Bodas de famosos

Aciertos y errores de la boda de Makoke y Gonzalo Fernández

Makoke se casó por fin y le dio una paliza salvaje a su tarta anticipándose al enojo que le provocarían los ríos de tinta que correrían contra ella por su peculiar boda

Anita Matamoros, Makoke y Marta López, en la boda de Makoke y Gonzalo. Instagram @anitamatamoros, Telecinco e Instagram @martalopeztv

Periodista, analista de moda y autor del blog ‘Divin@s’.

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Peculiar no siempre es un adjetivo positivo. Voy a intentar ser totalmente objetivo, después de todo lo que se ha dicho y poco bueno de esta ceremonia en su conjunto y más allá de la paliza endemoniada que la novia, poseída por el espíritu de la mismísima chica de la curva, sometió al pastel nupcial.

Aciertos

1. La novia en su vestido ceremonial. El único que podía gustarme de este enlace. No solo por gusto personal, no trata de eso esta columna y bien lo sabéis, sino por el puro protocolo de moda observando el tipo de boda que era en ese entorno ibicenco del atardecer en el Hotel Hacienda Na Xamena.

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Estaba romántica y favorecida, con su escote Bardot, su vestido silueta clásico en blanco crema, su melena suelta con ondas y velo en cola, y su ramo divino.

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2. El novio. En ese mismo entorno, entre los ocres del atardecer y las piedras de ese altar que mira al mar en Na Xamena en contraste con la cal blanca que conforma la Hacienda, él estaba guapo con su simple sastre en beige, camisa blanca y sin corbata.

3. Pelayo Díaz y su sastre natural, tan ad hoc a esta boda.

4. El verde mint fluido de Arantxa de Benito.

5. El lugar en el que se ubica la Hacienda, en esa Ibiza abrupta, dulzona y cálida entre el azul del mediterráneo, el verde de los pinares y el cantar de las chicharras.

Hasta aquí todos los aciertos de esta boda. Y que nadie se queje que me la esperaba peor.

Errores

1. No, no podía empezar con otra cosa que ese tema del que todo el mundo habla y habla hasta el escarnio desde hace días. No sabemos qué tipo de posesión sufrió la novia pero el despiece a hachazos impulsivos, como de descuartizador en permiso penitenciario, fue tan horrible que entiendo los ríos de tinta y los comentarios públicos. ¡Sigo sin explicármelo!

2. No entendí, ya lo siento por Juan Vidal que me encanta en nuestro circuito de moda España, ese segundo vestido nupcial, que parecía una salto de cama de los que usan las novias en el making of de su sesión de maquillaje y peluquería previo al enlace. Pues eso, que se me quedó en una bata ligera más que en un vestido ibicenco, que supongo que era la intención inicial. Y el error radica en eso precisamente y no en el vestido en sí.

3. Anita Matamoros se empeña muchas veces en que los vestidos la engullan. Y eso pasó con este floral de volantes rizados en un escote que quería ser halter pero que tan solo fue un exceso de volumen y tejido que le comieron el rostro en vez de potenciarlo.

4. Marta López usó el moreno de su piel, que ya no es bronceado sino marrón tintanlux, para camuflarse dentro de su vestido que además me parecía más de red carpet que de boda ibicenca. Y todo junto, ya lo siento, me parecía eso, un marrón. A pesar de estar cañón de body.

5. El satén rojo de Marta Torné igual me habría gustado en otra boda aunque no me mate nunca de gusto el rollo crop, pero en esta ceremonia tan ligera con un novio e invitados en tejidos fresh y sin corbatas ni etiquetas me parecía demasiado brillo.

6. Fuera de los looks de la propia boda estaba el vestido playero de la novia, muy blanco algodón ibicenco con blondas, pero era de esos looks que según quien se lo ponga queda como una oda fresca a junio en el Mediterráneo o en la versión Makoke ni tan natural, ni tan fresco, sino para ahogarse en el Mediterráneo. Por decirlo fino.

7. Nos quedamos con las ganas de ver ese tercer vestido de la novia que Pelayo Díaz explicó y que formaba parte de una colección de 1966 que llamada “Doce vestidos imposibles creados con materiales poco llevables”. Solo de imaginarlo ya me da el parraque.

Y yo me pregunto, para terminar con buen humor, qué se habrían puesto de modelitos la guapa Laura Matamoros y mi querido compi de aventura hondureña Diego Matamoros si hubiesen ido a este enlace en representación de su padre Kiko. Don Francisco Matamoros en esos momentos, las cosas del destino, estaba entrando en quirófano para volver a echar atrás el tiempo de su reloj biológico.

¿Qué es la vida sin la chispa de la ironía?