Qué está bien y qué está mal en la Nivea blanca, la hermana de la crema más famosa (la de la lata azul)

La farmacéutica Gema Palacios analiza la crema Nivea Soft. Cedidas
Compartir

La Nivea de la lata azul, que en realidad se llama Nivea Cream, es casi patrimonio de la humanidad. Ha estado en el baño de nuestras abuelas, en el bolso de nuestras madres y en ese cajón en el que todos guardamos cremas para todo. Pero su hermana blanca, Nivea Soft, también tiene una legión de fans: es más ligera, se extiende fácil, huele a limpio y deja la piel suave al momento. "La uso todos los días en la cara", escribía una usuaria en el perfil de Instagram de la firma. La pregunta es si gusta porque hidrata bien o porque la experiencia de usarla es muy agradable.

Para salir de dudas, Gema Palacios, farmacéutica y autora del libro '30 claves para parecer más joven', ha analizado su fórmula con lupa. Y nos ha dado su veredicto.

Lo que sí hace bien la Nivea blanca

“Si miro esta fórmula con ojo farmacéutico, diría que tiene cosas muy bien pensadas y otras que hacen que no me emocione precisamente”, cuenta Palacios. Lo mejor, según explica, es que la Nivea blanca no juega solo a dejar la piel bonita durante cinco minutos. “Combina glicerina, que atrae agua como una esponja, con emolientes como la jojoba o el aceite de almendras, que dejan la piel suave y flexible”.

O, lo que viene a ser lo mismo, es una crema que da sensación de piel cómoda bastante rápido. No va a cambiarte la vida ni reparar una barrera cutánea hecha polvo, pero cumple con lo básico: hidratar, suavizar y quitar tirantez. “Es una crema que da confort rápido, y eso, en un mundo de prisas, ya tiene su mérito”, añade la farmacéutica.

Lo que no le convence tanto sobre Nivea Soft

El problema, para Palacios, llega con esa parte de la fórmula que hace que muchas cremas resulten tan gustosas: el olor, la ligereza, esa sensación de que desaparecen enseguida. “Lo peor es que tiene perfume por un tubo y alcohol denat, que aparece bastante arriba en la lista”, advierte.

Eso no significa que sea una crema prohibida, ni mucho menos. Pero sí conviene saberlo. “En cosmética suele traducirse en una crema que huele bien, se extiende genial y desaparece de la piel como por arte de magia… Aunque la magia no le sienta igual a una piel sin patologías que a una piel que se altera con mirarla”, explica.

Más sensorialidad que efectividad

La Nivea blanca es una crema fácil. Fácil de aplicar, fácil de llevar, fácil de repetir. Por eso Palacios la define como una crema de confort. “No es una fórmula de emergencia para una barrera cutánea rota; es más bien esa crema que te pones y piensas: ‘ah, qué gustito’”.

Y eso tampoco está mal. No todas las cremas tienen que comportarse como un tratamiento intensivo. Algunas solo tienen que dejar la piel suave, funcionar en el día a día y no dar pereza. “Su función principal es hidratar, suavizar y dejar la piel cómoda. Pero su gran baza no es reconstruir, sino hacer que la experiencia de usarla apetezca”, dice la farmacéutica.

Cuándo puede no ser buena idea

La boticaria sentencia: "depende de la piel". “El cuidado de la piel no consiste en usar unas marcas determinadas, sino en encontrar las fórmulas con los ingredientes que tu piel necesita en ese momento”, espeta.

En una piel con acné, por ejemplo, no sería su primera elección. “Lleva ingredientes que pueden resultar demasiado ricos o pesados para una piel con tendencia a obstruirse; si tu cara ya tiene un drama con los brotes de granos, mejor no le añadimos ningún topping extra”, comenta.

Y en pieles sensibles o con la barrera alterada, tampoco sería la opción más tranquila. “El alcohol y el perfume pueden hacer que la piel se queje todavía más. Cuando la barrera no está en equilibrio, la piel necesita calma, sencillez e ingredientes que funcionen. Fin”.

Entonces, ¿blanca o azul?

Frente a la Nivea azul, la diferencia está en la textura y en el uso. “La Nivea azul es el abrigo de invierno: más densa, más oclusiva y más protectora”, explica Palacios. Por eso encaja mejor en manos castigadas, codos, talones o zonas muy secas.

La blanca, en cambio, es otra cosa. “Es más ligera, más fluida y más de uso diario. Es como la chaqueta fina de entretiempo que te pones y no notas tanto, pero hace su papel”. Así que no, la Nivea blanca no es la mala de la película. Pero tampoco es la crema que elegiría una piel sensible, acneica o alterada. Es, más bien, una hidratante agradable para pieles normales que quieren confort rápido y cero complicaciones.