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Anabel Alonso: "Ser madre me ha quitado del centro del mundo, te quita ego, y eso me ha venido muy bien"

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Anabel Alonso. Cordon Press
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Anabel Alonso no necesita presentación. Su trayectoria, construida a base de oficio, intuición, una inteligencia afilada y una innegable vis cómica, ha transitado siempre entre la comedia popular y una mirada profundamente crítica sobre la realidad. Hoy, en un momento social que ella misma define como “convulso y regresivo”, la actriz vuelve a poner el foco en lo importante, contar historias que reflejen quiénes somos. Y no puede haber elegido dos proyectos más diferentes para conseguirlo.

El 15 de abril estrena, junto a Leo Harlem, Alonso se suma a La familia Benetton +2, una comedia familiar que, lejos de quedarse en la superficie, introduce temas como la diversidad, los nuevos modelos de familia y la empatía. Y lo hace sin moralinas, con humor y naturalidad. “La mejor forma de hacerlo”, precisa y tararea entre risas la famosa canción de Mary Poppins: ‘Con un poco de azúcar, esa píldora que os dan, pasará mejor…’.

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Porque, como ella misma subraya, “lo importante es el amor, no las diferencias”. La intérprete aparece muy tierna y divertida como Carmen, una capitana de la policía municipal. “Representa muy bien esa dualidad de los cuerpos de seguridad, que lo mismo te sancionan que te ayudan en un parto”, apunta ella. Un papel corto pero intenso que hace quedarse con ganas de un mayor desarrollo.

Paralelamente, la actriz anda de gira con La mujer rota, un texto basado en la obra de Simone de Beauvoir exigente, incómodo y profundamente político. Por esta obra teatral la actriz acaba de recibir el prestigioso Pi d'Honor de la Mostra de Teatre de l'Alfàs del Pi (Alicante). Un galardón que han recibido intérpretes como Nuria Espert, Rafael Álvarez ‘El Brujo’, Isabel Ordaz o Silvia Marsó.

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Este giro hacia el drama en la carrera de Anabel Alonso que no responde a una estrategia, obedece más bien una necesidad personal. La de ocupar espacios que no se le han ofrecido. La de acabar con cualquier limitación profesional. Para lograrlo, no ha dudado en convertirse en productora. “Ese personaje no me lo iba a dar nadie, por eso decidí producirlo yo”, afirma. Y, situada en las antípodas de la comedia, Alonso demuestra que no hay género que se le resista.

¿Qué te atrajo de la película ‘La familia Benetón +2’?

Lo primero fue la propia esencia de la historia. Esa idea de una familia que es interracial, multicultural, absolutamente variopinta y, además, sin lazos sanguíneos, me parece muy potente. Me parece casi un acto político en sí mismo, pero contado desde un lugar muy amable. Eso ya me atrapó, porque creo que refleja mucho mejor la sociedad real en la que vivimos que solo los modelos más tradicionales. Y luego está el hecho de volver a trabajar con Leo Harlem.

¿Sois amigos e, incluso compinches?

Es un amigo muy querido. Nosotros nos conocemos desde hace años, desde El club del chiste, y aunque luego hemos coincidido después en cosas puntuales, no es lo mismo que compartir un proyecto así. Trabajar con él es una maravilla porque es rápido, ingenioso, muy generoso… y eso hace que todo fluya. Es de esas personas que te elevan el nivel sin que te des cuenta. Es tan ingenioso delante de la cámara como detrás. Con él es un no parar.

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Tu personaje aparece poco, pero deja huella.

Sí, es cortito pero tiene mucha miga. Es una capitana de policía que va a poner una multa y se encuentra con un lío tremendo. Representa muy bien esa dualidad de los cuerpos de seguridad, que lo mismo te sancionan que te ayudan en un parto. Y además tiene ese pequeño arco emocional, con esas miraditas, ese interés romántico… muy sutil, pero está.

Como espectadora, te pido más desarrollo de ese romance.

(risas) Eso nos lo están diciendo mucho. Hay como una semillita plantada, ¿no? Está todo muy insinuado: las miradas, el teléfono… pero no se desarrolla. A mí también me parecería divertido ver hacia dónde podría ir eso, porque además son dos personajes muy distintos, pero que conectan desde un lugar muy humano. Sí, sí, quién sabe…

La película apuesta por mostrar familias diversas. ¿Qué importancia tiene eso hoy?

Es absolutamente necesario, siempre lo ha sido, pero ahora más que nunca, porque estamos viviendo un momento social bastante complicado, regresivo, con ciertos discursos que tienden a simplificar o a excluir. Mostrar que hay muchas formas de familia, que todas son válidas y que lo que realmente importa es el amor, me parece imprescindible. La familia la hace el amor, no los lazos sanguíneos, y eso hay que decirlo una y otra vez. Además, la película lo hace sin imponer, sin dar lecciones. Simplemente lo muestra, lo pone delante del espectador, y cada uno que saque sus conclusiones.

Además, lo hacéis desde la comedia.

Claro, y eso ayuda muchísimo, es una herramienta potentísima. La comedia te permite entrar en lugares donde quizá desde el drama costaría más. Es muy efectivo, porque no genera rechazo. No hay moralina, no hay dedo acusador, pero sí hay contenido. Es como lo de Mary Poppins [tararea] con un poco de azúcar, esa píldora que os dan, pasará mejor. Y luego cada uno lo recoge como quiere. Es una película para todos los públicos, van niños, padres… y luego se generan conversaciones. Acerca realidades a todo el mundo.

¿Te sientes cómoda en este tipo de comedia familiar?

A mí la comedia me encanta, es mi lenguaje natural, por así decirlo. Y además trabajar con niños me parece una experiencia muy enriquecedora, aunque hay mucho mito y hay quien lo ve como algo complicado. Es verdad que te obligan a estar muy presente, muy disponible, porque no puedes controlar lo que va a pasar. Pero precisamente por eso es tan interesante. Te sacan de tu zona de confort, te obligan a reaccionar de verdad. Y luego tienen una ilusión que es contagiosa, que a veces los adultos perdemos.

¿Tu experiencia como madre te ha ayudado en este papel?

Ayuda muchísimo. La manera de coger a un bebé, la naturalidad con la que te relacionas con él… Cuando has tenido un hijo, tu cuerpo y tu mirada cambian. Hay una soltura que no se puede fingir. Y eso, en un personaje, suma. Se nota.

¿Qué ha cambiado en ti desde que eres madre?

Pues algo muy básico pero muy importante, he dejado de ser el centro del mundo. Y eso, lejos de ser negativo, es liberador. Te quita mucho peso, mucho ego. Empiezas a relativizar las cosas, a entender que hay prioridades más importantes que tus propios problemas. Y además, tu vida se amplía. Haces cosas que nunca habrías imaginado y descubres nuevas formas de disfrutar. Mi vida es mucho más rica ahora, hago cosas que jamás habría hecho: castillos de arena, parques… y lo disfruto.

Hablando de retos, te han premiado por ‘La mujer rota’, un monólogo teatral.

Sí, y es un proyecto muy especial. Es un texto maravilloso, pero además es la primera vez que se lleva a escena. Ha sido un reto enorme. Es un proyecto muy especial para mí, porque nace de una necesidad personal. Es un texto que me fascinó desde el principio, y es un personaje muy exigente, muy duro, que no encaja con la imagen que mucha gente tiene de mí.

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También es una apuesta personal, ¿por eso decides producirla tú?

Totalmente. Es un personaje que no me iba a ofrecer nadie. Es drama, es desgarro… y no se me suele tener en mente para eso. Pero ahí está. Llega un momento en el que dices, si no me lo dan, me lo doy yo. Y eso también es una forma de tomar las riendas de tu carrera. Es un riesgo, pero también una oportunidad de crecer.

La obra habla de la soledad y la presión social sobre la mujer.

Sí, y de cómo se nos responsabiliza de todo. Si un hombre prioriza su trabajo, no pasa nada. Si lo hace una mujer, es mala madre. Tenemos la culpa por partida doble, la que sentimos y la que nos imponen. Esa presión sigue siendo muy real. A las mujeres se nos exige estar en todo y hacerlo todo bien. Y si algo falla, la responsabilidad recae sobre nosotras. Eso genera una carga enorme, una culpa constante.

¿Qué papel juega el feminismo en ese contexto, en esta sociedad?

Uno fundamental. El feminismo es igualdad, no es otra cosa. Y es una lucha necesaria porque todavía no estamos en ese punto. Y además beneficia a todo el mundo, no solo a las mujeres.

Estoy muy cansada de que se equipare con machismo. El machismo es supremacía, el feminismo busca igualdad de derechos, de responsabilidades, de reconocimiento.

Has recordado algo interesante, que también beneficia a los hombres.

Claro. El machismo también les perjudica a ellos, les encorseta. El hombre que cuida, que no encaja en ese modelo, también sufre. Con el feminismo ganamos todos, toda la sociedad.

¿Has sentido alguna vez el síndrome de la impostora?

Nunca. Yo sé lo que he trabajado para estar donde estoy. Para mí todo ha sido a pico y pala. Y supongo que eso te da una seguridad muy sólida.

¿Dirías que has tenido que demostrar más por ser mujer?

En muchos casos, sí. Pero yo he seguido adelante. Trabajando, insistiendo. Pico y pala, como te digo.

Mirando tu carrera, ¿te sientes en un momento de libertad?

Sí, porque hago lo que quiero. Y eso es un lujo.