La infancia y juventud de Pablo Chiapella en Albacete y con Ernesto Sevilla como compañero de colegio

Los dos actores, nacidos y criados en Albacete, se conocen desde su más tierna infancia gracias a un "castigo" del cole: desde entonces no se han separado y han llegado a compartir piso
El lado íntimo de Pablo Chiapella: su mujer Natalia Puente y su hija Valentina, de 10 años
Hay un personaje al que Pablo Chiapella le debe gran parte de su fama, y es el de Amador en ‘La que se avecina’, un personaje un tanto gañán que le ha dado grandes alegrías. Pero antes de alcanzar la cima del éxito, el actor fue uno de los fundadores del llamado “cuarteto de Albacete”, y que forman, además de él, Raúl Cimas, Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla. Fue este último quien lo introdujo en la comedia, algo que comenzó como un hobby y terminó siendo su vida. ¿Cómo era la vida de Pablo antes de ser famoso, cuando aún era un niño, en Albacete? La infancia del actor está cuajada de simpáticas anécdotas que incluyen una con Ernesto Sevilla y que los convirtió en amigos para siempre.
Minfli, su mascota que en realidad era… un ovillo de lana
En más de una ocasión, Chiapella ha comentado que no era precisamente el mejor estudiante de la familia. "En el colegio mis hermanos eran muy avanzados y yo el más despistado de todos", contó tiempo atrás en una entrevista que le hicieron en Informativos Telecinco. Ya de pequeño mostró su vis cómica: se llevaba un ovillo de lana al colegio y lo hacía pasar por su mascota, a la que llamó Minfli: “Dejaba que mis compañeros lo acariciaran, y para darle más rollo al tema, dije que era un animal prodigioso que me había traído mi padre de Arabia Saudí”. ¡Hasta le ponía agua para que bebiera! En esta misma entrevista comentó cómo su profesor de Religión le debió de llamar la atención al respecto: “Le dije yo: ‘Si nosotros nos creemos lo tuyo, tú te tendrás que creer lo mío”.
Fue durante su infancia cuando descubrió que tenía talento para la interpretación. En la semana cultural del colegio le sorprendió, contaba en Telecinco, que tanto sus compañeros como la profesora le dijeran lo bien que lo había hecho. “No me encendió una llama, pero sí que noté que había un mundo por descubrir”.
El ‘castigo’ que le hizo conocer a Ernesto Sevilla
El colegio al que iba Pablo era un centro privado en Albacete. Allí iba también Ernesto, aunque no compartían clase ya que se llevan poco más de un año de diferencia. Ernesto tenía 9 años cuando lo enviaron “con los mayores” a modo de castigo, a ver si así lograban que se portara mejor. Y lo llevaron a la clase de Pablo, que por entonces cursaba 5º de EGB.
“Estaba yo en clase, atendiendo como siempre, tomando apuntes”, ironizaba ante su amigo Ernesto y ante Dani Rovira. Y sentaron al recién llegado delante de él. Al parecer, llevaba una gorra y eso, tal como ambos contaban, unido al tamaño de su cabeza, impedía a Pablo ver bien la pizarra, así que le pidió a Sevilla girarse a la derecha. “Y se giró, le vi la cara, me descojoné y desde entonces ya somos amigos para siempre”, contó. De hecho, volvieron a coincidir en el instituto y terminarían compartiendo piso en Madrid ("un cuchitril con moqueta", tal como ellos mismos lo definieron). Casualidades de la vida, muchos años después y ya con varios trabajos juntos a sus espaldas, Ernesto terminaría convertido en Teodoro, el hermano de Amador en ‘La que se avecina’.
