Dani García no quería ser cocinero si no piloto y un problema físico se lo impidió: "No pude ni entrar"

Aunque su primer intento de encontrar su vocación profesional fracasó, el segundo y definitivo también se convirtió en un auténtico drama para su madre
Así son Aurora y Laura, las hijas de Dani García: tienen 20 y 26 años, viven en países diferentes y son de su primer matrimonio
Parece de cajón, pero no hay un buen cocinero al que no le guste comer bien. Tampoco es habitual llegar a lo más alto de este mundillo sin haberse educado en un hogar con un profundo amor por la cocina. Al menos, así sucede con Dani García, que vivió una infancia rodeado de adultos a los que les encantaba ponerse el mandil y preparar deliciosos guisos para toda la familia. Tanto sus padres como su abuela prepararon la base del gran chef en el que se ha convertido. Pero en su caso es curioso pensar en qué habría podido pasar si otro hobby que le apasionaba se hubiera cruzado en su camino. Un problema físico (que hoy no sería tal) se lo impidió. En el caso de Dani, esta afición estaba a miles de metros sobre el suelo.
Pilotar aviones, el sueño de Dani García que no pudo cumplir
“Me llamaba mucho la atención el mundo de los aviones”, explicaba hace unas semanas en un programa radiofónico. “Pensé en incorporarme a una escuela de pilotos en Murcia”, había comentado en 2023 en una entrevista en un medio digital especializado en gastronomía.

Pero, si bien hoy los requisitos se han relajado debido al gran avance de la tecnología aeronáutica, en los años 80, cuando el hoy prestigioso cocinero se lo planteó, pedían, además de Bachillerato o estudios superiores y un número determinado de horas de vuelo, un estricto examen psicofísico y una visión perfecta. La miopía y el daltonismo eran sinónimo de no tener ninguna opción. Y Dani tenía miopía. “Me tenía que poner gafas y en aquel momento si tenías gafas ya estabas totalmente descartado”, explicaba. “No pude ni entrar”. Hoy se puede ser piloto con hasta seis dioptrías: ¿nos habríamos perdido al gran chef si entonces hubiera sido así?
Ser cocinero no sentó bien en casa
Aunque Dani había pasado toda su infancia y adolescencia acompañando a sus padres al mercado u observando cómo se desenvolvían entre pucheros, lo cierto es que el momento en el que tomó la decisión de formarse como cocinero no sentó bien. En especial a su madre, que habría preferido que cursara estudios universitarios. “Aquello fue un auténtico drama”, recordaba el chef.
Antes, había decidido no ir a la universidad. “Me obligan a hacer el COU pero, claro, el COU era un curso intermedio para ir a la universidad, y yo no quería ir”. De hecho, repitió aquel curso porque “estaba bastante perdido”.
Fue entonces cuando apareció en ‘Sur’, un diario malagueño, el anuncio de una nueva escuela de hostelería, La Cónsula (hoy el gran referente de formación de futuros chefs de la provincia).
“Tú estás loco”, le llegó a decir su madre, que reconoce que siempre fue muy dura con él. En aquella época, rememora Dani García, sus amigos estudiaban carreras como Derecho o Empresariales. Pero para él era algo inconcebible. Siempre había pensado en otro tipo de profesión, “no solo la cocina, sino algo un poco más divertido, más manual, más creativo”. Y, puesto que pilotar aviones quedaba fuera de sus posibilidades, ¿qué mejor que desplegar toda su creatividad en la cocina?
A pesar de las trabas iniciales, Dani García pudo alcanzar su sueño de aplicar para La Cónsula e iniciar su formación, que completaría junto a los mejores chefs del momento. Ha trabajado muy duro para llegar hasta donde está, pero también ha podido demostrar a sus seres queridos que el camino elegido era el correcto.
