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El diseñador plantea la colección como un estudio de volúmenes que consigue por medio de pinzas, drapeados e incluso trabajos cercanos al origami, conformando los vestidos con tejidos que trata como si fueran papel. Los tonos crudos y blancos se enfrentan al amarillo flúor y a ramitos de flores rojas y azules que asoman entre los pliegues de la ropa.





















