Las raíces de Ferran y Albert Adriá: una familia de clase trabajadora y una juventud fiestera
Los dos hermanos nacieron y se criaron en L'Hospitalet de Llobregat, un municipio del área metropolitana de Barcelona, en un entorno humilde que no anticipaba su conexión con los fogones
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Si hay alguien que marcó un antes y un después en la historia de la gastronomía española, ese fue Ferran Adrià. Mejor dicho, fueron los hermanos Adrià, Ferran y Albert. Ambos revolucionaron el concepto de cocina: con el mayor de ambos al frente de El Bulli, nuestro país fue vanguardia de los fogones, con conceptos como la deconstrucción, las esferificaciones y, en general, la combinación prodigiosa de creatividad culinaria y método científico. Los Adrià comenzaron su carrera hacia el éxito en el mencionado local, situado en Cala Montjoi, en Girona, que antes había pertenecido a un matrimonio alemán. Pero antes de llegar allí hubo aprendizaje, una infancia humilde y una juventud de excesos.
Una niñez en un ambiente de clase trabajadora que nada tenía que ver con la cocina
Ferran y Adrià nacieron en los años 60: el primero, en 1962; el segundo, en 1969. El Hospitalet de Llobregat en el que se criaron y donde se encuentran sus raíces no auguraba que los dos hermanos terminarían siendo auténticos referentes de la gastronomía a nivel mundial (Albert es un famosísimo especialista en repostería). Ginés, el padre, trabajaba como estucador y conductor de camiones en Alemania. La madre, Josefa, ejercía, como tantas mujeres de la época, de ama de casa. Eran, tal como explicaba su hijo mayor, personas con una vida sencilla, que incluso cuando sus hijos llegaron a lo más alto se negaron a alejarse del barrio en el que habían formado su familia y donde habían sido felices.
Al contrario que otros muchos chefs, que aseguran que aprendieron a cocinar observando a sus madres y abuelas, en el caso de los Adrià no fue así. Ferran, en realidad, quería ser futbolista. Adoraba a Johann Cruyff, el gran icono del Barça entonces. Y aceptó un trabajo de friegaplatos para poder pagarse un viaje a Ibiza. Así, y casi por casualidad, empezó todo.
Ibiza y Brasil, territorios de sus fiestas más salvajes
“La Ibiza de ahora no tiene nada que ver con la de los 80. La de ahora es cosa de niños”. Así de claro se despachaba el reputadísimo chef delante de David Broncano haciendo alusión a la isla pitiusa que él conoció cuando todavía era un adolescente. Con 17 años, Ferran se marchó de casa y quiso conocer el ambiente que se respiraba en aquella Ibiza libertaria y fiestera. “La gente que trabajaba no dormía”, explicaba, dando a entender que eran las sustancias estupefacientes las que lograban ese efecto.
Preguntado por si había consumido alguna droga, Adrià contestó afirmativamente. “Hay que tener mucho control, porque la noche es peligrosa”, recalcaba. También explicó que para vivir la noche tenía que trabajar de día, ya que salir costaba dinero, lo que apenas le dejaba tiempo para dormir. En el pódcast ‘B3TTER’ reconocía que salía “en plan gamberro”, y añadía: “Hay cosas que no te puedo explicar”. Sobre su estancia en Ibiza, de la que dice que lo echaron a los seis meses, y también en Brasil, dejó entrever que había participado en orgías.
Después, el servicio militar en Cartagena y experiencias cortas en restaurantes (una de ellas en un permiso de la mili) lo iniciaron en un mundo que terminaría convirtiéndose en la profesión que lo lanzaría al estrellato. En 1983 entró como stagier en El Bulli y en 1984 ya era jefe de cocina. Albert se incorporaría al equipo al año siguiente. El resto de la historia ya la conocemos.
