Salud mental

Pautas de psicólogo para evitar el 'doomscrolling' hasta en la playa con el móvil

el 'doomscrolling' hasta en la playa con el móvil
El 'doomscrolling' hasta en la playa con el móvil. Pexels
  • Los estudios advierten de un enganche en aumento a consumir noticias negativas. En realidad, no decides tú, sino el algoritmo

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Al fin han llegado las anheladas vacaciones. Cambias la oficina por la toalla, añades hielo a tu café y en lugar de un ordenador, puedes contemplar el mar. Todo invita a parar. Y, sin embargo, no dejas de mirar al móvil. Para informarte, te dices. Y así, pasas largos ratos actualizando noticias, vídeos, titulares llamativos… Una cadena infinita que no se rompe ni siquiera en tus días de descanso. Incluso puede que lo hagas más en ellos. Se llama doomscrolling y cada vez más expertos advierten de su impacto en la salud mental.

“El doomscrolling es el hábito de consumir de forma continuada noticias o contenidos de carácter negativo, pasando de una publicación a otra casi sin darnos cuenta”, explica la psicóloga experta en ciberconducta Ariadna Vilalta. Lo que empieza como una consulta puntual acaba convirtiéndose en una rutina automática. Sin un objetivo determinado y, ojo, sin límites.

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El sesgo de negatividad

Para entender por qué ocurre, hay que comprender cómo funciona el cerebro. No es casualidad que nos cueste tanto parar. “Nuestro cerebro presta más atención a aquello que interpreta como una posible amenaza, que a las noticias positivas”, explica Vilalta. Ocurre por el llamado sesgo de negatividad, un mecanismo evolutivo que prioriza el peligro frente a lo placentero .

A esto se suma cómo están diseñadas las plataformas digitales, con una oferta de contenido infinito, imprevisible, siempre actualizado. Cada vez que deslizamos el dedo, hay una pequeña dosis de incertidumbre. Eso engancha y el algoritmo lo sabe. “Cada vez que deslizamos la pantalla no sabemos exactamente qué aparecerá después. Eso mantiene activa nuestra curiosidad y favorece que prolonguemos el tiempo de uso”, señala la experta en neurotecnología, salud mental y ética digital..

Más tiempo libre, más enganche

El doomscrolling no es exactamente una adicción, pero se le parece bastante. Entre los patrones que comparte se incluye la dificultad para parar, la pérdida de noción del tiempo y la sensación de que sigues consumiendo contenido incluso cuando ya no te aporta nada. Podría pensarse que el verano es el antídoto perfecto. Menos estrés, más descanso. Pero ocurre lo contrario. El tiempo libre, lejos de ayudarnos, puede intensificar el problema.

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“En verano desaparecen muchas de las rutinas que organizan nuestro día. Ese tiempo libre genera más momentos de pausa y, si estamos acostumbrados a recurrir automáticamente al móvil, es probable que acabemos llenándolos deslizando la pantalla”, explica Vilalta. Esto, más allá del contenido que estés buscando, se convierte en un hábito. En ese gesto automático de mirar el móvil en la cola del chiringuito, en la hamaca o antes de dormir. Y la pregunta es, ¿te pasa?

Las consecuencias cognitivas del ‘scroll’

Lo que no es tan conocido es que consumir noticias negativas afecta al bienestar psicológico. Una investigación de la American Psychological Association (APA) en 2020 alertó de que la sobreexposición a noticias estresantes aumentaba los niveles de ansiedad y estrés. En la misma línea, un estudio publicado en Health Communication concluyó que el consumo constante de noticias negativas está asociado con mayor angustia emocional y peor percepción de la salud mental.

Vilalta advierte que no se trata de leer una noticia puntual, sino de una cascada constante, con un efecto acumulativo, que provoca que el cerebro no descanse. “El problema aparece cuando dejamos de consultar información porque la necesitamos y empezamos a hacerlo porque sentimos que siempre puede haber una actualización más”, señala la ciberpsicóloga. El resultado es una mayor ansiedad, al tiempo que disminuye la capacidad de concentración. También aumenta la dificultad para desconectar y se genera una sensación de saturación mental. La experta resalta que, además, nos incapacita “para disfrutar del presente”. Vaya, que estás, pero no del todo. A largo plazo, incluso puede producir que la persona se aísle.

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La paradoja de la híperconexión desconectada

Y es que, en estos tiempos tecnológicos, los expertos señalan una paradoja. Nunca en la historia hemos estado tan conectados. Y, sin embargo, al mismo tiempo somos una sociedad ausente, con un riesgo en aumento de aislamiento. Porque el doomscrolling y el scrolling, o sea, ir mirando fotos y vídeos, no solo afecta a cómo nos sentimos, también a cómo nos relacionamos.

Tú puedes estar físicamente en la playa, rodeado de tu gente, pero mentalmente estás en otra parte. Ya sea en una crisis internacional, una noticia alarmante, o simplemente mirando vídeos de risa de tus influencers favoritas. Lo que quizá no se percibe es que todo eso tiene un coste. Te desconecta del momento, de las personas, incluso de ti mismo. Según un estudio de la University of Essex, el simple hecho de tener el móvil visible durante una conversación reduce la calidad de la interacción y la sensación de conexión emocional.

Memoria, atención y saturación

Además, el impacto cognitivo del consumo constante de información fragmentada dificulta la concentración sostenida y puede afectar a la memoria. Un estudio publicado en Nature en 2021 ya señalaba que la sobrecarga de información reduce la capacidad del cerebro para consolidar recuerdos a largo plazo. Es decir, consumes mucha información, pero retienes poca.

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Pautas de psicólogo para evitar el doomscrolling

En el caso concreto del doomscrolling, el contenido negativo genera una huella emocional más intensa, lo que puede reforzar estados de alerta y preocupación. La buena noticia es que se puede evitar. No demonizar la tecnología, sino recuperar el control. “El objetivo no es utilizar menos tecnología, sino que sea la persona quien decida cómo y cuándo utilizarla. Que no que sean las notificaciones o los algoritmos quienes marquen ese ritmo, sino tú. La tecnología es una herramienta extraordinaria. La diferencia está en si somos nosotros quienes dirigimos nuestra atención, o si dejamos que otros la dirijan por nosotros”, apunta la psicóloga.

O sea, que uses el móvil, en lugar de que consuma tu tiempo. Todo con el objetivo de permitir que tu mente descanse y que, de verdad, desconectes y disfrutes de cada momento. Para reducir el estrés y la ansiedad –porque aunque parezca que te estás relajando mirando simples vídeos o noticias, en realidad te mantienes en modo estrés. Además hay que recordar que los momentos de desconexión –sí, también del móvil–, ayudan a cuidar de tu mente, tu poder de concentración y tu memoria.

1. Poner límites de tiempo de uso. Establecer momentos concretos para informarse y evitar el consumo continuo de noticias.

2. Evitar el móvil en momentos de descanso real. Ya sea en la playa, durante las comidas, o antes de dormir, hay que “generar espacios sin pantalla”, recuerda la ciberpsicóloga, “evita que el móvil sea lo primero que miras al despertar y lo último antes de dormir”.

3. Desactivar notificaciones innecesarias. “Reducir ese tipo de estímulos ayuda a disminuir el impulso de revisar el móvil”, subraya la experta.

4. Sustituir el hábito, no eliminarlo. Se trata de llenar esos vacíos con alternativas reales. Por ejemplo, Vilalta propone leer, pasear, escuchar música, observar… O dedicar el tiempo a cualquier hobby.

5. Elegir fuentes de calidad y limitar la cantidad. Es mejor para tu salud cognitiva informarte bien que informarte sin parar.

6. Ser conscientes. Antes de abrir una aplicación, Vilalta anima a hacerse una pregunta muy sencilla: ¿Qué quiero hacer exactamente? “Tener un propósito concreto reduce la probabilidad de acabar navegando sin intención”, recalca.

7. Practicar la pausa consciente. Consiste en detectar el impulso automático de mirar el móvil y saber qué está pasando. “Preguntarnos si realmente queremos consultar el teléfono o si lo estamos haciendo por costumbre o aburrimiento”, sugiere la ciberpsicóloga. Esto ayuda a ser conscientes del gesto automático y a controlarlo.