Aciertos y errores de la boda de Frank Cuesta y Paloma Ramón
Frank Cuesta y su boda, o cómo hacer que nos resulte más dulce la picadura de una cobra que verle casarse en Tailandia en short repollo rosa con una fan vestida de odalisca bollywoodiense

Sí, aunque a algunos estén ahora mismo con el mismo estertor que sufrirían si les hubiese picado dicha cobra, tal y como me quedé yo cuando me encargaron estos Aciertos y Errores, hoy me meto en el “fregao” de analizar semejante sarao. Porque llamarlo boda, lo que se dice boda al uso, sería un atentado a los novios de medio mundo.
Aciertos
No, que nadie se mate buscando con el ratón o deslizando el dedo por la pantalla de su móvil porque no es que hayan desparecido los aciertos, es que no podía haberlos.
Errores
1, La novia. Paloma Ramón. Supongo que soñó en algún momento de su vida con casarse por todo lo alto con el vestido más divino del mundo y con el amor de su vida. Totalmente humano, no podía ser de otro modo. Pero más allá de toda ensoñación y deseo, en qué momento de su actualidad selvática decidió sacar los ahorros de su vida para llenarse de encajes, cristales, perlas, brillantes, sedas, gasas… para darse el sí quiero en mitad de una jungla. Mátame camión.
Y que conste que de cara estaba guapa, maquillada como para una boda en Central Park para una cinta de cine, eso sí. Pero si no provocó un incendio con las iridiscencias de tanta gema incrustada en su vestido fe un milagro de su cielo. Viva ahí Buda o quien quiera que sea.

2. El novio. Frank Cuesta, antes Frank de la Jungla. Sí, este caballero que lleva décadas viviendo entre bichos tropicales e incluso masticando sus mismas plantas opiáceas y que para su boda no se quitó sus crocs, ni la mugre de ellos. Aunque seguramente, no creo equivocarme, eran lo mejor de su conjunto rosa de pantalón corto globo y chaleco satinado. Completó su look de novio con camisa remangada, pajarita de ventrílocuo y calcetos blancos a la altura de la rodilla, porque claro en plena selva ir en short, aunque sea globo, tiene una desprotección absoluta.
3. Los testigos de tan elegante unión fueron Zape y Zorro. No, son dos mascotas, que no os engañen los nombres, son los hijos del aventurero. Ambos decidieron ir a la boda con esos looks como de “pesadilla en la pandilla” de alguna tribu callejera los 90.
Vamos que si te los cruzas una noche en la ciudad te arrodillas e imploras al cielo que te mande antes medio millón de cobras, sin dudarlo.
4. He estado a punto del shock de nuevo viendo los lazos oro XL, como de paquete de regalo del mundo Gulliver, con los que ahorcaron a las pobres sillas en el banquete con los monjes budistas. Ellos hambre no pasaron, también lo digo.

Podría seguir en bucle, lo sé, pero qué necesidad.
Solo permitidme aclarar, queridos lectores, que no me he fumado nada raro de ningún trópico, ni he besado la piel tóxica de ningún sapo, ni he masticado nada exótico que me haya inmovilizado las neuronas por este breve espacio de tiempo. Tan solo he cumplido con objetividad, toda de la que fui capaz, con tan insólita propuesta.
Pues dicho esto, mucha felicidad a los novios. Que no falte la buena educación.

