Verdades y mentiras sobre cuántas veces hay que reaplicar la crema solar, según una dermatóloga

La dermatóloga Elena Martínez Lorenzo aclara cuándo hay que renovar el SPF, cuánta cantidad usar y qué formatos sirven de verdad
El protector solar con color guarda un secreto: protege más de las manchas que los tradicionales
Hay una frase que repetimos cada verano como si fuera una tabla de multiplicar: la crema solar hay que reaplicarla cada dos horas. Y sí, es una buena norma. Fácil, práctica y bastante útil cuando estamos en la playa, en la piscina o todo el día de aquí para allá. Pero también conviene entenderla bien, porque no significa que a los 120 minutos el protector solar deje de funcionar de golpe.
“La recomendación de reaplicar el protector solar cada dos horas es una guía útil, pero no significa que el filtro deje de funcionar exactamente al cumplirse ese tiempo”, explica Elena Martínez Lorenzo, dermatóloga y portavoz de CeraVe. Lo que pasa es más simple: la crema se va perdiendo. “Con el paso de las horas, el producto va desapareciendo de la piel por el sudor, el roce con la ropa o las manos, el sebo y los movimientos naturales del rostro”. Vamos, que el SPF no desaparece por arte de magia, pero no es tan efectiva pasado un rato.
Verdad: si estás al sol, hay que reaplicar
En la playa, en la piscina, en una terraza larga o haciendo deporte, la regla de las dos horas tiene todo el sentido. “El fotoprotector hay que renovarlo cada dos o tres horas porque va perdiendo efecto conforme pasa el tiempo”, apunta la dermatóloga. “Se va eliminando de la piel y deja de formar una capa uniforme, por eso no funciona igual que al principio”.

Mentira: si uso SPF50, ya estoy protegida todo el día
Esta es una de las grandes trampas. Elegir un SPF50 está muy bien, pero no convierte la crema en un escudo eterno. “Es un mito”, dice Martínez Lorenzo. “El SPF50 indica el nivel de protección que ofrece el producto cuando se aplica correctamente, no la duración de esa protección”.
Y aquí llega otro problema: casi nadie se pone la cantidad que debería. “El SPF indicado en el envase se calcula aplicando 2 mg por cm² de piel”, explica. En la cara, eso equivale “a dos líneas de producto sobre los dos primeros dedos de las manos o alrededor de una cucharita de café”. Si ponemos menos, protegemos menos. Así de fácil.
Verdad: después del baño toca renovar
Aunque el envase diga resistente al agua. “Ninguna crema es completamente waterproof”, recuerda la dermatóloga. Por eso hay que reaplicar después del baño, después de sudar mucho, tras secarse con una toalla o si ha habido roce continuado con gorras, cascos, mascarillas o ropa.

También cuenta ese gesto tan típico de verano: secarse la cara, pasarse la mano por la frente, colocarse las gafas veinte veces. Todo eso va moviendo el producto.
Mentira: en ciudad no hace falta
No hace falta reaplicar igual que en la playa, pero tampoco conviene confiarse. “Dependerá del tiempo de exposición, la intensidad de la radiación solar y de si el protector sigue intacto sobre la piel”, señala Martínez Lorenzo.
Y ojo con las ventanas. El cristal bloquea prácticamente toda la radiación UVB, pero deja pasar buena parte de la UVA, relacionada con el fotoenvejecimiento y también con el cáncer cutáneo. Si trabajas muchas horas junto a una ventana con sol directo, reaplicar puede tener sentido.

Cómo reaplicar sin cargarte el maquillaje
Aquí gana el sentido común. Si no llevas maquillaje, lo más fiable sigue siendo la crema. Si vas maquillada, los sticks solares son muy cómodos para nariz, pómulos, frente o labio superior. Los solares con color también ayudan porque protegen y retocan a la vez.
Las brumas son prácticas, pero no la panacea. “Pulverizar durante uno o dos segundos suele ser insuficiente”, advierte la dermatóloga. Hay que aplicar cantidad suficiente y repartir bien. Los polvos solares, mejor dejarlos para controlar brillos o hacer un retoque, pero no como única protección
