Familia real holandesa

Así fue la boda de Constantin y Laurentien de Holanda: siguiendo la tradición y acompañados de la monarquía europea

Constantin y Laurentien de Holanda con sus hijos
Constantin y Laurentien de Holanda junto a sus hijos. Europa Press
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Constantin de Holanda y Laurentien se conocían de toda la vida, gracias al trabajo del padre de ella como ministro de Exteriores y a que las madres de ambos eran amigas. Años después, la pareja se daba el ‘sí, quiero’, cambiando las vidas de ambos para siempre. Juntos han tenido tres hijos, viven en Bruselas y no reciben ningún estipendio por parte del erario público, aunque cuentan con una reducida agenda oficial. 

Licenciada en Ciencias Políticas, Laurentien también hizo un máster en Periodismo, escogiendo hacer su tesis sobre prostitución callejera, por lo que pasó varias noches con vagabundos, escuchando sus historias, porque “enfrentarme al analfabetismo funcional es la manera más eficaz de enfrentarse a la explotación sexual de mujeres, hombres y niños y a su marginación social y económica”, explicó a La Vanguardia.

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Laurentien siempre ha sido una mujer de gran personalidad, a quien no le ha importado permanecer en un segundo plano en actos oficiales y eventos, porque para ello lo más importante ha sido cuidar a su familia y también el planeta. Muy centrada en la protección de la naturaleza, como miembro de la Casa Real suele centrarse en la ecología y la lucha contra el analfabetismo funcional.

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Esto último, además de ser el centro de su tesis, también está muy arraigado en su propia personalidad, le parece de vital importancia que los más pequeños de la casa tengan acceso a la lectura, porque es una forma de aprender y crecer con más herramientas. Es, además, creadora de del Sr. Finney, un personaje al que hizo protagonista en sus libros infantiles, que comenzó a escribir en 2007, con el fin de que los más pequeños de la casa entendieran que el mar es de todos. 

La boda de Constantin y Laurentien de Holanda

El 19 de mayo de 2001, el príncipe Constantin de Holanda se casaba en La Haya con Laurentien Brinkhorst, que en aquel momento tenía 34 años y fue la primera plebeya holandesa en contraer matrimonio con un príncipe de la dinastía Orange-Nassau. La ceremonia tuvo lugar en la Iglesia de St Jacobskerk de La Haya

Laurentien siempre ha destacado por no esconder su estilo atrevido y colorido, sin embargo, para su boda optó por mantenerse fiel a la tradición y apostó por un vestido sencillo, un traje de raso blanco de Natan, una de las firmas preferidas de la reina Máxima y también de Matilde de Bélgica, a quien también diseñó su vestido de novia. 

El diseño que lució en su gran día era clásico, pero con un toque personal, de escote barco y manga acampanada, contaba con una falda de doble capa y una cola de más de tres metros. Escogió como complementos una pulsera y unos pendientes, pero sin duda era la tradicional tiara, que lució sobre su cabello rubio recogido, lo que más miradas recibió. Lució la tiara del laurel, de diamantes de principios del siglo XIX, considerada la más antigua de la colección holandesa. El novio, por su parte, vestía un tradicional chaqué con chaleco en color beis. 

Entre los invitados al gran día, destacados miembros de las monarquías europeas, como el príncipe Eduardo de Inglaterra y su mujer Sophie Rhys-Jones, el entonces príncipe heredero, Felipe de Bélgica y su esposa, Matilde, Victoria de Suecia o Haakon de Noruega, que acudió junto a quien era su prometida, Mette Marit Tjessem.