Paula Echevarría suele compartir en sus redes sociales bastantes rincones de su casa, aunque, si hay uno que conocemos bien, ese es su vestidor. Allí graba sus vídeos, enseña algunos de sus looks y nos deja ver parte de la decoración, pero ¿qué ocurre con la cocina? Pues que, hasta ahora, la actriz apenas había mostrado imágenes. Por suerte, su hija Daniella también es muy activa en redes sociales, especialmente en TikTok, y gracias a uno de sus últimos vídeos hemos podido descubrir algunos detalles de esta estancia que Paula no suele enseñar. La actriz vive junto a Miguel Torres y sus hijos en un chalet de unos 400 metros cuadrados situado en Villafranca del Castillo, una de las zonas residenciales más tranquilas de Madrid. La vivienda, de una sola planta, cuenta con jardín, piscina y gimnasio privado y, en 2020, antes del nacimiento de su segundo hijo, Paula decidió reformarla por completo para adaptarla a su nueva vida familiar. Para ello contó con la interiorista Miriam Alía, conocida por sus proyectos coloridos, frescos y llenos de personalidad. Aunque sus diseños parten muchas veces de una base clara, la decoradora no tiene miedo a utilizar tonos rosas, verdes, azules o dorados para conseguir espacios alegres que se alejan de ese minimalismo excesivamente serio que vemos en tantas casas. Y, desde luego, en la cocina de Paula se reconoce su sello. Con solo ver las imágenes queda claro que no estamos ante una cocina pensada únicamente para preparar la comida y salir corriendo. Todo lo contrario. La distribución, la gran isla central y la zona de comedor hacen pensar que se ha diseñado para ser uno de los auténticos epicentros de la casa, un espacio con vida en el que cocinar, desayunar, charlar o pasar tiempo en familia. La estancia está abierta al jardín a través de una gran cristalera y también se comunica con el salón mediante una puerta corredera de vidrio, lo que permite que la luz circule de un espacio a otro. El blanco domina en los muebles y en la isla de mármol veteado, creando una decoración muy luminosa, fresca y bonita. Pero, ojo, porque son precisamente los detalles de color los que evitan que resulte fría o demasiado impersonal. En la zona del comedor aparecen unas sillas bajas tapizadas en rosa empolvado, mientras que junto a la isla encontramos taburetes altos en un tono azul verdoso. A ellos se suman las lámparas de techo, formadas por estructuras doradas y globos blancos colocados a diferentes alturas. El resultado tiene un punto sofisticado y algo retro, pero también divertido, muy en la línea del estilo de la interiorista Si te gusta el efecto, no hace falta meterse en una reforma ni invertir una fortuna. Estas lámparas, sillas y taburetes consiguen un aire parecido y pueden encajar en cocinas y comedores de tamaños y estilos muy diferentes.