Relaciones

Beatriz Corchado, psicóloga familiar, sobre los conflictos familiares en vacaciones: "Pone a prueba"

Una familia paseando por la playa; arriba, a la izquierda, la psicóloga Beatriz Corchado
Una familia paseando por la playa; arriba, a la izquierda, la psicóloga Beatriz Corchado. Pixabay/ByC Psicología
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¡Por fin llegan las vacaciones! Llevamos todo el año preparándonos para un merecido descanso y… surgen los conflictos familiares. Que si no nos ponemos de acuerdo en lo que cada uno quiere, que si peleas entre hermanos, que si coincidimos con la familia política en el lugar de destino (o peor aún, hemos organizado las vacaciones conjuntamente)… Los escenarios son muchísimos, pero lo importante es cómo detectar estas dinámicas y ponerles freno antes de que nos amarguen nuestro mejor momento del año y nos ataque la ansiedad. Para ello hemos charlado con Beatriz Corchado, de B y C Psicología, experta en terapia familiar. Y nos ha dado pautas y consejos para que las vacaciones sean mucho más felices.

Es fácil entender por qué ocurre: “Pasamos más tiempo juntos”

No, las vacaciones no son el motivo de las tensiones en familia: “Discutimos porque, por fin, pasamos más tiempo juntos”, explica Corchado. Y nos pone en situación: “Todo empieza de maravilla. El primer desayuno parece sacado de un anuncio. Tres días después, alguien ya ha preguntado: ‘¿Otra vez vamos a comer a las cuatro?’, ‘¿Quién ha dejado la toalla mojada encima de la cama?”. Y es que estamos juntos 24 horas sobre 24, una convivencia intensiva que “pone a prueba cualquier relación”. 

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Familia paseando por el campo

Las tensiones se dan dentro de la pareja, que en el día a día apenas se ven entre el ajetreo de los niños, el trabajo y las mil obligaciones. O en la familia política, donde la madre vuelve a ocupar su papel de madre cuando el hijo, que ya ha cumplido hace tiempo los 40 años, vuelve al pueblo, y el padre “continúa repartiendo consejos sin que nadie los haya pedido. Y la pareja empieza a sentirse como una invitada en una película familiar cuyo final ya conocemos”, sentencia Corchado. Si a esto le sumamos las diferencias sobre horarios, comidas y educación de los hijos, el cóctel letal está servido.

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Las rivalidades entre hermanos, tengan la edad que tengan, regresan, a pesar de que parecían enterradas desde hacía tiempo. Cualquier mínimo comentario hace que salte la chispa: “Las vacaciones tienen esa capacidad de despertar dinámicas familiares muy antiguas, incluso cuando creemos que ya están superadas”, explica la experta. Y lo mismo sucede con los niños: “Llegan ilusionados, con energía y esperando que mamá y papá jueguen todo el día. Los adultos, en cambio, llegan agotados y esperando descansar”. El choque entre unas expectativas (jugar) y otras (desconectar) desencadena la discusión.

Es “la suma de pequeños detalles, como calor, cansancio, falta de intimidad, cambios de rutina y unas expectativas demasiado idealizadas” la que enciende la mecha. Porque el primer error está en creer que en vacaciones todo es de color de rosa.

Qué hacer si el conflicto ya ha estallado… y compartís casa

Gente bañándose en la playa

“Hay una regla no escrita en todas las vacaciones familiares: la gran discusión nunca ocurre el primer día”, indica la psicóloga. Bien, en ese caso, la prioridad “no es resolver el problema inmediatamente, sino evitar que empeore”. Y lo explica de una manera muy sencilla: “El cerebro enfadado quiere ganar la discusión; el cerebro tranquilo quiere entender qué ha pasado. Y son dos versiones muy distintas de nosotros mismos”.

Hacer una pausa. Este sería el primer consejo: pasear, ir a bañarse, leer un rato, cambiar de habitación…, “suele ser mucho más útil que intentar convencer al otro en pleno enfado”.

No busquemos aliados o todo empeorará. “Si todos compartís la misma casa, frases como ‘¿Verdad que tengo razón?’ solo consiguen que el conflicto deje de ser entre dos personas y pase a involucrar a toda la familia”.

Expresar nuestros sentimientos. “Cuando llegue el momento de hablar, es mejor explicar cómo nos hemos sentido que elaborar una lista de reproches”, conviene Beatriz. No es lo mismo decir “Me sentí desplazado cuando decidisteis el plan sin contar conmigo” que “Siempre hacéis lo que os da la gana”.

Más vale esperar. No pasa nada si algunas conversaciones importantes esperan a la vuelta. “Las vacaciones no son el mejor escenario para resolver conflictos que llevan años acumulándose”, concluye la experta.

Cuando no compartís vivienda

Una familia paseando por la playa al atardecer

Si cada familia tiene su propia casa, aunque coincidáis en la misma playa, los mismos bares o la misma urbanización, contáis con un ventaja: podéis tomar distancia. Estos son los consejos que ofrece la psicóloga en este escenario:

Reducir el contacto. Esto no significa romper la relación; muchas veces, indica, es precisamente lo que permite recuperarla. Uno o dos días bajando el número de encuentros puede ser lo que ayude a solucionarlo todo. Pero si no vais a poder evitar coincidir (en una comida, un evento, unas fiestas), “quizá ese no sea el momento de retomar la discusión delante de todos”, y añade: “A veces, proteger la convivencia consiste simplemente en aplazar una conversación. Porque tener razón no siempre es más importante que cuidar la relación”.

Dejar pasar una noche. “Dormir una noche antes de retomar una discusión puede ahorrar muchas vacaciones incómodas”, explica Corchado.

Claves para unas vacaciones sin discusiones (o con las menos posibles)

Familia viendo la puesta de sol

Estas son las cinco claves que sugiere la psicóloga Beatriz Corchado para unas vacaciones, si no ideales, cercanas a lo ideal:

Incluid en la maleta un plan de vacaciones. “Cinco minutos de conversación antes de salir de viaje pueden evitar horas de discusión después”, recuerda. Poned en común qué espera cada uno de las vacaciones, si quiere más actividad o más descanso, más vida en familia o ir por separado, etc.

Compartir destino no significa compartirlo todo. “Si vais a coincidir con la familia política porque tenéis casas cerca o pasáis el verano en el mismo pueblo, recordad que no existe ninguna norma que obligue a desayunar, comer, merendar y cenar juntos todos los días”. Un poco de distancia física puede ser la salvación.

No dar nada por supuesto. “Está bien ayudar, cuidar de los nietos u organizar comidas familiares”, explica la psicóloga. “Lo que suele generar conflicto es dar por hecho que alguien siempre estará disponible”. Es decir: si queremos un favor, pidámoslo, no asumamos que se va a hacer: “Evita muchos malentendidos”.

No hace falta hacerlo todo juntos. Olvídate de esas familias felices que posan para Instagram: es pura fachada. “Las familias más satisfechas no son las que pasan veinticuatro horas pegadas, sino las que combinan tiempo compartido con espacios individuales”. Por eso, si a tu pareja y a tus hijos les apetece ir al parque acuático pero tú disfrutarías más con un libro en el sofá, hazlo. “No es egoísmo; es autocuidado”.

Baja un poco las expectativas. Volvemos de nuevo a esas vacaciones ideales que nos venden las redes sociales con puestas de sol perfectas y familias sonrientes. “La realidad es bastante más auténtica: niños que se aburren, adolescentes que protestan, suegros que opinan sin ser preguntados, parejas que discrepan y algún mosquito empeñado en arruinar la noche”. Pero no pasa nada, porque la vida, y esto incluye las vacaciones, no es perfecta.

“Las mejores vacaciones no son aquellas en las que nadie discute. Son aquellas en las que las personas se sienten escuchadas, respetadas y capaces de reparar los pequeños desencuentros sin convertirlos en un drama”. Y si no, piensa: ¿qué recuerdo de otras vacaciones te saca una sonrisa, uno bonito o uno divertido, que seguramente nació de una pequeña discusión?