Decoración

Pilar Soto, interiorista, sobre cómo adaptar la iluminación en casa para la entrada del otoño: "Es clave"

Una buena iluminación hace que la casa cambie completamente. Instagram
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MadridTodavía no hace suficiente frío para encender la calefacción, pero a media tarde ya buscamos el interruptor para evitar la penumbra. Y es que no cabe duda de que la llegada del otoño ya empieza a notarse dentro de casa: perdemos horas de luz natural y recuperamos lámparas que durante el verano apenas utilizábamos. Es entonces cuando descubrimos zonas demasiado oscuras o bombillas con una luz poco apetecible. Pero ojo, no siempre es necesario comprar una lámpara nueva. A veces basta con cambiar una bombilla, orientar una pantalla o mover el rincón de lectura hacia la ventana.

La interiorista Pilar Soto recomienda observar primero qué ocurre en cada habitación al caer la tarde. "Solemos encender todas las luces por costumbre, sin preguntarnos si realmente las necesitamos. Para mí, esa es la clave: decidir qué queremos hacer en la habitación y encender únicamente la luz que nos ayude a hacerlo", explica.

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La casa también puede perseguir al sol

La luz natural cambia a lo largo del año. En otoño los rayos entran con otra inclinación y algunas zonas pierden claridad antes de tiempo. Por eso, Pilar propone revisar la distribución antes de recurrir a la luz artificial. "Si trabajas desde casa, quizá te interese acercar el escritorio a la ventana durante estos meses. También podemos trasladar el sillón en el que leemos o recoger las cortinas durante las horas centrales del día. Son movimientos muy sencillos que permiten aprovechar un poco más el sol", señala.

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Las cortinas tupidas, los muebles altos o unas plantas muy frondosas pueden impedir que la luz avance. También conviene prestar atención los espejos. Bien colocados llevan claridad hacia el interior, pero si reciben el sol directamente pueden producir reflejos incómodos.

No todas las bombillas sirven para lo mismo

La caja de una bombilla incluye varios datos y la potencia no es el más importante. Elegir bien evita que una estancia pensada para descansar termine pareciendo una consulta. "En las zonas de descanso elegiría una tonalidad cálida. Para cocinar, maquillarse o trabajar podemos recurrir a una luz algo más neutra, siempre sin pasarnos. Una bombilla muy blanca no ilumina mejor por el simple hecho de parecer más intensa", aclara Soto.

La lámpara debe acompañar la actividad

Una luz general puede servir para entrar en una habitación o recogerla, pero no siempre para pasar varias horas. Leer, cocinar, trabajar o ver una serie plantean necesidades diferentes. Lo importante es acercar la iluminación al lugar de la actividad. Una lámpara de lectura debe proyectar la luz sobre las páginas y no sobre los ojos. Por otro lado, en el escritorio, lo ideal es colocarla de manera que nuestra propia mano no produzca sombra.

Para ver la televisión, en cambio, resulta más cómodo mantener una iluminación suave detrás o a un lado de la pantalla que sentarse completamente a oscuras. "Un error habitual es escoger la lámpara por su diseño y pensar después dónde ponerla. Yo lo haría al revés: primero hay que decidir qué rincón queremos iluminar y para qué vamos a usarlo. Después buscamos un modelo que cumpla esa función y, además, nos guste", apunta la interiorista.

Regular en lugar de encender y apagar

La interiorista también hace referencia a los reguladores de intensidad, muy útiles cuando los días se acortan. Permiten utilizar una luz más potente al principio de la tarde y reducirla al descansar. Además, algunas bombillas ofrecen varios niveles o cambian de tonalidad sin instalar un sistema domótico complejo.

En los recibidores, pasillos o zonas de paso también pueden resultar prácticos los sensores y temporizadores. Evitan buscar el interruptor al entrar cargados y reducen el tiempo que las luces permanecen encendidas sin que haya nadie. Si las bombillas son antiguas, sustituirlas progresivamente por modelos LED ayudará además a reducir el consumo.

Por último, Pilar aconseja dedicar una tarde a probar antes de comprar. Apagar la luz principal, encender las lámparas por separado y comprobar si aparecen sombras o reflejos suele dar bastantes pistas. "La iluminación funciona cuando dejamos de pensar en ella. Si podemos leer, cocinar o descansar sin forzar la vista y sin sentir que falta o sobra luz, hemos dado con la solución", concluye.