Mujeres en los Goya: pese a los avances, persiste la brecha de género, ¿qué queda por hacer para que haya igualdad en el cine?

Triunfan películas dirigidas por mujeres –La infiltrada, Los domingos, Romería…–, pero ellas reciben casi un 25% menos de presupuesto que sus colegas masculinos
Analizamos porqué es esencial conseguir la igualdad real en el cine español
MálagaCon un 38% de representación femenina, los Goya progresan pero aún no alcanzan la equidad. Sólo tres mujeres -Pilar Miró (1996), Icíar Bollaín (2003) e Isabel Coixet (2005 y 2017)- han sido premiadas a mejor directora. Este año, Carla Simón o Alauda Ruiz de Azúa podrían ser la cuarta. Analizamos porqué es esencial conseguir la igualdad real en el cine español.
En la última década triunfan, y mucho, las películas dirigidas por mujeres Los premios, la taquilla y el prestigio avalan a Arantxa Echevarría con La infiltrada, Alauda Ruiz de Azúa, con títulos como Los domingos, o Carla Simón con Romería. En los próximos Goya las dos últimas están nominadas a mejor dirección, mientras que en dirección novel hay otras dos cineastas, Eva Libertad, por Sorda, y Gemma Blasco por La furia, que ya se ha llevado dos Gaudí –dirección novel y actriz protagonista–. Sin embargo, este éxito no se traduce en igualdad. Brechas de poder, presupuesto y representación que demuestran que el camino sigue incompleto.
Según el último informe de la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA), la presencia de mujeres en el sector cinematográfico español ha aumentado hasta el 38% en la última década. Un avance indiscutible, pero engañoso ya que en los puestos de poder como dirección, producción y guion el porcentaje no alcanza el 30% y ha descendido ligeramente en el último año. Entre 2023 y 2024, la proporción de directoras, guionistas y productoras ha bajado del 32% al 29%.
Además, las directoras sacan adelante sus proyectos con un 24% menos de presupuesto que sus compañeros hombres. De media, medio millón de euros menos por película. Esta brecha económica limita los rodajes, condiciona los equipos y reduce las posibilidades de promoción y distribución, perpetuando una desigualdad que no se basa en el talento, sino en el acceso a los recursos. En los últimos cinco años, el crecimiento de la presencia femenina apenas alcanza el 2,2%. Y no hay que olvidar que la ficción no solo entretiene, sino que construye imaginarios.
La directora que iguala en nominaciones a Oliver Laxe
Que una directora gallega compita en número de nominaciones con Oliver Laxe en los Premios Mestre Mateo no es un dato menor. Anxos Fazáns ha logrado 11 candidaturas con Las líneas discontinuas, una película, apunta, “pequeña” que, como explica, “está haciendo su camino poco a poco”. Para la cineasta, el reconocimiento de la Academia Galega do Audiovisual es especialmente significativo porque nace “de la propia industria y dentro de Galicia”, y porque pone en valor “el trabajo de todo el equipo y de los distintos departamentos”.

Más allá de los premios, Fazáns sitúa su trabajo dentro de el contexto de un cine que empieza a cuestionar los arquetipos tradicionales. “Hemos vivido muchos años bajo arquetipos y tramas, siempre las mismas historias contadas desde el mismo punto de vista”, señala. Frente a ello, defiende la necesidad de representar realidades que no han tenido espacio o que han sido abordadas desde el estereotipo. En su película, aparece la improbable y luminosa relación entre una mujer madura y un joven chico trans, interpretados por Mara Sánchez y Adam Prieto en estado de gracia. En su opinión, la aparición de personajes colectivos minorizados está directamente relacionada con la presencia de mujeres detrás de la cámara, algo que “hace que los proyectos sean diferentes, que tengan algo especial y que destaquen”.
Películas pequeñas por obligación
La igualdad, sin embargo, sigue lejos de alcanzarse. Fazáns señala que “por ahora no la hay ni delante, ni detrás de las cámaras”. Aunque reconoce avances y una mayor diversidad de personajes, insiste en que “aún queda trabajo”. Las dificultades suponen que las películas dirigidas por mujeres tardan más en levantarse, mientras que los presupuestos más bajos limitan el alcance y la distribución. “No siempre queremos hacer cine pequeño, íntimo o documental, sino que ese es el espacio que nos dejan”, afirma.
El cambio no solo pasa por las historias, sino también por cómo se trabaja. Fazáns denuncia unas dinámicas de rodaje “feroces y de estructura vertical”, y defiende la creación de espacios más humanos, que tengan en cuenta “los cuidados y la igualdad”. Este giro, asegura, es en parte generacional, pero también consecuencia directa de la incorporación de más mujeres al liderazgo de los equipos.
En este contexto, la creación de su propia productora, Sétima, junto a Silvia Fuentes, es también un acto político de resistencia. “Cada día que conseguimos sobrevivir es un esfuerzo que vale la pena”, explica, convencida de que tejer redes es una forma concreta de transformar la industria, “muy poco a poco”, pero de manera irreversible.
Arquetipos heredados
Uno de los grandes retos pendientes es la creación de nuevos arquetipos femeninos. Durante años, las mujeres en pantalla han sido madres abnegadas, musas, víctimas, objetos de deseo o meros complementos del protagonista masculino. Aunque hoy hay más diversidad, los estereotipos siguen reapareciendo, a veces de forma más sofisticada.
“La igualdad no se logra solo con mujeres escribiendo guiones”, advierte Macu Machín, directora de La hojarasca. “Es necesario que haya más mujeres liderando los distintos departamentos de producción. De nada sirve un guion escrito por una mujer si quien lo filma reproduce estrategias de cosificación y simplificación de los personajes femeninos”.
Sin embargo, la cineasta señala la importancia de romper con los clásicos arquetipos. “No me interesan los personajes femeninos construidos desde una mirada masculina reduccionista”, afirma Machín. “Personajes pasivos, hipersexualizados o permanentemente victimizados siguen apareciendo incluso en grandes producciones contemporáneas”.
Para la directora, la clave está en apostar por la complejidad: personajes contradictorios, incómodos, con aristas. Algo que también reivindica Arima León, guionista y directora: “Las personas somos complejas por naturaleza. Incluso responder a un patrón también forma parte de esa complejidad. Yo escribo desde lo que me rodea y desde realidades que conozco”.
León, que estrena la película Tal vez, protagonizada por Adriana Ugarte y Tania Santana, el 8 de mayo de 2026, rechaza la idea de que la perspectiva de género sea un panfleto. “Se ha estigmatizado mucho la llamada ‘pedagogía de la igualdad’ porque incomoda. Pero el género nos atraviesa de forma intrínseca. No es un discurso añadido: es parte de cómo miramos el mundo”.
La mirada aprendida
Uno de los debates más incómodos dentro del propio sector es hasta qué punto las mujeres creadoras han tenido que aprender a mirar como los hombres para sobrevivir en la industria. “Nuestro imaginario se ha educado históricamente en la mirada masculina”, reflexiona Arima León, “reconquistar una mirada propia va a ser necesario, pero también va lento”.
Esto explica por qué no todos los proyectos escritos o dirigidos por mujeres son automáticamente subversivos. “La diferencia no está solo en quién firma el guion, sino en si existe o no una deconstrucción real de la mirada”, apunta León. Y añade otra pregunta incómoda: “¿Tenemos libertad para escribir lo que queremos o lo que la industria considera rentable?”.
Femenino también es universal
La guionista y directora María Herrera ha reflexionado abiertamente sobre este punto. En su cortometraje Cuento de verano aborda una violencia sexual sutil y normalizada: el stealthing, o sea, quitarse el preservativo de forma no consensuada durante una relación sexual. “Hay muchas violencias invisibles que ni siquiera identificamos como tales”, explica.

“Cuando un personaje femenino es impulsivo, egoísta o contradictorio, suele caer mal”, reflexiona además Herrera. “Si hace lo mismo un personaje masculino, se percibe como complejo o interesante”. Esta doble vara de medir sigue muy presente en la recepción del público y de la industria. Por eso reivindica que lo femenino pueda ser universal, igual que lo masculino lo ha sido siempre. “Necesitamos personajes femeninos que no sean ejemplarizantes, que puedan equivocarse sin ser castigadas por ello”, subraya.

La igualdad crea mejores historias
Para Sandra Romero, directora de Por donde pasa el silencio y de capítulos de Los años nuevos, la perspectiva feminista no es una consigna, sino algo integrado. “Intentar no caer en clichés no solo es necesario, es enriquecedor para la película”, afirma. “El cine crea realidades, y si seguimos repitiendo modelos alejados de la vida real, empobrecemos las historias”. Romero insiste en que la igualdad no debería ser un apartado específico, sino una práctica habitual. “Es algo que debería plantearse todo el mundo, no solo las mujeres”.
Las cuotas y las políticas de discriminación positiva han ayudado a abrir puertas, pero no son suficientes. “Estas cifras demuestran que la lucha continúa”, señala Arima León. Sin cambios estructurales, como financiación equitativa, cumplimiento de la Ley Audiovisual, transparencia salarial, la igualdad seguirá siendo parcial. Los datos refuerzan esta idea. Aunque el 37% de los guiones en España están firmados por mujeres y un 23% son mixtos, el 40% pertenece exclusivamente a hombres.
En Hollywood, la situación es aún más extrema: solo alrededor del 20% de los guiones los firman mujeres. Además, determinadas áreas técnicas y creativas siguen fuertemente masculinizadas. Dirección de fotografía, sonido, efectos especiales o composición musical superan el 70% de presencia masculina, mientras que departamentos como vestuario, maquillaje o peluquería continúan feminizados en torno al 80%, reproduciendo una división de roles tradicional.
Qué queda por hacer
La desigualdad no se limita a lo que ocurre detrás de las cámaras. También persiste una fuerte desigualdad racial. Las personas racializadas suponen apenas el 4,55% de intérpretes y el 3,90% de personajes. A esto se suma la representación de cuerpos no normativos, que alcanza solo el 6% y además se feminiza: el 62,16% de esos cuerpos corresponden a mujeres cis, lo que mantiene la normatividad en los hombres.
Otro fenómeno persistentes es el edadismo de género. Conforme avanza la edad, los roles centrales tienden a masculinizarse. Las mujeres concentran el protagonismo entre los 26 y los 45 años, mientras que entre los 46 y 50 años, el 70,27% de los protagonistas son hombres, porcentaje que se mantiene alto en las franjas posteriores. La consecuencia es que las mujeres desaparecen del relato justo cuando ganan experiencia vital y complejidad
La igualdad real en el cine y las series no pasa solo por sumar nombres femeninos a los créditos. Implica redistribuir poder, presupuesto y legitimidad, aceptar narrativas incómodas y dejar de penalizar a las mujeres que se salen del molde. También implica asumir que la diversidad no es una moda ni un favor, sino una condición para contar mejor el mundo. Porque cuando las mujeres escriben, dirigen y deciden, no solo cambian los personajes femeninos: cambia la manera de mirar la realidad entera. Algo que al final, nos beneficia a todos.
