Álex Docampo, dermatólogo: “Si te pones autobronceador, a tu piel le pasa lo mismo que a un filete cuando lo asas”

Con el buen tiempo vuelven los vestidos, las piernas al aire y las ganas de tener color. Así funciona realmente el autobronceador sobre la piel
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Estar ‘taneada viva’, como diría Fabiana Sevillano, en este momento del año, se convierte, en muchos casos, en casi una obsesión. Por fin hace bueno, apetece estrenar vestido, volver a las faldas, sacar las camisas blancas, ponerse sandalias y llevar colores más claros. Pero la piel sigue en modo invierno y el autobronceador es el más fiel aliado de muchas mujeres (entre ellas, dicen, de la reina Letizia).
Y es que, para quien no quiere tomar el sol, el autobronceador es un truco rápido. No hace falta sol, no hace falta playa y no hace falta esperar a agosto para tener ese tono dorado que cambia bastante cómo queda la ropa. Pero lo curioso es lo que pasa realmente en la piel cuando lo usamos. El dermatólogo Álex Docampo lo explica en su cuenta de Instagram con una frase que se queda grabada: “Si te pones autobronceador, a tu piel le pasa lo mismo que a un filete cuando lo asas”.
El autobronceador no te pone morena como el sol
Lo primero que conviene tener claro es que el autobronceador no broncea en el sentido clásico. No activa la melanina como ocurre cuando nos exponemos al sol. Lo que hace es colorear la parte más superficial de la piel.
La responsable es la dihidroxiacetona, más conocida como DHA. “Los autobronceadores llevan una sustancia llamada dihidroxiacetona que causa en tu piel la reacción de Maillard”, explica Docampo. Esa reacción es la misma que hace que una tostada se dore o que la carne cambie de color cuando se cocina.
En la piel, la DHA reacciona con proteínas y aminoácidos de la capa córnea, que es la zona más externa. De esa reacción se forman unas moléculas llamadas melanoidinas, que son las que dan ese tono más oscuro.

Por eso el color tarda unas horas en aparecer. Y por eso tampoco se va en cuanto te duchas. No es como un maquillaje corporal que se retira con agua y jabón. El tono se queda unos días porque se ha formado en la superficie de la piel y se va perdiendo poco a poco, según la piel se renueva. De hecho, si te exfolias, ese moreno de autobroceador se acaba yendo.
Por eso a veces queda precioso y otras, regular
Cuando queda bien, el autobronceador es maravilloso. Te ves mejor sin haber hecho gran cosa. Las piernas parecen más bonitas, la piel se ve más uniforme y hasta los vestidos claros sientan distinto, aunque la realidad sea que has estado en la oficina y de recados y la playa ni la has olido desde el verano pasado.
Pero también tiene su parte delicada. Si la piel está seca, si hay zonas con más células muertas o si lo aplicamos deprisa, puede quedar irregular. Codos, rodillas, tobillos, nudillos y manos suelen ser los grandes delatores.
Por eso funciona mejor cuando se prepara la piel. Una exfoliación antes, hidratación en las zonas más secas y paciencia al aplicarlo. No se trata de ponerse media botella para amanecer con color de vacaciones en Punta Cana, sino de subir uno o dos tonos de forma creíble. También ayuda lavarse bien las manos después o usar manopla, porque si no aparecen esas palmas anaranjadas que gritan autobronceador desde lejos.
El error es creer que ese color protege
Aunque el autobronceador sea una buena alternativa para verse con mejor color sin tomar el sol, ese moreno no protege de nada. Se ve como bronceado, pero no funciona como una defensa frente a la radiación solar. “Ese moreno artificial no protege contra la luz del sol”, advierte Alex Docampo. Es decir, no evita quemaduras, no sustituye al SPF y no prepara la piel para la playa. “Si piensas que con el autobronceador puedes ir a la playa sin protector solar porque ya estás morena, puedes tener importantes quemaduras”, concluye el dermatólogo.

