Andrea González, psicóloga, sobre cómo detectar que una relación no te hace feliz: "Aunque parezca que va todo bien"
Una psicóloga nos explica cómo ser conscientes de lo que no está funcionando no es el principio del fin: es el principio de la claridad
Mi relación de pareja no avanza como yo quiero: Andrea González, psicóloga, explica cómo afrontarlo
MadridA veces las relaciones no se rompen con un portazo, ni con una infidelidad, ni con una discusión épica digna de serie de sobremesa. Muchas veces, lo que se rompe lo hace en silencio. Sin dramas, sin explosiones y casi sin darnos cuenta. Simplemente, un día te preguntas por qué ya no estás tan ilusionada, por qué esa alegría de antes se siente más apagada o por qué, aun teniendo una relación “correcta”, hay algo dentro de ti que no termina de encajar.
Y es que no siempre es fácil identificar cuándo una relación ya no te hace feliz. Sobre todo cuando, desde fuera, todo parece en orden: no discutís demasiado, hacéis planes, compartís rutinas… Pero internamente, algo no termina de fluir. A veces porque no queremos mirar de frente lo que está pasando, otras porque nos da miedo asumir que tal vez la relación necesita un cambio, un reajuste… o una despedida.
Para entender por qué ocurre esto y cuáles son las señales que vale la pena escuchar, hablamos con Andrea González, psicóloga, que explica por qué muchas relaciones se desgastan sin grandes terremotos y cómo identificar cuándo ese desgaste empieza a pasarnos factura.
“Las relaciones no siempre acaban porque ocurre algo que las rompe de manera repentina, como una infidelidad, por ejemplo”, señala González. “Muchas veces, el fin de la relación se va gestando durante semanas, meses o incluso años”. Y lo hace de manera silenciosa, en pequeños hábitos, comportamientos o ausencias que, acumuladas en el tiempo, van erosionando el vínculo.
Cuando no hay un “gran problema”, pero algo no va bien
Estas son las señales más frecuentes que la psicóloga ve en consulta, y que suelen pasar desapercibidas hasta que ya pesan demasiado.
1. Dar al otro por sentado
Probablemente la causa más habitual. “Estar en una relación es una decisión consciente y diaria; nadie nos obliga a quedarnos al lado de nuestra pareja, lo hacemos porque queremos”, explica González. “Mantenerse en una relación no consiste en simplemente estar al lado de alguien, compartiendo tiempo y espacio. Consiste en cuidar el vínculo, fortalecerlo a base de una buena comunicación, interesarse por el otro, decirle las cosas buenas que ves en él o ella, ser detallista y cuidador… en definitiva, demostrarle que te importa y que eres feliz teniéndolo a tu lado”, cuenta. En otras palabras, cuando estos gestos desaparecen, cuando todo se convierte en rutina y esfuerzo cero, la relación empieza a perder color.
2. Evitar las conversaciones incómodas
Es un clásico. “Ya sabemos que la comunicación es uno de los ejes principales sobre los que se asienta una relación”, afirma González. Y aun así, evitar los temas difíciles es uno de los fallos más comunes. “Algunas personas optan por evitarlas por miedo a que vayan mal, a que el otro se enfade, a escuchar cosas que les van a doler o incluso a que la relación se acabe”, explica.
El problema es que esa evitación no protege la relación, la estanca. “Sin esas conversaciones, no solo no vamos a avanzar como pareja, sino que muchos problemas se van a quedar enquistados, generando aún más malestar. Siempre va a ser más beneficioso a nivel emocional el alivio que sentimos al hablar de un tema complicado (vaya como vaya la conversación), que la angustia que genera tener pendiente una conversación importante”. Si llevas tiempo posponiendo una conversación esencial… quizá ya tienes parte de la respuesta.
3. Falta de intimidad (y no solo sexual)
La intimidad es mucho más que la cama. “La intimidad es clave en una relación. Y no nos referimos solo al ámbito sexual”, explica González. Es tiempo de calidad a solas, dedicación, complicidad. “La cotidianeidad y la monotonía a veces disminuye drásticamente esos momentos y parece que solo vemos a nuestra pareja un rato a última hora del día, o para ir a hacer la compra, o en contextos sociales acompañados siempre de más personas”.
Si nunca hay un rato exclusivo para vosotros, la conexión se debilita. “Es vital buscar huecos en nuestro día a día para disfrutar el uno del otro. Y no es necesario grandes planes: tomarse un aperitivo en el bar del barrio, dar un paseo por la ciudad o cocinar juntos alguna cena diferente pueden ser momentos idóneos para dedicar toda vuestra atención a la relación”.
Entonces… si noto que algo falla, ¿qué hago?
Tal y como comenta Andrea, no se trata de dramatizar. Ni de tomar una decisión impulsiva. Se trata de observar, reflexionar y comunicar. “Lo ideal es buscar soluciones ajustadas a cada caso”, indica. “Pero, en general, siempre es importante que seamos capaces de hablar de ello: transmitirle a nuestra pareja que creemos que nos estamos estancando, que apenas pasamos tiempo juntos o cualquier otra cuestión que nos esté preocupando. Hacerle partícipe de nuestras inquietudes para buscar una solución conjunta”. El diálogo no solo abre puertas; y también ilumina lo que está pasando, tanto en el vínculo como en ti.
Además de hablar, también toca mirarse una misma. “Es importante reflexionar sobre el tipo de relación que queremos tener y plantearnos qué cosas podemos hacer para conseguirla”, propone González. Eso implica asumir responsabilidad sobre lo que está fallando. “Analizar la situación con honestidad y reconocer que en parte somos responsables (no culpables) de aquello que no está yendo bien o que nos está alejando de nuestra relación ideal”.
Y cómo no, tenemos que hacernos la pregunta clave: ¿Qué puedo hacer yo para mejorar esta situación? Responderla con sinceridad puede ayudar tanto a reconstruir la relación como a aceptar que quizá ya no es el lugar donde eres feliz.
¿Y si al final la relación no funciona?
Ser conscientes de lo que no está funcionando no es el principio del fin: es el principio de la claridad. “Revisar aquello que no está funcionando en la relación nos permitirá ponerle remedio y fortalecer un vínculo que, de mantenerse con esas dinámicas, podría deteriorarse o incluso romperse”, concluye.