De Falín a Raphael: la humilde infancia en la Posguerra de uno de nuestros cantantes más internacionales

Poseedor del único disco de uranio de la historia por haber vendido más de 50 millones de copias de sus discos, el cantante vivió una infancia marcada por la posguerra y la pobreza
Raphael une a sus tres hijos y dos de sus nietos en un posado familiar durante el homenaje de sus vecinos
En plena gira de Bad Bunny conviene recordar que hay otro tour de otro icono internacional, Raphael, uno de los más queridos dentro y fuera de nuestro país. Con más de 60 años de carrera a sus espaldas, el cantante, único poseedor en el mundo de un disco de uranio (por sus más de 50 millones de copias vendidas hasta 1980), no lo tuvo fácil para convertirse en el artista que es hoy: de hecho, nació y se crio en el seno de una familia humilde y en un momento difícil. Así fue la infancia de un niño llamado Miguel Rafael Martos Sánchez.
Llegó a Madrid siendo un bebé
Raphael nació en 1943 (acaba de cumplir 83 años), así que es fácil imaginar el contexto en que lo hizo: en un país devastado por tres años de guerra mientras fuera se libraba un conflicto mundial. Lo hizo en la habitación número 13 del hospital de los Marqueses de Linares, en Linares (Jaén), según se recoge en la web 'El mundo de Raphael'. Es el tercero de cuatro hermanos, aunque hubo una primera niña que falleció al poco de nacer. Después de ella llegarían Francisco y Juan; José Manuel, el menor de todos, nació ya en Madrid: y es que la familia de Raphael se mudó a la capital de España, en busca de un futuro mejor, cuando el cantante solo tenía 9 meses de edad.
Francisco Martos trabajaba en el sector de la construcción: era ferrallista y, ocasionalmente, fontanero del Ayuntamiento de Linares. Luis Casanova, un arquitecto conocido de Francisco, le sugirió la posibilidad de mudarse a Madrid.
Linares era entonces, recuerda la citada web, un municipio con buenas posibilidades de prosperar económicamente, pero Madrid se presentaba como una oportunidad de progreso, casi de supervivencia: eran años difíciles para todos, y la familia Martos Sánchez no era una excepción.
De Falín a Raphael
Su madre, Rafaela, quiso llamarlo Miguel cuando nació; pero el padre acudió al registro y le puso Rafael a modo de broma, ya que no le gustaba el nombre. Rafaela consiguió incluir el Miguel en la partida de bautismo, si bien en el registro no consta este cambio; aun así, el artista a veces firma como Miguel Rafael en homenaje a su madre.
Antes de convertirse en Raphael, en casa lo llamaban Falín, un apodo muy habitual en el sur para los Rafaeles. Y Falín, en aquellos años 40, vivía en un Madrid muy distinto al de hoy: los bombardeos se habían ensañado con la ciudad, que era más bien un pueblo grande, con pocas calles asfaltadas y caminos de tierra a poco que te alejabas del centro. De hecho, la vivienda en la que se instaló su familia, en el barrio de Alvarado, hoy forma parte del centro de la capital, pero entonces eran las afueras.
En aquel Madrid, el futuro artista mostró sus habilidades muy temprano, en el coro de la Escolanía de San Antonio, cuando apenas tenía 4 años. Con 9 ganó el premio a la mejor voz infantil en Salzburgo. Pero su enorme talento todavía no le iba a procurar ingresos. Antes de poder dedicarse de lleno a la música, Raphael fue, según se puede leer en el diario ‘La Vanguardia’ aprendiz de sastre, chico de los recados y vendedor en un puesto de melones.
Después llegaría ese momento que daría la vuelta a su destino y ese Raphael con ph que surgió antes incluso de hacerse famoso, tal como contó a Bertín Osborne en Telecinco: su primera grabación fue en los estudios de Philips, y le preguntó a su mánager por qué Philips se leía “Filips”, a lo que el mánager le contestó que el grupo de consonantes ‘ph’ se lee como f en numerosos idiomas. De ahí le vino la idea: “Fíjate en lo que pensaba cuando ni siquiera había grabado mi primer disco”.
