Casas de Famosos

Qué fue de la Cabaña de Antonio Flores, el refugio que su madre, Lola, le hizo en El Lerele y que ahora cuida un familiar

Antonio Flores. Getty Images
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En la década de los 80, Lola Flores y Antonio González, 'El Pescaílla', abandonaban el piso en el que residían en la calle de María de Molina y dejaban atrás el bullicio de la capital para instalarse en un chalet de 625 metros cuadrados situado en La Moraleja. Una espectacular casa que pasaría a la historia como El Lerele (un nombre elegido por La Faraona al ser esta canción una de las más icónicas de su carrera) y que se convertiría en el centro de operaciones de la familia Flores.

Esta casa se convirtió en el hogar de la artista y su marido en sus últimos años de vida. La vivienda contaba con un gran jardín en el que el matrimonio mandó construir una cabaña de madera para su hijo Antonio con el fin de tenerle cerca y poder controlar así su salud mientras luchaba contra sus adicciones a la vez que le permitía tener cierta independencia. Este lugar se convirtió en el refugio del artista y allí pasó los últimos días antes de su muerte el 30 de mayo de 1995, que se produjo tan solo dos semanas después de la muerte de su madre, Lola Flores.

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El artista hizo allí hogar. Un lugar donde componía, reflexionaba sobre su futuro y recibía la visita de algunos amigos. Unos amigos que estuvieron muy pendientes de él en los últimos días, en los que, según han contado en 'Flores para Antonio', apenas comía y tampoco dormía. Ahora, casi 31 años después de su muerte y gracias al homenaje que le ha rendido su hija, Alba Flores, en el documental, hemos podido entrar en esa casa que tantos recuerdos guarda y que ya no está ubicada en El Lerele. La casa familiar dejó de pertenecer a la familia en 2018, cuando Rosario, que la había comprado años antes y vivió en ella algún tiempo, decidió venderla por 1,95 millones al no poder hacer frente a los gastos de mantenimiento. Sin embargo, el refugio de Antonio ya no está allí. Nunca ha salido a la luz qué ocurrió con aquella casa, que parece seguir siendo propiedad de los Flores.

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Lola Orellana y su pareja, Cosme, estarían cuidando de la emblemática Cabaña

La Cabaña fue uno de los lugares más importantes en la vida de Antonio Flores y por eso Alba ha grabado parte de su documental en ese lugar tan especial para toda la familia. La esencia de su padre está entre esas cuatro paredes, que guardan grandes recuerdos y una parte de la historia de una de las sagas de artistas más importantes de nuestro país. Allí nacieron canciones que forman parte del imaginario colectivo de los españoles y que se han convertido en himnos. Fue allí donde Ana Villa, la madre de su única hija, vio al artista con vida por última vez y donde este pasó su dolor y el duelo por la pérdida de su madre. Allí pasó refugiado sus últimas dos semanas de vida llorando su muerte. Una muerte que fue incapaz de superar. Durante aquellas dos semanas, tan solo salió para dar su último concierto, celebrado el 27 de mayo en Pamplona ante unas 2.000 personas. Tras esa actuación, que dedicó a su madre, regresó a su Cabaña, donde falleció tan solo tres días después.

Aunque la familia nunca ha dado detalles sobre lo que hicieron con el refugio de Antonio tras la venta de 'El Lerele', en los créditos finales de 'Flores para Antonio' hay una significativa frase de Alba Flores que indica que sigue en manos de la familia, que no se habría desprendido de ella en estos años. Aunque podría ser que hubieran pedido permiso para grabar en ella, lo cierto es que el agradecimiento de la única hija del artista pone de manifiesto que es su prima Lola, la hija mayor de Rosario, y su pareja, quiénes estarían cuidando de este lugar tan especial para todos ellos. "A mi prima Lola, y también a Cosme, por cuidar de la Cabaña y llenarla de vida", ha escrito Alba en sus agradecimientos.

Ellos parecen ser los encargados de cambiar el significado de ese lugar. Aunque ni durante el documental ni durante esos créditos finales se indica dónde estaría ahora ubicada, en las redes sociales de Cosme podemos ver que algunas imágenes de la Cabaña. Las paredes de madera y una lámpara que también vemos en una de las últimas escenas del documental delatan que se trata de la misma propiedad que en su día fue del tío de Lola Orellana, que estaría, además de cuidando del lugar, creando nuevos recuerdos. Unos recuerdos que, aunque no borren la tragedia ocurrida, sí que le dan un nuevo sentido y una nueva vida a un lugar que durante años ha sido el símbolo del desconsuelo, la tristeza y la pena de un alma especialmente sensible como la de Antonio Flores.

Así era la Cabaña de Antonio Flores

La Cabaña fue un lugar muy significativo en la vida de Antonio Flores. Su madre, Lola Flores, la mandó construir a finales de los 80 para intentar tener a su hijo protegido y sus momentos más difíciles de la lucha contra sus adicciones. Se trataba de una casita modesta de madera de unos 70 metros cuadrados que estaba situada frente a la piscina. Allí el artista podía hacer su vida de una forma independiente pero bajo la atenta mirada de su madre, que siempre estuvo muy pendiente de la salud de Antonio.

Según ha trascendido, esa pequeña casa tenía un amplio salón donde el artista se podía encontrar con sus amigos y su familia, un dormitorio y un pequeño estudio en el que podía componer y grabar nuevos temas. Ahora, ese espíritu artístico sigue estando muy presente entre las cuatro paredes de esa pequeña casa que el músico tenía llena de fotos y collages con imágenes de sus amigos. Cosme, la pareja de Lola Orellana, también se deja llevar por su inspiración en esta cabaña de la que ahora sabido que ellos cuidan con cariño manteniéndola como una parte fundamental del legado familiar. La música vuelve a sonar en la Cabaña.