Consejos de psicóloga para gestionar la envidia entre hermanos: "Naturalizar las emociones"

La experta recomienda, entre otras cosas, fijarnos en cómo gestionamos como adultos nuestras propias emociones, ya que los niños aprenden de nosotros
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“El proceso con mi hermana para mí fue complicado”, contaba en una entrevista en la cadena SER Javier Ambrossi refiriéndose a los inicios de Macarena García en el mundo de la interpretación. “Para mí fue un proceso de gestionar, primero, la frustración, y luego, la envidia”, explicaba uno de los aclamadísimos Javis. Ambrossi había comenzado antes que su hermana pequeña a intentar ser actor cuando, de repente, fue ella la que lograba impulsar su carrera audiovisual.
“La envidia se desencadena cuando alguien tiene algo que nosotros querríamos”, explica Vega Pérez-Chirinos, psicóloga especializada en perinatal: “Ese algo puede ser que a mi hermano o hermana se le dan genial cosas que a mí no se me dan bien; que tiene menos responsabilidades por ser menor que yo o más autonomía por ser mayor”. Y recalca: “Es absolutamente normal y saludable envidiar las cosas que queremos y no tenemos”.
Todas las emociones, indica López-Chirinos, “tienen una función informadora y movilizadora”. ¿Qué quiere decir esto? “Si yo deseo algo que no tengo voy a luchar por conseguirlo; pero esto no siempre es alcanzable, y ahí llega la frustración”. La psicóloga explica que “uno de los aspectos de la crianza es cómo desarrollar la tolerancia a la frustración en los niños; pero es que los adultos tampoco solemos gestionar bien nuestras propias emociones”.
Patrones más habituales que propician las envidias entre hermanos
Según la experta hay, principalmente, dos situaciones habituales:
Cualquier situación de desigualdad que se prolonga en el tiempo. “Por ejemplo, en las crianzas más tradicionales es habitual el reparto superdesigual de las tareas domésticas según los roles de género. En estos casos esa expresión de envidia va a estar mucho más castigada en la hermana que en el hermano”.

Menor atención hacia uno de los hermanos. Es algo que sucede, sobre todo, cuando llega un nuevo miembro a la familia. La experta rehúye del concepto de príncipe destronado: “Tendemos a ver todas las relaciones en términos de conflictos de poder que hacen mucho daño a todas las partes implicadas, sobre todo a los niños”. Pero el problema de que el hermano mayor pasa a otro plano de atención es real: “Es extraordinariamente complicado. Imagínate al hermano mayor, que sigue siendo una persona completamente dependiente de la atención de los adultos, viendo cómo se divide esa atención porque ha llegado alguien aún más vulnerable. ¿Cómo no va a ser aterrador?”. Y concluye: “Me parece una relación lógica, pero a menudo los adultos lo fomentamos preguntándole al mayor si tendrá celos, o pidiéndole cosas fuera de su alcance, como hacerse cargo de su hermano pequeño cuando a lo mejor estamos hablando de un niño de 3 años”.
Consejos para madres y padres
- Reflexionar sobre cómo gestionamos los adultos nuestras propias emociones. “Si, por ejemplo, ascienden a un compañero en el trabajo, ¿somos constructivos y pensamos en cómo conseguir ese ascenso en un futuro o nos dedicamos a despotricar sobre esa persona? Porque mi manera de reaccionar está enseñando a mis peques cómo gestionar sus propias envidias”.
- Hacer especial a cada criatura. “En la medida en que yo sea capaz de dar a cada uno un espacio propio, hacerles ver que son únicos, especiales y valiosos a mis ojos, va a ser mucho menos probable que quieran lo que tiene su hermana o hermano. Pero si lo quieren, insisto, es totalmente saludable y hay que enseñarles a compartir”. Si es el hermano mayor el que siente envidia del pequeño, podemos explicarle qué cosas pueden hacer los padres con él y no con el más pequeño: "Contigo puedo tomar helado y con el bebé no; contigo puedo jugar al parchís y con el bebé no…". Ahora bien, la psicóloga pone el acento de nuevo en lo que ven los niños en nosotros, que somos sus figuras de apego: “¿Qué tal llevas tú desprenderte de cosas que ya no usas? Esto mismo le pasa a un niño que ya no juega con unos juguetes que, de repente, pasan a manos de su hermano pequeño”.

- Contradecir la narrativa habitual. Cuando llega un recién nacido debemos desprendernos de frases como “ahora tendrás celos” o “como eres el mayor, tendrás que cuidar de él”. “Como adultos estamos atribuyendo emociones o funciones a esa criatura que podrán ajustarse a la realidad… o no. Estamos pidiendo a los hermanos mayores una capacidad de control que no tienen por qué tener, o a los pequeños que se porten como los mayores, cuando quizá a la edad de los pequeños se portaban igual”, incide la experta, que recomienda huir de estos tópicos que no les hacen ningún bien.
- Huir del sentimiento de culpa y evitar expresarlo. Hemos tenido a nuestro primer hijo: todo son miedos, inseguridades y temores. Cuando llega el segundo, nos pilla más experimentadas… y más cansadas. “A menudo las madres expresamos nuestra culpa por no haberle dedicado el mismo tiempo al segundo hijo que al primero. ¡Normal, antes teníamos uno y ahora tenemos dos!”, explica Vega López-Chirinos, que prosigue: “Cuanto más comprensiva y amable seas contigo misma menos proyectarás esa frustración hacia tus hijos con frases como: ‘¡Ay, pobre, que yo con tu hermano hacía tal cosa y contigo no!’. Relativiza y piensa que ahora haces las cosas de otra forma y también está bien”.
- No magnifiques algo que es natural. “Que tus hijos quieran algo del hermano no es malo; que tú lo conviertas en un caso claro de celos que terminarán en una gran rivalidad entre hermanos, sí. Muchas veces esa narrativa de los celos y las envidias la construimos los adultos”. Y prosigue: “Cuanto más naturalicemos la existencia de emociones desagradables en lugar de intentar solucionarlas o eliminarlas, mejor”. Es más razonable, explica, gestionar las consecuencias de esa envidia (falta de respeto, violencia hacia la madre o el hermano) que decirles que no sientan esa emoción (algo imposible, por otra parte).
