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El duelo invisible que sufren las mujeres que no logran ser madres: "La sociedad no lo reconoce y eso duele más"

Tamara Falcó y Marta Peñate. Fotomontaje con imágenes de Instagram
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Desde siempre, Tamara Falcó apuntó que quería tener hijos. Pero, tras una temporada intentándolo, la empresaria decidió aparcar su deseo de ser madre. También Marta Peñate está teniendo muchos problemas para llevar a término un embarazo y ser madre. Como Falcó, que ha decidido parar, hay muchas mujeres intentaron ser madres, pero no lo consiguieron. Como le ocurrió a Paula, profesora de 49 años, que a los 36 intentó quedarse embarazada: “Pensé que me sería sencillo porque varias de mis amigas se habían quedado sin problema. Pero a mí no me pasó igual”.

Su familia, amigos y hasta en el trabajo la animaban a ser madre. Sobre todo, su pareja estaba convencido de tener un bebé. “Siempre me han gustado los niños, así que, como éramos fijos, nos pusimos a ello. Entonces cometí, creo, el mayor error, contárselo a mi entorno más cercano”, comenta.

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A partir de ese momento, “no paraban de preguntarme si ya me había quedado embarazada. Lo hacían con buena intención, pero a mí me destrozaban porque ponían evidencia que no lo conseguía”. Paula dice que empezó su “via crucis”. “Puede sonar exagerado”, apunta, “pero aquello se convirtió en un calvario”.

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Su vivencia refleja un camino que no sólo es físico, sino emocional. “Cada vez que me venía la regla, me echaba a llorar. Mi relación de pareja se fue enfriando. Me sentía culpable por no lograrlo, y a la vez le culpaba a él por insistir tanto”, explica Paula, quien finalmente rompió su relación y abandonó el sueño de ser madre. “Quizá debí buscar terapia, hablar de ello, pero se me hacía imposible”, matiza.

La fertilidad a partir de los 35

La ginecóloga Miriam Al Adib Mendiri explica que las mujeres nacen con una reserva ovárica limitada que, a partir de los 35 años, comienza a disminuir tanto en cantidad como en calidad. Esta merma no significa que sea imposible quedarse embarazada, pero sí que será más difícil, y los riesgos aumentan: más probabilidad de aborto, cromosomopatías y fallos de implantación.

“El tiempo juega en contra. Si una mujer quiere tener hijos con sus propios óvulos, no puede relajarse indefinidamente. La criopreservación de ovocitos puede ser una estrategia”, recomienda Mendiri. En mujeres mayores de 35, se recomienda comenzar el estudio de fertilidad si tras seis meses no se ha logrado el embarazo.

Cuando los tratamientos no ayudan

Existen opciones naturales como la naprotecnología, la elegida por Tamara Falcó. Está basada en el respeto del ciclo natural y el estudio exhaustivo del entorno hormonal y uterino de la mujer. “Algunas pacientes buscan evitar la fecundación in vitro por motivos filosóficos o religiosos, y la naprotecnología es una alternativa válida y respetuosa con sus convicciones”, explica Dr. Luis Quintero Espinel, ginecólogo y Director Médico de Next Fertility Valencia.

Sin embargo, no siempre es efectiva. Hay casos en los que la única opción viable puede ser la fecundación in vitro (FIV) o la ovodonación, algo que, como afirma la Dra. Mendiri, debe decidirse desde la libertad y el respeto: “Nosotros, como médicos, no juzgamos. Mostramos las opciones y cada mujer elige lo que le dé más paz”.

El duelo de no lograr ser madre

Cuando la maternidad no llega y ese profundo deseo no se cumple, toca pasar un duelo. La psicóloga sanitaria Marta Prat Beltrán, especialista en neuropsicología en Next Fertility, considera que “aunque simbólico, este duelo es real. Implica la pérdida de un proyecto vital y de la identidad que muchas mujeres han construido alrededor de la maternidad. La sociedad no lo reconoce, y eso duele aún más. Hay mujeres que se enfrentan solas a este dolor, sin espacio para hablar ni ser comprendidas”.

Frases como “ya lo superarás” o “mejor, los hijos dan mucho trabajo” minimizan y anulan el sufrimiento. Paula lo vivió en primera persona. “Desde que lo conté, todo fue presión. Cada mañana me tomaba el ácido fólico que me mandó el ginecólogo y cada mes que pasaba, cuando veía que me había venido la regla, no paraba de llorar”.

La psicóloga subraya que, para sanar, lo primero es reconocer el dolor. “Hay que transitarlo, no taparlo. En terapia, se trabaja la autocompasión, la reconstrucción del proyecto de vida, y se busca integrar ese deseo desde una mirada más amplia. A veces ayuda la meditación, hablarlo. Y siempre, respetarse”.

La presión del no-embarazo

En el caso de mujeres mediáticas como Tamara Falcó, la presión es aún mayor. Su posible maternidad ha sido tema de portadas, tertulias, y hasta hashtags… “La exposición pública puede multiplicar el sufrimiento”, afirma Marta Prat, “los comentarios, incluso los bienintencionados, generan ansiedad, vergüenza o sensación de fracaso. No se da tiempo al duelo, y eso puede ser devastador para la salud mental”.

Tamara ha decidido poner un punto y aparte. No es una derrota, sino una decisión libre y, probablemente, terapéutica. “La exposición pública puede multiplicar la angustia y el dolor emocional. Los sentimientos más comunes son ansiedad, sentimientos de fracaso, vergüenza e incluso, si el malestar es muy grande e insoportable para el cuerpo, disociación con la propia experiencia”, comenta Marta Prats.

Como indica la psicóloga de Next Fertility, “a pesar de que el duelo es un proceso universal, para una persona pública se convierte en algo más intenso. El propio proceso se convierte en objeto de escrutinio y especulación, generando un impacto doble a nivel emocional: el desgaste por tener que sostener una imagen y el de dar explicaciones que no se está preparada para ofrecer. El acompañamiento emocional se convierte en algo totalmente necesario para preservar la estabilidad mental”.

Un duelo invisibilizado

La historia de Paula refleja el mismo proceso. “El dolor se acumuló. Rechacé todo: la maternidad, a mi pareja, mi vida. Años después, una terapeuta me ayudó. Pero no quería ni hablar del tema”, dice. Un silencio compartido por muchas mujeres. “Este duelo continúa invisibilizado ya que tendemos a minimizar el sufrimiento que no encaja con los esquemas clásicos de pérdida. Muchas mujeres viven su duelo en silencio, sin compartir su dolor”, señala Prats.

La terapeuta advierte que hay que tener cuidado con los comentarios que se hacen, ya que “pueden invalidar la experiencia emocional y hacer más mal que bien. Además, si previamente ha habido intentos fallidos, las mujeres son más reticentes a compartir su proceso, lo que acentúa el sentimiento de soledad”.

A veces no se habla del duelo porque no ha habido embarazo, ni pérdida visible. Pero eso no lo hace menos real. Como añade la Dra. Mendiri, el duelo genético, cuando se cierra la puerta a la maternidad biológica, “es uno de los más invisibles, pero también uno de los más duros”.

Cómo actuar si una mujer está intentando quedarse embarazada

La ginecóloga lo resume con claridad: “Hay que dejar de hacer preguntas como '¿para cuándo el niño?'. Entender que es un tema personal y doloroso para muchas. No es conversación trivial”. Y Marta Prat añade: “A la sociedad le diría que se centre en preguntar menos y en escuchar más. Muchas veces no necesitamos consejos ni soluciones, simplemente que nos escuchen y nos digan que no estamos solos, actuar sin juicios, dando espacio a los silencios y entendiendo que no todo debe compartirse”.

Desde el ámbito médico, el mensaje es respeto, escucha y acompañamiento. Para muchas mujeres como Paula, y quizá también para Tamara Falcó, la maternidad ha sido un deseo profundo. Y también un duelo. “Yo cuando leía lo que le estaba pasando a ella sentía pena y rabia. Me recordaba todo el dolor que sentí yo”, indica Paula.

Ese duelo puede ser también un punto de partida hacia una vida plena, aunque distinta a la soñada. Como apunta Marta Prat, “a las mujeres que viven este proceso les diría que no han fallado. Su valor no depende de su capacidad para gestar. Y no están solas. Y además me gustaría recalcar que buscar ayuda no nos hace más débiles”.

Paula asiente al leer el comentario de la psicóloga. “La terapia te ayuda a superarlo, pero la cicatriz queda. Yo te he dado esta entrevista para ayudar a otras mujeres y espero que les sirva mi experiencia. Pero la verdad es que cada vez que recuerdo aquellos días, vuelvo a sentir el dolor, como un viejo amigo”, concluye.

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