Andrea Rodríguez, pareja de Pablo Ráez: “La muerte no es triste, lo triste es no saber vivir”

divinity.es 12/03/2019 18:26

Andrea vive en Marbella y, aunque lleva en Málaga desde bien pequeña, no tiene gota de acento (nació en Zaragoza). Es una persona que sonríe mucho, habla con voz pausada y que transmite muchísima paz: de esa gente que conoces y a los 5 minutos ya te entran ganas de ser su amiga. Andrea cree en las señales y que todo pasa por algo. Por ejemplo, cuando su tía murió, algo cambió dentro de ella y se adentró en el mundo del Yoga y la meditación y se formó en ello a la vez que estudiaba Bellas Artes. Años después, con 26 conoció al deportista Pablo Ráez (él tenía 19), que acudió a una de sus clases de Yoga y entonces, como diría una canción de Zahara se produjo entre ambos un "inesperado y pequeño Big Bang". La conexión fue instantánea e intensa, de esas que al principio asustan (Pablo le llegó a pedir matrimonio al poco de conocerse). Ahí lo tenéis, todo pasa por algo: la muerte de su tía > el clic interno > el Yoga y la meditación > Pablo. "Una cosa lleva a la otra para que, en el momento perfecto encuentres a la persona perfecta con las palabras perfectas y ocurra lo que tiene que ocurrir", explica tranquila.

Dos años después de la muerte de su pareja, y a punto de que se salga un documental hecho por su padre y su tío "donde se demuestra que era un auténtico influencer desde pequeñito", la vida de Andrea y sus proyectos continúan (proyectos que nunca dejó de lado, por cierto): Pablo > el viaje a la India > escribir este libro > su proyecto personal en el Sáhara. Su historia con él le sirvió para preguntarse qué quería vivir y cuáles eran sus sueños. Desde entonces, Andrea se ha planteado vivir una vida con significado en la que cada día cuente y sume, y de eso también va el libro.

¿Qué ha sido lo que más te ha costado y lo que menos de escribir este libro?

Lo que más ha sido recordar vivencias que no quería recordar y, lo que menos ha sido darle el mensaje al libro, porque es algo que tenía muy claro: quería compartir algunos textos de Pablo, algunas entrevistas y quería transmitir el mensaje de amor, esperanza, de solidaridad y de superación. Al final, el protagonista es Pablo, que se hizo famoso al conseguir el récord en donaciones de médula, algo que no se había conseguido con ninguna campaña hasta ese momento (duplicando por mil las donaciones).

¿Y qué te ha costado más: escribirlo o las entrevistas de presentación en las que se remueve de nuevo vuestra historia?

(Sonríe y suspira) Bueno, escribir el libro para mí ha sido un parto y lo digo un poco en broma. Ha sido doloroso, pero cuando luego nace el niño (el libro), ese dolor se ha compensado por tanto amor que he recibido.

En el tema de las entrevistas, es verdad que hay una parte de mí que se incomoda porque es como: “¡yo no tengo que ser la protagonista de eso!”. El fin de esto, y mi proyección, es cerrar el círculo con el libro, para que quede un mensaje de amor y que no sea una historia triste, que era lo que él quería. Poco a poco yo iré desapareciendo porque mi proyecto está en el desierto del Sáhara donde hago retiros de Yoga y meditación, biodanza, trabajo mucho con la música bereber de allí… Entonces mi proyección va a ser al final desaparecer entre las dunas del Sáhara (ríe).

Oye, ¿y por qué decidiste hacer un libro?

El por qué tiene dos fases: en primer lugar, y como te he comentado, ver esos textos en papel porque se pueden perder en el tiempo y en Internet, sobre todo las entrevistas (que me parecían importantes). No sé si algún día borrarán sus redes sociales, y por eso yo quería que se quedara en papel...

El primer año para mí fue como un momento de introspección y la escritura fue una forma de “lamer mis heridas”, de sanar y de ver lo que había ocurrido. Y el segundo año, que empecé a viajar y abrirme un poquito más al mundo, hice una entrevista para el aniversario de Pablo y entonces me escuchó alguien de Planeta y me llamaron para proponerme un libro. Yo les respondí que tenía bastantes cosas escritas. ¡Me gustó mucho el proyecto y lo cogí!

Me ha llamado la atención lo de las redes sociales de Pablo (que ahora siguen abiertas), ¿os habéis planteado borrarlas?

No lo sé, yo no puedo... La familia, en concreto creo que es el padre el que tiene todas las claves, no sé si algún día decidirá borrarlas.

Cuando anunciaste el libro en redes sociales fue superbien acogido. Ahora que ya lo has lanzado, ¿qué ‘feedback’ estás recibiendo por parte de la gente?

Cuando envié el borrador y me lo devolvieron corregido, se lo envié al padre de Pablo. Él me dio la enhorabuena y le encantó… Para mí todo lo que venga es añadido porque yo no tenía expectativas y estoy recibiendo muchos mensajes de gente que se lo está leyendo en una noche, en una tarde, que se están enganchando, que le está ayudando y que, cuando terminan de leerlo les cambia la vida… ¡Te juro que no había puesto esa expectativa! Sabía que iba a ser bonito porque lo he hecho desde mi corazón, pero está siendo increíble y no tengo palabras. Y ya me han dicho desde la editorial que iban por la segunda edición, así que está siendo una acogida muy bonita y estoy muy feliz.

Entonces a la familia de Pablo también le ha gustado el libro...

Como te decía, la llamada de su padre fue impresionante. Creo recordar que me dijo: “ni una palabra más, ni una palabra menos: ha sido perfecto”, y le ha gustado mucho. Además, todo siempre ha sido con filtro, todo lo he consultado antes y todo es con el apoyo de su familia, porque para mí lo más importante es que fuese un libro muy respetuoso y que fuese en honor a Pablo y a su familia. Yo he podido superar esto gracias también al apoyo de su familia.

Dani Rovira, otro malagueño que acabó convirtiéndose en amigo, ha escrito el prólogo. ¿Por qué él?

La relación con Dani empezó con un mensaje cuando estábamos en el Hospital. Yo le admiraba y siempre me ponía sus monólogos, tanto en momentos de bajón, como cuando me quería reír: siempre veía a Dani. Entonces dije “jó, ¡qué mágico!” porque es un tío al que yo admiro, y vino a visitarlo como un malagueño más que va a ver a otro malagueño. Y ahí comenzó la relación entre ellos y conmigo. Cuando pasó lo de Pablo, siguió estando conmigo y me envió una película (la de ‘Orígenes’) que habla de otras vidas y del amor y ahí supe que había captado mi relación con Pablo.

Total que, cuando salió lo del libro, viniendo a Madrid en el tren a las 7 de la mañana decidí proponérselo a Dani, por si le apetecía hacerme un prólogo o escribirme una dedicatoria para el libro porque, de alguna manera él también estaba en la historia.

Siguiendo con la estructura del libro, del prólogo pasamos a los capítulos. Concretamente a los 21 capítulos en los que está estructurado, creo que este número no es por azar, si no que tiene también su significado…

Sí, soy una persona de guiarme mucho por las señales. Yo le dije a mi editor, que me ha ayudado mucho a ordenar mi ideas, que me habían salido 21 capítulos, que para mí es el número de la transformación. Normalmente dicen que para cambiar un hábito tienes que hacer 21 días la misma cosa (por ejemplo dejar de tomar café) para que realmente sea efectivo. El 21 significa la transformación, al igual que la mariposa [que también aparece en la portada].

La idea de la transformación también es un poco la idea del libro, que el libro mismo te ofrece una transformación en la vida misma de muchas personas: en la mía, en la de Pablo, en la de las personas que han seguido la historia y la idea también es que, a quién lo lea le surja también una transformación.

También hablas de la transformación después de la muerte, para tratar de romper también ese tabú, ¿no?

Sí, es que en esta sociedad no se habla de la muerte. Hay gente que dice “yo solo creo en lo que toco o en lo que veo y ya se acaba todo en la muerte”, pero luego hay mucha información de la muerte en otras filosofías como la Hindú o la Budista, también en la parte científica, con terapeutas y médicos científicos que han invetigado con personas terminales o que han tenido una muerte clínica y que han observado que la muerte no es el final.

Seguir investigando para uno mismo, sentirlo y comprenderlo, te da la esperanza de que esto no es el final y eso es lo que trabajamos Pablo.

De hecho, cuentas en el libro que fuisteis a un chamán y que a Pablo le ayudó muchísimo. Ante el escepticismo de mucha gente sobre esto, ¿te costó escribirlo en el libro por el ‘qué dirán’?

Sí, bueno. Hay mucha gente que es escéptica y yo quise contar todo hasta donde yo sé. Lo del chamán es porque es un hombre chileno que ha sido chamán allí pero aquí es como un terapeuta (yo lo llamé chamán porque tampoco sabía cómo decirlo). Las constelaciones familiares, qué es lo que trabajamos con él, fue un trabajo de entrar y ver qué hay detrás de la enfermedad emocionalmente, del tema familiar kármico y es un trabajo muy profundo. Cuando tú entras en ese trabajo personal te das cuenta de que, lo que te afecta en esta vida tiene que ver con muchas cosas: con tu año genealógico, con vidas pasadas, con lo que tienes que trabajar aquí, etc. Luego hablo también de terapias naturales, como la alimentación, de investigaciones médicas y científicas… Quiero que haya información de todo y que no solamente sea una visión, si no que haya varias visiones y que al final, casi todas se complementan.

Cada uno tiene que encontrar su respuesta y su información. Yo no tengo todas las respuestas, pero entre todos encontramos la manera de encontrar la eternidad dentro de nosotros.

En otras entrevistas he leído que Pablo no quería que fueses “la novia de” si no Andrea Rodríguez. ¿Este libro te servirá para deshacerte de esa etiqueta?

(Ríe) Bueno, lo de que me digan “novia de” me lo tomo con cariño, porque la gente me ha conocido como la compañera de Pablo. Pero es verdad que llega un momento en el que ya han pasado dos años, que Pablo vive conmigo de otra manera, y que yo soy Andrea Rodríguez. Ahora he escrito el libro y la gente me pregunta que qué voy a hacer con mi vida, y yo respondo que siempre he tenido mis proyectos como profesora de Yoga y meditación, como terapeuta en la danzaterapia y mi proyecto es irme al desierto (que ya lo estoy haciendo y cada vez más). Esa es Andrea Rodríguez.

La parte que compartí con Pablo pues sí, era la pareja de Pablo, entonces no me lo tomo para nada a mal y es verdad que estoy teniendo mucha suerte con todos los que me entrevistan, con la editorial, con todas las personas que están en mi vida. He sabido poner filtros también y decir: “mira yo hasta aquí hablo” y me están tratando muy bien y con mucho cariño.

¿Y de qué forma vive ahora Pablo en ti?

Bueno, el recuerdo para mí se puede condensar, a parte de en nuestra relación de amor que ha dejado mucho amor dentro de mí, en una frase: “La muerte no es triste, si no que lo triste es no saber vivir”. Y ahí también está el “siempre fuerte”, el vivir el momento y el vivir la vida y toda esa vivencia de superación porque, hasta que no te das cuenta de eso no puedes vivir la vida como es.

¿Estás preparada para rehacer tu vida o aún es pronto?

Bueno, es que el amor tiene otras formas, infinitas. Entonces yo creo que ahora mismo estoy viviendo una relación de amor conmigo misma que creo que todavía tengo que sanar mucho y reponerme mucho interiormente. Tampoco me pongo límites ni expectativas, si surge, surge, pero ahora mismo estoy muy enfocada en retroalimentarme con la gente y de seguir compartiendo un mensaje, de seguir trabajando con mi proyecto personal que me está enamorando muchísimo y por eso creo que el amor tiene muchas formas. Ahora mi amor y mi forma es mi proyecto personal.