La importante herencia que Fernando Ónega decidió dejar en vida a sus dos hijas mayores
El escritor, fallecido a los setenta y ocho años, quiso dejar un legado especial para sus dos hijas mayores hace ya un tiempo
Así ha hablado Ángela Rodrigo, segunda mujer y viuda de Fernando Ónega, por primera vez tras la muerte de su marido
El periodismo patrio ha vivido días difíciles con la muerte de Fernando Ónega. El pasado martes, 3 de marzo, el periodista fallecía a los setenta y ocho años en Madrid, tras un tiempo retirado de la vida pública. Considerado uno de los grandes nombres de los medios de comunicación españoles y, en especial, de la crónica política y parlamentaria del último medio siglo, el lucense fue despedido en la Casa de Galicia, en una suerte de funeral de Estado que reunió a autoridades, amigos y familia. Con sus seres queridos quiso tener Ónega un importante detalle ya hace años, dejándoles una importante herencia. ¡Dale al play conoce todos los detalles!
Los hijos y la familia de Fernando Ónega, muy unidos tras su muerte
De entre las muchas caras famosas que se dejaron ver en la capilla ardiente del comunicador, de la reina Letizia al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el foco prestó especial atención a su entorno íntimo y familiar. Un círculo del que forman parte su viuda, Ángela Rodrigo y sus tres hijos, fruto de sus dos matrimonios. Las dos mayores, Cristina Ónega y Sonsoles Ónega, son las más conocidas por el público: tras haber seguido los pasos de su padre han desarrollado largas trayectorias en el mundo del periodismo y la televisión. El más pequeño, el único que tuvo junto a su segunda mujer, es Fernando Ónega Jr., de veintitrés años y el menos conocido.
Los tres se dejaron ver unidos y emocionados durante la multitudinaria despedida en Madrid. El vínculo con su descendencia era muy estrecho, y esto se ejemplificó, pese a la discreción habitual del clan Ónega, durante la trayectoria del gallego, que contó con el apoyo de sus tres hijos públicamente en más de una ocasión y que siempre les dedicó palabras de cariño. En este sentido, en vida, Fernando quiso dejar una importante herencia a sus dos hijas mayores, fruto de su primer matrimonio con Marisol Salcedo.
La herencia que Fernando Ónega quiso dejar a sus dos hijas mayores
Se trata de un legado de un cuantioso valor, especialmente por lo que se refiere al terreno emocional: la biblioteca del periodista, acumulada durante varias décadas y que incluye innumerables libros y obras. Fernando quiso dejarla en herencia a sus dos hijas mayores una vez finalizó su primer matrimonio, antes de volver a casarse en el año 2000 con Ángela, su segunda mujer. Un detalle de gran significado para las dos, que ya Sonsoles mencionó públicamente en el pasado, y al que se ha referido en las últimas semanas, reconociendo en 'Zodiac', el podcast de Vanitatis, que destinó parte de la cuantía del Premio Planeta que ganó en reformarla.
De ello ha vuelto a hablar la periodista durante la que es su primera entrevista tras la muerte de su padre, concedida a Mara Torres en 'El faro', de la Cadena SER. Hablando de la figura y el legado de su progenitor, la presentadora ha reconocido que ha necesitado unos días de "silencio" y de "descender a los infiernos de la muerte, para luego volver a subir", antes de retomar sus compromisos profesionales. Y se ha referido a la mencionada herencia de su padre: "Es verdad que lo conté, que cuando mis padres se separan dividen la biblioteca, nos dan la mitad a mi hermana Cristina y la mitad a mí", ha empezado a narrar.
Sonsoles Ónega habla de la herencia que le dejó su padre en vida
Preguntada por Torres sobre si, tras haber pasado un tiempo, ha conseguido hacerse ya con todo ello y disfrutar de su mitad de la librería, la presentadora lo ha confirmado. "De eso hace un montón de años, un montón de cajas, un montón de mudanzas, hasta que por fin he podido deshacer cajas y hacer una biblioteca lo más permanente posible, y ahí están sus libros y están los míos", ha contado. "A lo mejor hay libros que yo tengo que él no tendría nunca, y los suyos estarán siempre ahí, por supuesto, porque también, bueno, es parte de la historia. Yo los veía de niña y me apetece seguir viéndolos, aunque no los vuelva a abrir porque no se pueden ni leer de lo mal impresos que estaban", ha admitido.