Aciertos y errores de la boda civil de Georgina Rodríguez y Cristiano Ronaldo
Cristiano Ronaldo y Georgina Rodríguez se casan de Gucci en el salón de su casa aniquilando todos los rumores internacionales de una boda que era tan secreta en la realidad como fabulada por la IA.
Lo hicieron en la intimidad de su casa, en ese mismo salón en el que desayunan, comen, viven… pero con el Vogue Magazine de testigo directo, un guiño católico a la virgen de Fátima y vestidos de Gucci, la firma italiana donde empezó trabajando la novia como dependienta hace más de una década.
Hoy más que aciertos y errores al uso, al no ser boda pública ni nada exagerado como habríamos imaginado, analizo las cosas que me gustan y las que no. Más allá de un protocolo nupcial o unas normas establecidas en un dress code.
Aciertos
1. La novia. De todas las formas en la que podríamos haberla imaginado, cargada de brillantes gigantes, encajes, rosarios, transparencias, siluetas imposibles de sirena y demás, que ella es muy Gipsy King cuando quiere, esta era la única por la que no habría apostado nunca. Y eso lo convierte en un súper acierto. No era un novia al uso, era una ejecutiva cinematográfica, muy a lo Jennifer Lo, casándose con traje de chaqueta de falda tubo y americana crop. No todo me gustaba, lo entenderéis en los errores, pero tenía su encanto este dos piezas con camisa tan ejecutivo, con collar potente de brillantes y la naturalidad estudiada de su melena y makeup. Estaba guapa además de serlo. Al rey lo que es del rey.
2. El novio. Como me lo había imaginado tan oscuro y con corbatín brilli de esos en los que alguien clava salvajemente una perla o un brillante del tamaño tosco de una cereza verle tan en crema y blanco, empastado con su mujer para una boda fuera de lo habitual, me pareció un alivio. Pero no, tampoco me gustaba todo, ni todo me parecía divino, obvio.
3. Los hijos. En ellos este rollo mixto Caribe and Mediterráneo tenía toda la gracia y frescura del mundo y estaban monos y naturales. Me encantaron los chicos con sus pantalones beige con camisas blancas clásicas y las niñas con sus vestidos de batista crema.
Errores
1. La novia. Dentro de que me gustó la urbana normalidad de su traje de chaqueta, me sobraba que se lo ajustasen tanto como parecer que se había colado en otra talla. Sí a su falda tubo. Pero no a que pareciese que se la habían metido entre cuatro y que al final del día se la tendrían que quitar con tijeras y a rasgaduras.
2. El novio. Cierto es que para lo que me esperaba su simplicidad me produjo calma y en eso radicaba el acierto. Pero ojo, que eso no significa que lo viese como al novio más fino de un verano idílico porque como le pasó a Verdasco antaño, en la boda suya con Ana Boyer allende los mares, cuando un tipo va tan vainilla y blanco corre el riesgo, salvo que sea el colmo de la elegancia que no es el caso, de parecer el portamaletas de un resort de lujo en Copacabana. Y sí, algo así me vino a la mente nada más ver las fotos. Quizá una camisa blanca en vez de la camiseta blanco nuclear bajo el traje vainilla habría dado el empaque para que pareciese un novio novio en vez de ese portamaletas caribeño o lo que es peor, un chamán de una secta tropical.
Pero queridos lectores, visto lo visto y con el money que se gastan habitualmente hasta para acercarse al ultramarinos en avión privado para comprar un surtido de ibéricos para la cena, esto es mucho más ligero, amable y si me apuras hasta fresco de todo lo que podría haber sido. Y viendo también el pedrolo, del tamaño de una ciruela, de diamante oval que se gasta la novia en su anillo de compromiso.
Vamos que podría haber sido un remake de los Gipsy multimillonarios y no lo fue. Y Dios y Dior saben que me quedo con las ganas de haber analizado y despellejado los looks de las novias de los futbolistas del mundo. Rabia pura perderme ese placer supino.
Hoy termino dulce, para que luego no se diga que soy un ajo, deseando felicidad a los novios. Lo digo sinceramente, que nadie busque aquí la ironía.