Decoración

Dormir sin cabecero puede alterar tu sensación de seguridad, según la experta en Feng Shui Montserrat Beltrán: “Nos sentimos protegidos”

El cabecero es una parte clave en la armonía del dormitorio
Esta pieza aporta estabilidad. Instagram
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Puede parecer un elemento puramente decorativo. Sin embargo, el cabecero tiene más importancia de la que imaginamos al crear un dormitorio cómodo. No solo protege la pared y enmarca la cama, pues también consigue que la zona de descanso resulte más recogida y transmita una mayor sensación de seguridad. Así lo explica Montserrat Beltrán, consultora de Feng Shui. La experta relaciona el cabecero con la protección, la estabilidad y el equilibrio dentro de la pareja. Por eso, aunque las camas sin respaldo encajen bien en los dormitorios minimalistas, no son su opción favorita para crear un espacio que invite a bajar el ritmo.

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Una pequeña “montaña” protectora

En el Feng Shui, el cabecero se asocia simbólicamente con una montaña situada a nuestra espalda. Esa imagen representa el apoyo que necesitamos cuando dormimos, uno de los momentos del día en los que estamos más vulnerables y desconectados de lo que sucede alrededor.

“Con un cabecero nos sentimos protegidos y nos permite descansar mejor”, señala Montserrat. Basta con comparar una cama frente a una pared vacía con otra acompañada por un respaldo firme; la segunda suele parecer estable y acogedora. Sin embargo, eso no significa que dormir sin cabecero vaya a provocar insomnio. La idea es más sencilla. Si la cama cuenta con un apoyo visual sólido, el cuerpo y la mente pueden percibir el rincón de descanso como un lugar delimitado y protegido.

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Cómo debe ser

No hace falta elegir un diseño enorme ni cubrir media pared. Según Beltrán, lo importante es que sea sólido y estable. Un cabecero que se mueve, cruje o golpea la pared cada vez que cambiamos de postura produce el efecto contrario ya que añade ruido e incomodidad a un lugar que debería transmitir calma.

Los modelos de madera y los tapizados son buenas opciones porque aportan calidez y resultan fáciles de integrar. Conviene evitar, en cambio, las estructuras frágiles, con barrotes muy separados o formas agresivas. Es importante que el tamaño guarde proporción con la cama y que quede bien sujeto.

Estabilidad también en la pareja

Beltrán vincula el cabecero con la estabilidad de la relación. En una habitación compartida, esta pieza crea un respaldo común para quienes duermen juntos y refuerza la sensación de unidad. Es más, el cabecero puede acompañarse de dos mesillas y dos lámparas, sin necesidad de que sean idénticas. El objetivo es conseguir equilibrio y que cada persona disponga de su propio espacio. Colores suaves, una iluminación cálida y pocos objetos completan un ambiente más tranquilo.

Si la cama todavía no tiene cabecero, añadir uno sencillo puede cambiar el dormitorio sin hacer obras ni renovar los muebles. Y es que a veces, ese elemento que parecía prescindible es justo el que faltaba para que la habitación se sienta más cómoda, recogida y preparada para descansar.