Psicología

Andrea González, psicóloga, da pautas sobre cómo recuperar la sensación de seguridad en casa tras un robo

Rocío Osorno ha sido una de las últimas celebrities en sufrir un robo en casa
Rocío Osorno ha sido una de las últimas celebrities en sufrir un robo en casa. Instagram
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MadridSufrir un robo en casa siempre resulta angustioso, pero descubrir que los ladrones han entrado mientras tú y tu familia estáis dentro lleva la situación a otro nivel. Es precisamente lo que le ocurrió hace unos días a Rocío Osorno en su vivienda del Aljarafe, en Sevilla. La diseñadora se encontraba en la planta superior grabando contenido cuando vio una ventana abierta y se dio cuenta de que había alguien en el interior. En la casa estaban también sus hijos y su exmarido, Coco Robatto, que había llegado aproximadamente una hora antes. Osorno salió corriendo y comenzó a gritar para alertarlos, mientras su exmarido llamaba al 112. Cuando los agentes llegaron, los dos ladrones ya habían escapado, aunque parte del robo quedó grabado por una cámara de seguridad instalada en el vestidor.

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“Posiblemente hayamos pasado una de las peores noches de nuestras vidas”, escribió posteriormente Rocío Osorno en su cuenta de Instagram. La diseñadora también habló de las secuelas emocionales del suceso: “Lo que más cuesta explicar es la sensación que se queda después de que alguien entre en el lugar en el que hasta ayer te sentías completamente segura, y más aún estando nosotros dentro de casa”.

Más allá de los objetos que puedan llevarse, una experiencia de este tipo puede cambiar por completo la relación que tenemos con nuestra propia casa. Dormir con normalidad, quedarse a solas o no sobresaltarse con cualquier ruido puede resultar complicado durante los primeros días. Andrea González, psicóloga, explica que este miedo inicial entra dentro de una reacción completamente normal, aunque conviene observar cómo evoluciona y no restarle importancia si se mantiene durante demasiado tiempo.

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Rocío Osorno con su familia

No hay que obligarse a estar bien enseguida

“Cuando vivimos un suceso traumático como un robo o un atraco, es completamente normal que al principio sintamos inseguridad, ansiedad o miedo. Son emociones lógicas. Sin embargo, es fundamental no dejar pasar demasiado tiempo si vemos que no nos recuperamos, ya que la incapacidad del cerebro para gestionar lo ocurrido puede derivar en un cuadro de estrés postraumático. Dejarlo pasar solo consigue enquistar el problema y complica su tratamiento a largo plazo”. Y es que, después de una experiencia así es habitual estar más pendiente de los ruidos, comprobar varias veces puertas y ventanas o tener problemas para conciliar el sueño. No se trata de forzarse a recuperar la normalidad de un día para otro ni de fingir que no ha ocurrido nada. Cada persona necesita su tiempo para asimilar lo sucedido.

También puede ocurrir que durante las primeras noches la persona no sea capaz de dormir en la vivienda. En ese caso, trasladarse temporalmente a casa de un familiar, de un amigo o a un hotel es una opción comprensible. El problema aparece cuando esa solución puntual se alarga y termina convirtiéndose en la única forma de sentirse a salvo.

Imágenes captadas por la cámara de seguridad de Rocío Osorno

“Si las primeras noches necesitas dormir fuera de casa porque el malestar es inasumible, es una decisión perfectamente aceptable, pero no debe convertirse en la norma. Marcharte de forma indefinida te hace caer en un mecanismo de evitación: aunque huir del problema aporta un alivio inmediato, no soluciona nada y te impide enfrentarlo”, cuenta.

Cuidado con buscar información sin parar

Después de un robo también es frecuente empezar a leer noticias sobre sucesos similares, buscar estadísticas de delincuencia en la zona o consultar de manera constante la probabilidad de que vuelva a ocurrir. Puede parecer que tener más información ayuda a estar preparado, pero el resultado suele ser justo el contrario. “Por otro lado, es muy frecuente caer en la trampa de la sobreinformación y empezar a leer de manera compulsiva sobre atracos o sobre la probabilidad de que vuelva a ocurrirte algo así. Esto nos introduce en una espiral de paranoia e histeria. Aunque creamos que informarnos nos aporta calma, es una falsa sensación: en realidad, mantiene activo de forma constante nuestro sistema de alerta. Mi recomendación es tomar distancia, dejar de investigar y permitirnos sentir. Aceptar las emociones implica hablar de lo ocurrido, desahogarse llorando si se necesita y apoyarse en un entorno que te escuche y valide lo que estás pasando”, añade la psicóloga

Además de respetar el ritmo de quien ha sufrido el robo, también es importante saber acompañar. Aunque se pronuncien con la mejor intención, algunas frases pueden hacer que la persona sienta que su miedo es exagerado o que debería haberse recuperado antes.

“Por último, si eres la persona que acompaña a alguien que ha sufrido este tipo de vivencia, evita recurrir a frases poco realistas como ‘no te preocupes, no te va a volver a pasar’. Nadie puede asegurar el futuro y decirlas no ayuda. Lo adecuado es poner el foco en lo que sí está bajo nuestro control. Si han entrado en tu casa, no puedes evitar que alguien lo intente de nuevo, pero sí puedes decidir reforzar la alarma, instalar una cámara o añadir cualquier elemento que te haga sentir un poco más seguro. Centrarte en lo que sí puedes cambiar es lo que realmente devuelve la tranquilidad”, concluye Andrea. Poco a poco, y retomando las rutinas con normalidad, la casa volverá a sentirse como ese lugar en el que poder bajar la guardia y estar tranquilo.