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Tomar testosterona, el nuevo 'milagro' masculino para envejecer 'mejor': "Restaurar una función biológica"

El médico especializado en endrocrimología Joaquín Puerma
Hombre con un inyectable de testosterona en la mano. Freepik
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“Con 49 años, he llevado mis niveles de testosterona a los de personas de entre 30 o 35 años, con todo lo que eso conlleva”, espeta Antonio, nombre ficticio porque prefiere mantener su identidad en el anonimato. Tiene 49 años y es directivo en una multinacional. Leyó mucho, consultó con varios médicos hasta que, por fin, se decidió a dar el paso de tratarse con testosterona hace ya un año. Reconoce que su experiencia con la testosterona y la optimización hormonal no ha sido por estética (aunque sí tenga una consecuencia estética) sino que su idea, desde el principio de su tratamiento, ha sido la de “envejecer mejor”. No es el único. Ni mucho menos. En los últimos años, el uso de testosterona como estrategia antiedad masculina ha dejado de ser un secreto a voces. Mel Gibson, Robbie Williams o Hugh Jackman han reconocido (de forma directa o indirecta) recurrir a terapias hormonales para mantenerse fuertes, activos y con energía pasada la cincuentena. Un fenómeno que crece al mismo ritmo que se abren cada vez más clínicas enfocadas en la longevidad, la palabra de moda en 2026. 

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Para entender qué hay detrás de esta tendencia (qué es medicina y qué es marketing puro y duro) hablamos con el doctor Joaquín Puerma, endocrino que atiende de forma online a través de su web joaquinpuermaendocrino.com y presencialmente en Clínica Thodos (Granada), y con Antonio, que vive el tratamiento desde dentro.

De primeras, el doctor Puerma, autor del libro 'Tus hormonas importan', advierte que “envejecer no es una enfermedad”. Y subraya la diferencia clave entre tratamientos con base clínica y la moda de rejuvenecer con hormonas: “Si hay síntomas que afectan a la calidad de vida y los análisis lo confirman, la terapia hormonal puede ser necesaria. Si no, entramos en el terreno del dopaje o el marketing disfrazado de medicina”.

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La decisión de Antonio: longevidad por encima de todo

Antonio explica cómo llegó a tomar la decisión. “Me cuido mucho. Como sano y entreno con frecuencia. Llevo mucho tiempo analizando mis propios análisis, entendiendo el porqué de cada cosa y he ido incluso a varios médicos, sobre todo por mi estado de prediabetes”. Tras visitar a dos endocrinos distintos y recibir respuestas similares sobre que se debía a una condición de “su genética”, Antonio encontró alternativas que le permitieran prevenir enfermedades, anteponerse a que sucediera. “A partir de ahí hubo un antes y un después. Con una base importante de información, tomé esta decisión de empezar con el tratamiento hormonal con testosterona”. 

No fue algo que decidiera de un día para otro. Antonio recalca que “no tenía miedo”. “Antes de tomar esta decisión busqué mucha información y contrasté. Hay referencias médicas a nivel mundial que recomiendan un programa de optimización hormonal, llegado a una edad”, apostilla Antonio. 

Qué significa tratar con testosterona según la endocrinología

El doctor Puerma explica con claridad lo que implica un tratamiento hormonal. “Tratar con testosterona o con hormonas del crecimiento no significa viajar atrás en el tiempo, ni convertir el envejecimiento en una enfermedad. Significa restaurar una función biológica que, por diversas razones (edad, enfermedades, estilo de vida o genética) ha empezado a fallar”.

Es decir, no se trata de volver a los 25 años, sino de funcionar bien para la edad que tienes, sin síntomas que limiten energía, bienestar o salud metabólica: “No buscamos que el paciente vuelva a tener 25 años, sino que su cuerpo funcione bien para la edad que tiene”, señala. 

Cuando la testosterona está indicada, los beneficios son claros: aumento de masa muscular, mejor libido, ánimo más estable y mayor densidad ósea. La hormona del crecimiento, otro de los tratamientos más populares entre los famosos, entre ellos, el productor de televisión José María Mainat, del que se ha llegado a hablar que se ha gastado 200.000 € en tratamientos hormonales, puede mejorar la composición corporal, la recuperación y la claridad mental. Todo esto, recalca el doctor Puerma, “solo se da cuando el tratamiento está bien indicado, bien pautado y bien seguido”. 

Cómo se administra y qué seguimiento requiere

Antonio sigue un programa preciso. “En mi caso, cada 8 días me pincho testosterona y todos los días me tomo una pastilla de una hormona que se llama DHEA…” El doctor Puerma explica que no basta con “ponerse una inyección”. “No son decisiones que se tomen en una visita rápida. Requieren evaluación médica, analíticas repetidas, exploración de posibles causas y un plan de seguimiento personalizado”. De hecho, Antonio acude a su endocrino cada tres meses para hacerse análisis y revisiones médicas completas. 

Antes de iniciar este tipo de tratamiento, nos cuenta el doctor Puerma, "se realizan análisis hormonales completos: testosterona total, libre, SHBG, LH, FSH, IGF-1 y exploración del eje hipofisario.Todo esto lleva semanas. Hacerlo bien es tan importante como decidir si tratar o no".

Los beneficios que se notan tras un tratamiento con testosterona

Antonio describe los resultados con honestidad. “Principalmente ha mejorado la composición corporal, el nivel de grasa/músculo, el de grasa visceral, mucho más importante que la grasa superficial, además de un aumento de masa muscular. Por supuesto, hay que entrenar, algo que llevo haciendo desde hace muchísimos años”. 

También subraya mejoras en biomarcadores que le preocupaban, como su prediabetes: “Estaban algo descompensados e iban relacionados con problemas futuros de salud, como puede ser lo de la diabetes, y han mejorado sustancialmente”, añade.

A nivel emocional, Antonio nota la diferencia. “Cuando tienes niveles subóptimos de testosterona, el ánimo también se ve afectado. Y este programa de optimización hormonal ayuda muy positivamente en esa línea a recuperarte”.

La importancia de la personalización

Buscas testoterona en Internet y hay infiidad de webs donde se puede conseguir de manera ilegal, pero no todo vale. Lo primero porque, tal y como advierte el doctor Puerma, "no todos los hombres son candidatos". “Para recibir un tratamiento hormonal, no basta con ‘querer sentirse mejor’ o tener una analítica ‘algo baja’. Se necesita un diagnóstico bien hecho, una historia clínica que lo respalde y una evaluación médica rigurosa”, insiste.

Antonio coincide. “Si un amigo mío se quisiera someter a este tipo de tratamientos le diría, sobre todo, que le recomendaría que recorriera el camino que he recorrido yo, que tiene que ver con la contrastación de mucha información. Que investigue, que consulte a varios especialistas y que no se quede con la parte estética”.

El médico especializado en endrocrimología Joaquín Puerma

Los riesgos de usar hormonas sin indicación médica son reales. “Cuando se administran hormonas sin indicación médica, el cuerpo se desequilibra. En el caso de la testosterona, se suprime la producción interna, lo que puede llevar a infertilidad, atrofia testicular, ginecomastia (crecimiento mamario), inestabilidad emocional y riesgo cardiovascular. Y todo esto, en muchos casos, sin obtener beneficios reales”, detalla el doctor Puerma. 

Por eso, tanto el doctor como el paciente recalcan que es fundamental que el tratamiento sea supervisado por un endocrino y que haya seguimiento continuado.

¿Cuánto cuesta un tratamiento con testosterona?

No es un tratamiento barato y Antonio lo detalla con transparencia. “En el primer año, te puedes llegar a gastar unos 7.000 euros entre costes de hormonación, suplementación y consultas con las respectivas pruebas médicas. Luego, en segundo año, se puede reducir a la mitad el gasto porque ya no son las mismas necesidades”, reconoce. Su idea es seguir con el tratamiento unos 20 años más, así que “si hago un cálculo total, en los próximos 20 años, me podría gastar unos entre 60.000 a 100.000 euros”. Dinero, según relata el paciente, invertido en “salud, prevención y calidad de vida”.

El doctor Puerma refuerza a Divinity que, aunque todo suene muy atractivo, al margen del coste económico, “la buena medicina no promete milagros: ofrece equilibrio, funcionalidad y calidad de vida, cuando hay una base real que lo justifica”.

¿Secreto o salud llevada a los mejores niveles?

Por los malos usos en los gimnasios y los efectos secundarios que puede tener el uso de la testosterona cuando no se lleva a cabo con la supervisión de un buen equipo médico, es un tema controvertido, tanto que se lo tacha de dopaje. Y muchos hombres, llegados a los 50 y que se atreven a dar el paso de tratar sus valores bajos de testosterona, lo hacen en silencio y sin contarlo a su entorno, como es el caso de Antonio. "¿Te incomoda que se le llame dopaje antiedad", le preguntamos. "Bueno, llámalo como quieras. Me quedo más con el resultado de lo que una parte científica y médica importante considera que tenemos que hacer ya a partir de una determinada edad”, puntaliza. 

El caso de Antonio y las palabras del doctor Puerma dejan claro que la testosterona no es una varita mágica ni el elixir de la eterna juventud. Es un tratamiento médico que, cuando se aplica con criterios clínicos, puede mejorar calidad de vida, energía, composición corporal y salud metabólica, pero siempre bajo supervisión profesional y acompañado de hábitos saludables.

Como dice el doctor Puerma, “tratar por tratar nunca es una buena medicina”. Y como refleja Antonio: “la mejor versión de mí mismo hoy por hoy es la de ahora”.