Mónica Pont y su feliz menopausia: “Tengo 55, pero parezco de 40; ahora las cosas son distintas”
Mónica Pont es una actriz a reivindicar. No solo por su evidente talento artístico, sino también por su innata capacidad de reinvención. La conocimos en los años 90 de la mano de Lina Morgan en ''Hostal Royal Manzanares ' y, desde entonces, parece haber vivido mil vidas: regresó a primera línea tras un retiro de más de una década, ha luchado por el amor de su hijo, se ha forjado una carrera en el continente americano y ahora se reinventa como empresaria teatral. Sobre la menopausia, la maternidad y su trayectoria profesional ha hablado con Divinity.

Mónica, hace unos meses que no te vemos en los medios, y hay una buena razón: estás ocupada en una faceta inédita… ¡la de empresaria teatral!
Así es. Llevo un año trabajando en un proyecto que por fin está firmado. Se trata de la obra de teatro Sofocos, que habla de la menopausia sin tapujos. No es la que se representó hace diez años, es la versión de 2026, porque ahora la menopausia es distinta. Se llama Sofocos IA y va a ser muy divertida: incluye números musicales, vestuario de Ágatha Ruiz de la Prada… ¡además participa Fernando Esteso a través de vídeo! Fue su último trabajo antes de fallecer.
Parece una obra muy atractiva. ¿Cómo estás viviendo tú la menopausia?
¡Pues estupendamente! Tengo 55 años y parezco de 40, y no veas el éxito que tengo con los jovencitos. De hecho, en la obra tengo un monólogo muy divertido en el que hablo de ser una MILF. Hoy en día las mujeres contamos con una medicina y una tecnología que nos permiten vivir esta etapa de otra manera. Por eso los sofocos son con IA, porque ya no son tan sofocos… En la obra hablamos del sexo en la madurez, de cómo son las relaciones entre nosotras…

¿Cómo afrontaste ese momento clave en la vida de una mujer
Lo viví de una manera muy peculiar. Cuando tenía 40 años me descubrieron dos teratomas en los ovarios y me vi abocada a adelantar el proceso. Desde el primer momento me hormonaron y sigo con ese tratamiento.
Con esta nueva faceta como empresaria teatral, ¿pones en pausa tus proyectos en México?
¡En absoluto! En el momento en que entré en el mercado mexicano me convertí en actriz internacional y no pienso abandonarlo. Acabo de grabar una serie con Televisa titulada Historias de salón, destinada al mercado estadounidense. No creo que vuelva a vivir en México por razones de seguridad, pero tengo claro que no voy a abandonar mi carrera allí.
Tiene lógica, porque allí se te respeta de una manera más profesional
Mira, en México soy actriz. Una actriz respetada a la que le importa un pimiento su vida privada. En España soy actriz, pero también personaje público. Con el tiempo he aprendido a aceptarlo. Esa faceta te permite tener mesa en todos los restaurantes… ¡y no voy a quejarme por eso! (Ríe).

La aventura mexicana salió bien, pero llegaste huyendo de una mala racha, ¿no es así?
Totalmente. Me fui a México escapando de un año desastroso. Con la pandemia aquí no había trabajo. Además, estaba pasando una mala racha en la relación con mi hijo y sentía que no tenía nada que perder. Contraté un representante allí, empecé de cero y me puse a hacer castings nada más aterrizar. Fue llegar y besar el santo: enseguida me salió el papel en la serie de Luis Miguel y, a partir de ahí, todo vino rodado.
Le echaste mucho valor, y además no era la primera vez que partías de cero…
No sé hacer las cosas de otra manera que no sea con valentía, y por eso ahora también soy empresaria teatral. Pero es cierto: no fue la primera vez que tuve que reconstruir mi carrera. Me casé en lo más alto de mi popularidad y cometí el error de retirarme por deseo de quien entonces era mi marido. Cuando me divorcié, me vi en la calle, sin dinero, y comprobé que la industria se había olvidado de mí. Me reinventé y empecé a hacer televisión y programas. ¡Las facturas hay que pagarlas!
Y lo peor fue que te separaron de tu hijo, una experiencia que te llevó a escribir un libro que ha ayudado a muchos padres.
Fui víctima de lo que se llama alienación parental, que básicamente consiste en que uno de los progenitores intoxica la opinión de los hijos y los pone en tu contra. Fue muy duro, porque yo quería a mi hijo con toda mi alma, era buena con él, y aun así no quería saber nada de mí.

¿Cómo conseguiste que se obrara el milagro?
Dedicándome a mí misma. No puedes estar incordiando, empezando guerras ni mendigando atención, porque consigues el efecto contrario. Me prioricé y esperé. Quité todas las fotos, todos los recuerdos, cerré su habitación con llave… Me ocupé de mí. Dejé de sufrir y, al mismo tiempo, le di alas para que volviera a mi lado.
¿Recuerdas cómo fue ese momento?
Imposible olvidarlo. Yo estaba en México, era muy temprano por la mañana y aquí, por la diferencia horaria, sería ya por la tarde. Vi que me llamaba y me puse muy nerviosa; tardé en contestar porque además tengo la voz muy ronca al despertarme. Cuando respondí, me preguntó si estaba en México y me dijo que había pensado en venir a visitarme. ¡No me lo podía creer! Le dije que, por supuesto, y le organicé un viaje de buceo inolvidable: nos fuimos hasta Bora Bora, con parada en Los Ángeles.
¿Y desde entonces?
¡Hasta hoy!
El año pasado viviste otro conflicto familiar con tu madre y tu hermana. ¿Cómo está ese tema ahora?
Estoy en paz porque arreglé las cosas con mi madre. Con mi hermana es distinto, pero con mi madre he hecho las paces. Me pidió perdón por ir a platós a hablar mal de mí y, por supuesto, la he perdonado. Es una mujer mayor.

Todo parece encajar, y además estás enamorada.
Sí, estoy viviendo un 2026 muy bueno para compensar épocas malas. Estoy con mi pareja, el empresario Víctor Prat —expareja de Elsa Anka—, muy bien y muy enamorada.
Se publicó que le habías quitado el novio a Elsa Anka…
No es así. Yo empecé con Víctor cuando él ya había roto con Elsa. De hecho, yo fui quien los presentó en su momento. Estas Navidades coincidimos esquiando en Baqueira, le mandé recuerdos para ella y fue cuando me dijo que ya no estaban juntos. Días después volvimos a coincidir en una cena y ahí empezó lo nuestro. Entre Elsa y yo no hay ningún problema.
Pues dicho queda.
¡Así es!
