Psicología

Andrea González, psicóloga, sobre cómo afrontar una pérdida familiar: "El duelo es un proceso fluctuante"

La psicóloga afirma que el duelo no es un proceso lineal
La experta afirma que el duelo no es un proceso lineal. Pexels / Andrea González
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MadridHay noticias que, por su dureza, trascienden la actualidad y conmueven a todo un país. Es lo que ha ocurrido este fin de semana tras conocerse el trágico accidente de tráfico en el que perdieron la vida el bodeguero Iván Sanz Cid, su mujer y dos de sus hijos, mientras que la hija menor continúa recuperándose en el hospital. Un suceso de enorme impacto que ha despertado una oleada de condolencias y que inevitablemente lleva a preguntarse cómo puede una familia enfrentarse a una pérdida tan devastadora.

Más allá del impacto que generan noticias como esta, la realidad es que cualquier persona puede verse obligada, en algún momento de su vida, a enfrentarse a la pérdida de un ser querido. Aunque el duelo forma parte de la experiencia humana, cada persona lo vive de una manera distinta y no existe una forma correcta o incorrecta de transitarlo. Para comprender mejor qué ocurre en estas situaciones y cómo se vive un duelo de estas características, en Divinity hemos hablado con la psicóloga Andrea González, que analiza desde la perspectiva de la salud mental los primeros momentos tras una tragedia así.

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No todos viven el duelo de la misma manera

Andrea explica que una de las primeras ideas que conviene desterrar es la de que todas las personas viven el duelo de la misma manera. "Tenemos que entender que la muerte nos afecta dependiendo de muchos factores, como el vínculo que teníamos con esa persona, el tipo de fallecimiento o la edad. No es lo mismo despedirse de alguien después de una enfermedad larga que enfrentarse a una muerte completamente inesperada en un accidente", señala.

El duelo no sigue un camino recto

Con frecuencia se habla de las conocidas fases del duelo como si todas las personas tuvieran que atravesarlas en el mismo orden. Sin embargo, la realidad es bastante más compleja. Cada proceso es diferente y tratar de ajustarlo a un esquema rígido solo genera más frustración.

"Hay que entender que vamos a pasar un duelo y que es un proceso que da mucho miedo, pero en realidad es la forma que tiene nuestra mente de adaptarse al hecho de que esa persona ya no va a estar. El duelo no es lineal: no voy a pasar por todas las fases de manera ordenada y puede que incluso no pase por todas ellas. Debemos permitirnos entender que el duelo es variable y fluctuante", puntualiza.

Precisamente por eso, añade que no existen emociones equivocadas. Habrá momentos de tristeza profunda, otros de enfado e incluso instantes en los que la persona consiga disfrutar de una conversación, de una comida familiar o de una tarde con amigos. Lejos de ser algo negativo, esas pequeñas pausas también forman parte del proceso.

"En terapia escucho muchas veces frases como: 'Se ha muerto mi madre y me siento mal porque he salido con unas amigas y me lo he pasado bien'. Hay que tener cuidado con eso porque muchas veces pesa más la norma social que otra cosa. Parece que, si alguien fallece, deberíamos estar tristes durante mucho tiempo y, cuando no ocurre así, aparece la culpa. Sin embargo, esos pequeños balones de oxígeno son precisamente los que ayudan a seguir adelante".

Acompañar es lo más importante

Acompañar es lo más importante

Cuando alguien pierde a un familiar, el entorno suele sentir la necesidad de buscar frases que alivien el sufrimiento. Sin embargo, González explica que, especialmente durante los primeros días, la presencia resulta mucho más valiosa que cualquier consejo. "Muchas veces nos empeñamos en que esa persona que ha perdido a alguien esté ya bien, cuando en realidad lo que necesita es que permanezcamos a su lado y sostengamos lo que siente. No hace falta tener la frase perfecta".

En tragedias de una magnitud como la ocurrida recientemente, ese acompañamiento adquiere todavía más importancia. La especialista explica que durante las primeras horas el impacto emocional suele ser tan intenso que el cerebro apenas es capaz de procesar lo sucedido.

"Para los familiares que quedan es fundamental permitir que expresen cómo se sienten y que estén arropados por sus personas de confianza. A veces pensamos que lo primero que necesitan es un psicólogo de urgencias, y eso puede ser útil, pero durante ese estado de shock muchas veces lo que más ayuda es tener a alguien al lado, incluso para las cosas más sencillas. Después llegará el trabajo terapéutico necesario para evitar que una experiencia tan extrema pueda derivar en un trastorno de estrés postraumático, cuando el cerebro es incapaz de procesar lo vivido y aparecen recuerdos intrusivos o flashbacks".

Cómo comunicar una pérdida a un niño

Cuando un fallecimiento afecta también a menores, los adultos suelen enfrentarse a otra dificultad añadida: cómo explicarles lo sucedido. En este sentido, la experta recomienda hablar con claridad, adaptar el mensaje a la edad del niño y evitar que reciba explicaciones diferentes por parte de muchas personas. "En el ámbito infantil hay que ser lo más claros posible. De nada sirve que veinte personas intenten explicarle lo ocurrido porque al final no entienden nada. Lo más indicado es que sean las personas más cercanas quienes den la noticia y que adapten la explicación a la edad del niño; pues no es igual hablar con uno de tres años que con otro de nueve”.

A los niños hay que permitirles que expresen sus sentimientos

La psicóloga insiste también en la importancia de permitir que los menores expresen libremente sus emociones, sin esperar una reacción concreta. "No sabemos si un niño va a llorar, se va a enfadar o va a guardar silencio. Hay que dejar que se exprese como lo necesite. Tampoco debemos empeñarnos en ofrecer una explicación perfecta sobre la muerte porque es un tema complejo incluso para los adultos”.

Además, considera recomendable que puedan mantener presente a la persona fallecida si así lo desean, ya sea conservando una fotografía, hablando de ella con naturalidad o participando, siempre que estén preparados y quieran hacerlo, en los rituales de despedida. Lejos de aumentar el dolor, este tipo de gestos puede ayudarles a integrar la pérdida de una forma más saludable.

Lo que queda claro es que no existen recetas para superar una tragedia como esta ni plazos que determinen cuándo una persona debería sentirse mejor. Cada duelo tiene su propio ritmo y cada historia está marcada por circunstancias diferentes.