Decoración

La mejor distribución para montar un dormitorio infantil, según una interiorista y una profesora: "Sin normas"

El método Montessori es ideal para los cuartos de los más peques
El método Montessori es ideal para los cuartos de los más peques. Cru e nu
Compartir

MadridDiseñar un dormitorio infantil va mucho más allá de elegir una cama bonita o una pared con papel pintado. Cada vez son más los padres que buscan crear espacios que acompañen el desarrollo de sus hijos, que sean prácticos en el día a día y, además, tengan ese punto estético que vemos en Instagram. Pero, ¿por dónde empezar? Para resolver dudas, hablamos con dos voces expertas: la interiorista Marina Ruiz y Cristina García, profesora y divulgadora del método Montessori. Ambas coinciden en algo, y es que la distribución lo es todo.

PUEDE INTERESARTE

Porque sí, antes de pensar en colores o textiles, hay que plantear bien el espacio. “Un dormitorio infantil no debería diseñarse como una versión en miniatura de uno de adulto, sino como un entorno adaptado a su forma de vivir y de aprender”, explica Marina. Y ahí es donde entran en juego zonas bien definidas, mobiliario a su altura y, sobre todo, sentido común.

PUEDE INTERESARTE

Espacios diferenciados, pero conectados

Una de las claves que más repiten ambas expertas es la importancia de dividir el dormitorio en pequeñas zonas. Una de descanso, otra de juego y, si la edad lo permite, aprendizaje. No se trata de levantar paredes, sino de organizar visualmente el espacio. “La distribución ideal es aquella que permite al niño entender qué se hace en cada lugar sin necesidad de normas constantes”, señala Cristina y añade que, desde la perspectiva Montessori, esto es fundamental para fomentar la autonomía.

La interiorista coincide. “Podemos delimitar áreas con alfombras, cambios de iluminación o incluso con la disposición de los muebles. No hace falta tener una habitación enorme, sino saber aprovecharla bien”. Por ejemplo, la zona de descanso debería estar lo más despejada posible, sin exceso de estímulos, mientras que el área de juego puede ser más flexible y creativa.

Muebles a su altura (y a su ritmo)

Si hay un punto en el que Montessori ha influido claramente en la decoración infantil es en el uso de mobiliario adaptado a los niños. Nada de estanterías imposibles o camas altas. “Cuando todo está a su alcance, el niño no depende del adulto constantemente. Eso refuerza su autoestima y su capacidad de decisión”, explica la maestra. Esto se traduce en camas bajas o a ras de suelo, estanterías abiertas y accesibles, y armarios donde puedan elegir su ropa sin dificultad.

Marina añade un matiz importante. “No solo es práctico para ellos, también lo es para los padres. Un espacio bien pensado evita desorden y facilita las rutinas”. Además, apostar por muebles evolutivos puede ser una buena inversión a largo plazo, ya que acompañan el crecimiento del niño sin necesidad de cambiar todo el dormitorio cada pocos años.

Menos es más

Aunque pueda parecer lo contrario, un dormitorio infantil no debería estar saturado de juguetes, colores y estímulos. De hecho, ambas expertas recomiendan simplificar. “El exceso de objetos genera sobreestimulación y dificulta la concentración y el descanso”, advierte García. Por eso, propone rotar los juguetes y dejar a la vista solo una selección. Una cuestión que Ruiz lleva al terreno estético comentando que “un espacio más limpio no solo es más bonito, también transmite calma. Y eso influye directamente en cómo se sienten los niños”.

Esto no significa renunciar a la personalidad, sino elegir bien qué elementos tienen protagonismo. Un papel pintado especial, una lámpara con diseño o textiles bien escogidos pueden marcar la diferencia sin necesidad de recargar.

La importancia de la luz

Otro aspecto clave es cómo se mueve el niño dentro de la habitación. La distribución debe permitir una circulación fluida, sin obstáculos. “Es importante que el niño pueda desplazarse con libertad y seguridad. Evitar esquinas peligrosas o muebles que entorpezcan el paso es básico”, apunta la interiorista.

La luz natural también juega un papel fundamental. Siempre que sea posible, la zona de juego o lectura debería situarse cerca de la ventana. “La luz influye en el estado de ánimo y en la capacidad de atención, algo que muchas veces se pasa por alto”, añade Cristina. Por la noche, una iluminación cálida y regulable ayudará a crear un ambiente más relajado, ideal para las rutinas de sueño.

Un espacio que evoluciona con ellos

Si hay algo en lo que ambas expertas insisten es en que el dormitorio infantil no es estático ya que cambia (y debe hacerlo) con el niño. “No tiene sentido hacer una habitación ‘perfecta’ si en dos años ya no responde a sus necesidades”, dice Ruiz. Por eso, recomienda optar por una base neutra y flexible, que permita pequeñas modificaciones con el tiempo. García lo resume desde el enfoque educativo: “El entorno es un reflejo del momento vital del niño. Adaptarlo es una forma de acompañarle en su desarrollo. No se trata de crear el dormitorio más espectacular, sino el más coherente”.