Así fue la infancia de David Summers: un niño "ausente" en el colegio, criado en Madrid y que veraneaba en Lepe

El vocalista de Hombres G se crio en un ambiente altamente creativo: por su casa y junto a su padre, dibujante y director de cine, desfilaban todos los grandes maestros del humor de la época
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Caos y creatividad son dos palabras que definen bien la infancia de David Summers, el vocalista de los legendarios Hombres G. Hace ya más de 40 años que el cuarteto irrumpió en la escena pop española y desde entonces ha pasado de todo, incluidas dos bodas y el nacimiento de sus dos hijos, hoy adultos. Pero ¿cómo llegó David a interesarse por la música? Te contamos esta y otras muchas historias de aquel niño que se pasaba el día en las nubes y terminó convertido en un icono de los 80.
Un niño criado en un ambiente intelectual
Aunque David Summers nació en Chamberí (el barrio en el que ha vivido gran parte de su vida Isabel Díaz Ayuso), se crio en el Parque de las Avenidas, en el barrio de La Guindalera, donde vivió hasta los 14 o 15 años. Cuando el cantante vino al mundo, su padre, el historietista gráfico, humorista y director de cine Manuel Summers, ya había ganado la Concha de Plata por su película ‘Del rosa al amarillo’. Con un padre así, es fácil imaginar que el pequeño David se movió durante toda su infancia en un ambiente de máxima creatividad: “[Mi casa] siempre estaba llena de gente creativa, de dibujantes, de humoristas…”, explicaba en declaraciones recogidas por ‘The Objective’. Tip, Coll, Chumy Chúmez o Gila, auténticos maestros del humor, desfilaban por su casa constantemente.
De aquella infancia David recuerda a un padre poco presente: “No era un tipo que estuviera mucho en casa: recuerdo mi niñez y mi padre siempre estaba trabajando”. Eso sí, cuando Manuel Summers podía pasar tiempo con sus hijos, la diversión estaba asegurada. “Disfrutábamos muchísimo con él”, explicaba el cantante en una entrevista concedida a ‘Jot Down’. “Era muy muy cariñoso”. Les organizaba juegos “acojonantes”, los animaba a dibujar o escribir. Incluso los retaba, a él y a su hermano (tiene otra hermana, Lucía, 12 años menor), a hacer algo original cada día; después se lo cambiaba por un pequeño regalo: “Por cinco duros [25 pesetas] o por un juguete o lo que fuera”.
Aquella estimulación constante los motivó a ser, como el propio Manuel, personas muy creativas. De hecho, David soñaba con ser dibujante de viñetas, como su padre. Pero un día, un disco lo cambió todo. En su casa había una gran colección de discos. Escuchó a los Beatles y tuvo una especie de epifanía. “Yo quería ser eso”, explicó, según cita ‘The Objective’.
En las nubes como estudiante, en el paraíso durante sus veranos en Lepe
A pesar de todo (los discos, los dibujos, el desfile por su casa de grandes genios del humor), como estudiante no fue precisamente el mejor, si a resultados académicos nos referimos. “Era un desastre”, confesaba, y aunque nunca fue un niño conflictivo, sí estaba en las nubes, dibujando o pensando en música, sus dos grandes pasiones.
Estudió en los Menesianos, un colegio religioso de Madrid. Las horas pasaban con los profesores impartiendo clase y con él presente físicamente, pero con la cabeza imaginando historias. “No estaba”, explicaba al citado medio. “En el Menesianos conocí a Javi [Javi Molina es el batería de los Hombres G], pero en 2º de BUP suspendimos siete y nos invitaron a marcharnos”, comentaba para ‘Jot Down’. Fue en el cambio de escuela donde la música terminó convirtiéndose en una realidad: su nuevo centro, el Santa Cristina, fue un lugar plagado de músicos que terminarían siéndolo profesionalmente: el bajista de Los Ronaldos, el cantante de La Frontera… Así, formó con Javi y otros dos chicos un grupo punk, Los Residuos. Aquel sería el comienzo de todo.
¿Y cuando no estaba en el colegio? Pasaba los veranos en Lepe, el municipio onubense del cual su padre fue nombrado hijo predilecto. El año que David nació, sus padres se hicieron una casa en La Antilla, en la costa de Lepe. Hoy, La Antilla es un destino turístico de primer nivel, pero en aquellos años 60, tal como contaba el propio Summers a ‘Viajar’, el ayuntamiento regalaba los terrenos a quienes quisieran construirse una vivienda. “Mi padre hizo la casa número 12 y allí estuvimos veraneando toda la vida”. Allí, en aquella casa, donde ya hay muchas más de doce, reside hoy en día su madre (su padre murió prematuramente en 1993). Una madre a la que adora, porque fue la otra parte esencial de su educación infantil: “Podríamos decir que mi madre me enseñó a ser buena persona y mi padre, a ser buen artista”.
