Tres mitos sobre la vitamina C
Finalmente, aclara tres falsos mitos atribuidos a la vitamina C. El primero es que es exfolia la piel, pero según explica, “que sea un ácido y necesite un pH ácido para garantizar su estabilidad no quiere decir que exfolie”. Otro mito es que fotosensibiliza, pero aclara que “la vitamina C no vuelve tu piel más sensible al sol; en realidad es fotosensible, es decir, se degrada con la radiación solar”. Finalmente, hay quienes piensan que puede provocar manchas si se oxida sobre la piel. Sin embargo, Núñez lo descarta: “Aunque pueda acumularse en los poros y oxidarse, no hay nada que no elimine una buena higiene”.