La vida lejos de las cámaras de Carlos Lozano en el campo: el pueblo donde vive y su tranquila casa

El presentador cambió los platós por la Sierra Norte de Madrid, donde ha construido una nueva rutina rodeado de naturaleza y animales
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MadridCarlos Lozano vuelve a ocupar titulares gracias a su paso por GH Dúo, donde se ha consolidado como uno de los grandes favoritos de la edición. Su trayectoria en el programa no ha estado exenta de momentos tensos y polémicas, algo casi inevitable en un reality de convivencia, pero lo cierto es que el presentador ha vuelto a conectar con el público. Paradójicamente, mientras dentro de la casa revive la intensidad televisiva que ha marcado más de treinta años de su carrera, fuera de ella lleva ya tiempo apostando por todo lo contrario… Silencio, naturaleza y una rutina completamente alejada de los focos.
En 2022 decidió dar un cambio radical a su vida. Después de décadas ligado a la televisión y tras desprenderse de su espectacular vivienda en Navacerrada, optó por simplificar. Vendió aquella mansión y dejó atrás el exceso para instalarse de forma definitiva en un entorno mucho más discreto. Su actual hogar no es un capricho de fin de semana, sino el centro de su vida actual. Estamos ante una casa de campo funcional, integrada en el paisaje y pensada para disfrutar del día a día con calma.
Una casita en plena naturaleza
El lugar elegido fue El Berrueco, un pequeño municipio situado en la Sierra Norte de Madrid, a apenas media hora de la capital. Allí ha construido una vivienda acorde con su nueva filosofía vital. Nada de grandes lujos ni artificios: espacio suficiente, terreno para sus animales y la tranquilidad que buscaba desde hacía tiempo. Él mismo ha explicado en varias ocasiones que necesitaba ese giro para reencontrarse consigo mismo y priorizar su bienestar. De hecho, en una entrevista que hizo con Bertín en febrero de 2025 habló sobre esta nueva vida rural.

"Tengo mi casita en un pueblo, mis animales, mi granjilla y mis perros. Me he hecho una casita en el campo preciosa. Tengo mi granjilla, mis ovejitas, gallinas, tengo mis animales de compañía y vivo en la naturaleza absoluta y me cuido mucho. Estoy a media horita de Madrid, es un lugar al que yo iba de pequeño. Estoy muy contento, con gente muy normal. Yo me levanto a las seis y media o siete de la mañana, y ya sabes lo que son las ‘granjillas’… Vete por la mañana y por la tarde a dar de comer al ganado porque además es un hobby lo que tengo. Me he hecho ganadero porque me gustan los animales. Tengo 20 ovejas (este año me han parido 16), un porrón de gallinas, palomas y huerto y de todo. Estoy muy feliz pero lleva trabajo. Pero luego llego a mi casa a las ocho y media destrozado, ceno y veo un poco las noticias y a eso de las diez me quedo ‘clapao’. Vivo completamente solo y sin novia, no quiero novia tampoco. Llevo así tres años y estoy feliz".
Su relato dibuja una rutina muy distinta a la que cabría imaginar en alguien acostumbrado a los platós. Madruga, se ocupa del ganado, atiende su huerto y organiza el día en función de las necesidades de su pequeña explotación. Más que una ocurrencia pasajera, lo vive como una auténtica vocación tardía. El trabajo es constante y exige disciplina, pero él insiste en que la satisfacción compensa el esfuerzo.
El Berrueco, su refugio
El Berrueco es uno de esos pueblos que conservan intacta la esencia de la Sierra Norte madrileña. Con vistas privilegiadas al embalse de El Atazar (el mayor de la Comunidad de Madrid), combina naturaleza y patrimonio histórico. Sus calles mantienen el aire tradicional de los municipios de la zona y entre sus puntos más destacados se encuentran la iglesia de Santo Tomás Apóstol, de origen románico-mudéjar, y una antigua atalaya de época andalusí que recuerda la importancia estratégica del enclave siglos atrás.

El entorno es además un destino habitual para senderistas y amantes del aire libre. La Senda del Genaro bordea el embalse y permite recorrer kilómetros de paisaje con vistas espectaculares al agua y a la montaña. En verano, las actividades náuticas y el turismo rural animan la zona, mientras que durante el resto del año el ritmo es pausado, perfecto para quien busca desconectar.
Un vecino más

Aunque su día a día transcurre mayoritariamente entre animales y tareas rurales, Carlos no vive completamente aislado. De vez en cuando se le puede ver en bares y restaurantes del pueblo, donde comparte mesa con amigos y vecinos. Con el tiempo se ha integrado en la comunidad como uno más, manteniendo un perfil bajo y alejándose de cualquier actitud de estrella televisiva. Allí es simplemente Carlos, el vecino que decidió cambiar los focos por el campo.
Sin embargo, su participación en GH Dúo demuestra que no ha cerrado la puerta a la televisión, pero sí ha redefinido su relación con ella.
