Bienestar

¿Es el momento de abrazar la pereza? La vagancia terapéutica, la nueva tendencia para resetearse

Una mujer descansa en cama mientras le espera el desayuno en una bandeja
Una mujer descansa en cama mientras le espera el desayuno en una bandeja. Pexels/Vlada Karpovich
  • La vagancia terapéutica es una nueva tendencia que invita a pasarse el día sin hacer nada para resetearnos

  • El 60% de la población reconoce que ha sufrido episodios de estrés: “somos un país líder en consumo de ansiolíticos”

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Vivimos en un mundo hiperconectado y lleno de velocidad y ruido. Puede parecer casi una verdad de Perogrullo, pero es un hecho que los estudios no paran de confirmar. La digitalización ha acelerado la situación y desconectar se ha vuelto cada vez más complicado. Según el I Estudio de Bienestar Digital de ING, aunque la mayoría de las personas cree que se debería apagar el móvil en los momentos importantes, son pocas quienes lo hacen. En realidad, el 70% de la población confiesa que padece nomofobia, un miedo irracional a no tener consigo su móvil.

Los datos muestran que cada vez vivimos con más estrés y que la ansiedad es ya un mal prevaleciente entre la sociedad. En España, el 59% de la ciudadanía identifica la salud mental como el principal desafío colectivo y un 57% se preocupa habitualmente por la propia, como apunta una investigación de Ipsos. Un 60% reconoce que ha sufrido episodios de estrés en su vida diaria.

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4,5 horas al día distraídos

El burnout, la incapacidad para desconectar o el mal sueño son así cada vez más comunes. Un estudio de Juice Plus+ suma que este contexto empuja a que el 80% de la población tenga problemas de concentración. De media, nos pasamos unas 4,5 horas al día distraídos.

El móvil y sus notificaciones rompen nuestra capacidad de concentración, a lo que se suman los mails constantes en el trabajo o la multitarea. Las personas sienten que necesitan estar a todo, pero que no están a nada. Los lunes, a eso de las 14 horas, son la peor hora para la concentración, aseguran en el estudio, pero lo cierto es que el problema no conoce de días ni de horas. Perdemos el hilo unas 9 veces al día (11 entre la Generación Z) y volver a retomar la concentración nos lleva unos 30 minutos. Y, aun así, estamos sumando más y más actividades a nuestro día a día.

“Lo hacemos desde pequeños”, confirma Ismael Dorado, secretario de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS). Les estamos llenando las agendas a los niños y niñas de actividades de todo tipo, con un horario diseñado al milímetro para que ningún segundo quede huérfano. “La ansiedad infantil ha aumentado”, indica, añadiendo que el problema no es solo de los más pequeños ya que “somos un país líder en consumo de ansiolíticos”. Tenemos que aprender a desconectar y eliminar el trabajo como epicentro de nuestra vida. “El mundo del trabajo no es nuestra vida”, indica Dorado. Posiblemente, también deberíamos aprender a aburrirnos y a no hacer nada.

El estrés y la hiperconexión fatigan y rompen la concentración

Hacer el vago por nuestra salud mental

Entre las tendencias al alza en el mundo de los cuidados ya empiezan a coger fuerza aquellas que invitan —y defienden— el valor de no hacer nada. Algunas prácticas virales de los últimos años ya iban en esa dirección. Así, el bed rotting —o podredumbre de lecho o de cama, como se tradujo en castellano— ya abanderaba la idea de quedarse todo el día en cama sin hacer nada para darse un momento de parón. Ahora, emerge la idea de la “vagancia terapéutica”. Esto es, hacer el vago por el bien de nuestra salud mental.

“Abrazaremos una nueva evolución de self-care, la vagancia terapéutica”, prometía el informe anual Trop Trends for 2025&Beyond de WGSN. La práctica consiste en, básicamente, permitirse no hacer nada y es “un antídoto a los niveles crecientes de burnout y ansiedad”. La cama se ve así como el epicentro de los cuidados e incluso aparecerán nuevos servicios y experiencias conectadas con ese pasarse el día allí tirada, desde olores para crear experiencias sensoriales en casa hasta viajes para hacer turismo de sueño.

En cierto modo, algunas experiencias emergentes ya van en esa dirección, como los retiros de silencio, las horas de lectura en librerías o los retiros de bienestar.

¿Ayuda no hacer nada?

Parar y entregarse a la vagancia parece complicado. ¿Cómo se consigue exactamente no hacer nada? Dorado explica que, en realidad, se trata de hacer cosas que no nos van a dar un beneficio laboral pero que nos harán sentir bien. “No es un resultado que podamos cuantificar”, dice. Conseguirlo tiene “todos los beneficios”. Como apunta el experto, hemos aprendido que si nuestro ordenador colapsa debemos apagarlo y darle pausa, “pero no hacemos lo mismo con la vida”. “Nos hemos acostumbrado a no detenernos”, explica, y se nos ha olvidado que debemos descansar.

Una mujer se toma un día para ella desconectando en cama

Ese momento de pausa puede que sea simplemente el tomarte un día para ver esa serie que querías o para leer un libro sin más preocupaciones, o que sea salir a pasear por el bosque o pasarte la jornada con la familia en una sobremesa eterna. Dorado invita a “recuperar las pequeñas cosas” y dejar de estar pendientes en todo momento del tiempo. El experto invita a recordar “lo que echábamos de menos en la pandemia”, que no era justamente pasar un minuto más en la oficina o hacer un curso para ganar habilidades sino estar con nuestra familia o salir a dar un paseo.

Desengancharse de la hiperconexión es factible. Debemos limitar o desconectar las notificaciones del móvil, como las de WhatsApp que nos estresan, silenciar o directamente dejar fuera al móvil de nuestras habitaciones o crear horas de “pantalla prohibida”, recomienda Laura Cuesta Cano, profesora especializada en Comunicación Digital y Medios Sociales de la Universidad Camilo José Cela. Mientras, podemos recuperar actividades analógicas para nuestro día a día.

Debemos frenar, ser nosotros mismos y volver a los orígenes, sintetiza Dorado. Se trata de volver a disfrutar y de dedicarnos días a nosotros. Algo tan simple como hacer aquella cosa que llevas tiempo dejando pendiente sirve. También lo hace volver a ir paseando a los sitios, charlar o “volver a la esencia”. “Pensar cómo éramos felices y recuperarlo de forma consciente”, resume el experto.