La decisión de Irene de Grecia de no tener hijos y el motivo por el que renunció a la maternidad
La princesa ha fallecido a los ochenta y tres años sin dejar descendencia: ella misma explicó las razones de no querer ser madre
Así cumplirá la reina Sofía la última voluntad de su hermana, la princesa Irene de Grecia: los detalles del último adiós
Día triste el que se vive en el Palacio de la Zarzuela. Una de las habitantes del mismo desde hace décadas, Irene de Grecia, ha muerto hoy a los ochenta y tres años. La princesa, hermana de la reina Sofía, llevaba un tiempo alejada de la vida pública, sin hacer apariciones desde hacía meses, y su salud se había resentido particularmente en los últimos días, lo que provocó que la emérita decidiese cancelar su agenda para estar junto a ella. Finalmente, el fallecimiento se ha producido esta mañana, a las doce menos veinte, como ha informado Casa Real en un breve texto, confirmando la pérdida.
Mientras se siguen las informaciones repasando la vida de la hermana pequeña de la reina emérita, y se van confirmando los detalles sobre su despedida en Madrid y Atenas, un hecho destaca en esa biografía que se está repasando y analizando en las últimas horas. Apodada cariñosamente como 'tía Pecu', por peculiar, por sus sobrinos, la princesa Irene ha sido, a lo largo de su vida, hija, nieta, hermana y tía de reyes. Pero, a diferencia de la práctica totalidad de la familia real griega, a la que pertenecía, nunca tuvo pareja conocida, ni tampoco hijos.
La razón por la que Irene de Grecia nunca quiso tener hijos
Una circunstancia poco habitual para un miembro de la realeza, sobre la que ella misma habló en alguna ocasión públicamente, consciente de la vida poco convencional que ha llevado con el paso de las décadas. La menor de los tres hijos de los reyes Pablo I y Federica de Grecia comentó que nunca quiso tener pareja ni descendencia porque tenía demasiados intereses, demasiadas inquietudes espirituales e intelectuales y reconocía que, de ser madre, habría querido centrar toda su atención en sus hijos. Para evitar implicarse a medias con ambas facetas vitales, optó por no ser madre. Irene no tuvo hijos por elección, algo ciertamente poco habitual en el contexto de las monarquías europeas, y nunca se mostró arrepentida de esta decisión.
La dedicación familiar y espiritual con la que Irene de Grecia llenó su vida
La princesa prefirió centrar sus atenciones familiares en sus hermanos, la reina Sofía y el rey Constantino de Grecia. También en sus múltiples sobrinos: las infantas Elena y Cristina y el rey Felipe VI por parte de ella; Alexia, Pablo, Nicolás, Teodora y Felipe de Grecia, por parte de él, así como en los hijos de todos ellos, habida cuenta de que se consideraba a sí misma una "amante de los niños". De hecho, debido a su residencia en Zarzuela, era una figura muy presente en las vidas de la princesa Leonor y la infanta Sofía hasta que comenzaron a vivir fuera, pasando también las vacaciones de verano con ella en Marivent.
Al mismo tiempo, Irene se dedicó a varias cuestiones más allá de sus responsabilidades y lazos familiares. Volcada en proyectos humanitarios, con el objetivo de cuidar a los niños y los más desfavorecidos siempre muy presente en sus acciones e iniciativas, la hermana menor de doña Sofía se centró durante décadas a sus inquietudes artísticas, culturales y filosóficas. En este sentido, parte crucial de su vida fueron la espiritualidad oriental, y más en concreto, la filosofía hinduista y el advaita vedanta