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El refugio de Sara Carbonero en Canarias: una isla volcánica donde pasa tiempo con sus hijos y amigas

Sara Carbonero en Lanzarote
Sara Carbonero en Lanzarote. Instagram
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MadridSara Carbonero empezó 2026 en Canarias. La periodista eligió La Graciosa para pasar las vacaciones de Navidad junto a su pareja y un grupo de amigos cuando un fuerte dolor abdominal la obligó a ser trasladada al Hospital José Molina Orosa de Lanzarote. Allí fue operada de urgencia y permaneció ingresada durante 11 días antes de poder regresar a Madrid. Meses después de aquel susto, volvió a hacer las maletas para viajar a la isla. Porque, a pesar de todo lo ocurrido, sigue siendo uno de sus destinos preferidos. Un enclave al que intenta escaparse siempre que puede para bajar el ritmo, estar cerca del mar y disfrutar de unos días con sus hijos y sus amigas.

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La última vez, el motivo principal del viaje ha sido el fútbol, pues Martín y Lucas, los hijos que tiene en común con Iker Casillas, parecen dispuestos a seguir el camino de su padre. Los dos juegan como porteros en las categorías inferiores del Real Madrid y viajaron a Canarias para participar en la 'Lanzarote International Cup', un torneo en el que compiten equipos llegados de distintos países. Sara, como tantas otras veces, no quiso perderse sus partidos y fue vista animándolos desde la grada en San Bartolomé. Una faceta de madre orgullosa que suele compartir de vez en cuando en sus redes sociales y que demuestra que el fútbol sigue estando muy presente en la familia.

Una escapada con amigas, vino y playa

Aunque los partidos de sus hijos eran el motivo del viaje, también hubo tiempo para improvisar otros planes. La periodista ha publicado en Instagram un álbum de imágenes bajo el título “Lanzarote 2026”, en el que resume algunos de sus momentos favoritos en la isla.

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En las fotografías se la puede ver junto a sus amigas, disfrutando de una cata de vinos en La Geria, visitando los paisajes volcánicos de Timanfaya y paseando por la playa de Los Pocillos, en Puerto del Carmen. Planes sencillos, pero muy apetecibles, con los que Sara parece haber recuperado la conexión con un destino que conoce bien y al que ya ha viajado en otras ocasiones, algunas de ellas acompañada por su amiga Isabel Jiménez.

No resulta difícil entender por qué vuelve. Lanzarote tiene playas, volcanes, pueblos blancos y carreteras que atraviesan campos de lava. También conserva la huella de César Manrique, presente en muchos rincones de la isla, donde arquitectura y naturaleza se mezclan sin resultar forzadas. Y aunque lo ideal sería recorrerla sin mirar el reloj, si estas vacaciones has decidido organizar una escapada exprés, 72 horas pueden dar bastante de sí.

Primer día: volcanes y una copa de vino

La primera jornada puede comenzar en el Parque Nacional de Timanfaya, uno de los grandes imprescindibles de Lanzarote. La Ruta de los Volcanes atraviesa un paisaje casi de otro planeta, lleno de cráteres, montañas rojizas y enormes extensiones de lava solidificada. Conviene llegar temprano para evitar las horas con más visitantes.

Desde allí, la ruta puede continuar hasta El Golfo para conocer el Charco de los Clicos, la famosa laguna verde situada junto al mar. Muy cerca se encuentran Los Hervideros, un conjunto de cavidades volcánicas contra las que rompen las olas con bastante fuerza.

La tarde puede reservarse para La Geria y seguir así uno de los planes elegidos por Sara. Sus viñedos, plantados en hoyos excavados sobre la ceniza volcánica y protegidos por muros de piedra, forman uno de los paisajes más curiosos de la isla. La mejor manera de terminar el día es visitar alguna bodega y probar sus vinos de malvasía volcánica.

Segundo día: tras los pasos de César Manrique

El norte de Lanzarote puede ocupar toda la segunda jornada. La primera parada serían los Jameos del Agua, el espacio creado por César Manrique dentro de un túnel volcánico. La piedra negra, las plantas y su conocida piscina blanca componen una de las imágenes más reconocibles del destino.

A pocos kilómetros se encuentra la Cueva de los Verdes, otro tramo de ese enorme tubo volcánico que puede recorrerse por dentro. Después, merece la pena acercarse al Mirador del Río. Desde lo alto del acantilado se contempla La Graciosa, la isla en la que Sara pasó las últimas Navidades, además de varios islotes del archipiélago Chinijo.

El día puede terminar en Haría, un pequeño pueblo rodeado de palmeras, con casas blancas y un ritmo bastante más tranquilo. Es un buen lugar para sentarse en una terraza, comer algo y alargar la sobremesa.

Tercer día: unas horas frente al mar

Después de dos días de excursiones, la última jornada puede dedicarse a la playa. Papagayo es una de las opciones más conocidas, con arena dorada, aguas transparentes y pequeñas calas protegidas por acantilados.

Quienes prefieran un acceso más cómodo pueden acercarse a Los Pocillos, en Puerto del Carmen, la playa que Sara ha visitado durante su última escapada. Es amplia, perfecta para caminar por la orilla y tiene restaurantes cerca para comer mirando al mar. Un plan sin demasiadas complicaciones para despedirse de Lanzarote y entender por qué la periodista siempre termina regresando.