Un 8,3% de las mujeres se sienten incapacitadas para trabajar durante la menstruación, pero durante el primer año de la ley se tramitaron solo 1.418 bajas
Dolor fuerte de regla, un problema habitual: aplicar calor y otros remedios para aliviarlo
A veces, en la semana en la que tenía la regla —una semana de “descargas de dolor en el nervio ciático en la que no podía ni dormir”—, Gladys se forzaba a ir al trabajo igualmente. “Tenía que irme al baño a estirar el nervio y llorar”, cuenta. Habla en pasado porque, tras un periplo de varios meses por ginecólogos, le diagnosticaron endometriosis. El tratamiento, en su caso, ha sido tomar la píldora y no menstruar, así que, cuando entraron en vigor las bajas por reglas incapacitantes en junio de 2023, ya no le afectaban. “Es el peor dolor que he pasado, y eso que me quitaron un riñón hace unos años”, recuerda, y resalta que en su trabajo siempre fueron comprensivos con el tema y no le pedían justificante si tenía que estar sin trabajar un par de días.

A Ari no le duele la menstruación todos los meses, pero sí dice que “haberlas haylas”. No se ha planteado la baja porque es autónoma y, además, nunca se lo ha mirado porque sabe que le recetarían analgésicos y prefiere métodos naturales. Trabajar igual cuando le viene una regla dolorosa, eso sí, es “horrible, porque es como tener una herida más grande que tu cuerpo, que se sale de la piel y el mismo aire duele…”.
Tampoco Ana ha pedido una de estas bajas, ya que vive desde hace varios años en el Reino Unido. Pero el dolor que le provoca la endometriosis sí ha hecho que tenga que faltar al trabajo. Recuerda la primera vez que tuvo que ausentarse por esta causa, durante el covid. Sobre las 10 de la mañana, tuvo que explicarle a una mánager que estaba en Shanghái que estaría mejor en unas pocas horas y podría acabar el turno. “Me explicó que cuando te pides el 'sick leave' tiene que ser todo el día. El tema es que el dolor era tan intenso que ni trabajar sentada podía”, cuenta. En los dos años siguientes, tuvo que faltar en otra ocasión en la que “simplemente no podía caminar para prepararme por la mañana”.
Encontrar a mujeres cuyas menstruaciones vengan acompañadas de dolores más o menos intensos es sencillo. Sin embargo, si lo que queremos es encontrar a alguien que haya pedido la baja menstrual, es como buscar una aguja en un pajar, porque son poquísimas: en el primer año de vigencia de la ley, solo se habían tramitado 1418, según datos del Ministerio de Igualdad. Pero no porque no sea necesaria: según los datos de un estudio publicado en la revista Reproductive Health, más del 70% de las mujeres tiene dolor menstrual, para el que un 45,9% toma medicación. Y, aunque solo el 17,3% de las mujeres encuestadas había pedido una baja (por enfermedad común, los datos son de 2022, antes de la ley), el 34,3% aseguraba que sí hubiese necesitado no ir al trabajo.
Por qué duele la regla
El dolor menstrual o dismenorrea es algo que hemos normalizado tanto que muchas mujeres conviven con niveles de dolor elevados sin intentar averiguar qué pasa. Sin embargo, como insiste el doctor Francisco Carmona, presidente de la Sociedad Española para el Estudio de los Miomas y la Endometriosis (SEEME), “el dolor de regla no es normal”. En una escala del cero al diez, un dolor de más de tres “merece ser estudiado. Hay que ir al médico y buscar cuál es la causa. Si se estudia bien, se encuentra”, señala. Al identificar esa raíz, se tiene una etiqueta que permite a la afectada tomar decisiones sobre cómo tratar ese dolor si quiere hacerlo o, en muchos casos, evitar la evolución, que vaya a más. ¿Qué hacer si en la consulta médica le dicen a la paciente que no tiene nada? Carmona lo tiene claro: “que cambie de ginecólogo”.

Esto es exactamente lo que tuvo que hacer Gladys hasta que le diagnosticaron endometriosis, enfermedad en la que se registra un crecimiento anómalo del tejido del útero, el endometrio, que puede causar fuertes dolores y que se calcula que afecta al 10% de las mujeres. Cuando la menstruación le empezó a provocar dolores muy intensos (durante años tomó la píldora, que enmascaraba los síntomas), buscó en internet y vio que todo parecía apuntar a ese diagnóstico. Pasó por tres ginecólogos que le dijeron que no era eso, y hasta por un traumatólogo que le dijo que el dolor era por una hernia que tiene y que tenían que operarla de la columna. “Pero a mí no me cuadraba que solo me doliese cuando me venía la regla. Busqué a un equipo de ginecólogos especializados en endometriosis en Madrid y, solo con una pequeña exploración, me dijeron que, a falta de una prueba de imagen, me podían decir casi al 100% que era eso. Me hicieron las pruebas, empecé a medicarme y adiós dolor”, cuenta.
El proceso se le hizo eterno, pero sabe que los siete meses que pasó buscando respuesta no son nada comparados con la media en el diagnóstico de la endometriosis: entre seis y diez años, indica Carmona. Con el diagnóstico, Gladys podría si le volviera el dolor acudir a su centro de salud y que le concedieran una baja menstrual. Estos permisos, que, al contrario que en las bajas por enfermedad común, están retribuidos desde el primer día, no son solo para mujeres con endometriosis. El texto exacto de la ley incluye a las mujeres con “menstruación incapacitante secundaria o dismenorrea secundaria asociada a patologías tales como endometriosis, miomas, enfermedad inflamatoria pélvica, adenomiosis, pólipos endometriales, ovarios poliquísticos, o dificultad en la salida de sangre menstrual de cualquier tipo, pudiendo implicar síntomas como dispareunia, disuria, infertilidad, o sangrados más abundantes de lo normal, entre otros”.
Carmona señala que detrás de ese síntoma, el dolor, hay muchísimas causas posibles. “Yo creo que un ejemplo de cómo lo normalizamos es que tenemos un diagnóstico que es dismenorrea esencial, que significa dolor de regla de causa desconocida. No averiguas la causa, lo dejas así y te quedas tan ancho”, sostiene.
Por qué se piden tan pocas bajas
Las 1418 bajas menstruales que se pidieron durante el primer año son una cantidad “casi testimonial”, asegura la doctora María Blasco, coordinadora del Grupo de Trabajo de Salud de la Mujer de SEMERGEN. “Según la Encuesta de la Sociedad de Contracepción 2024, un 31,6% de las mujeres declara sentirse limitadas y un 8,3% de mujeres se sienten incapacitadas para el desarrollo de su actividad laboral durante la menstruación. Esto demuestra claramente que las bajas no se están solicitando”, elabora.
En cuanto a las razones por las que ocurre esto, la doctora cita en primer lugar el infradiagnóstico de la dismenorrea secundaria (es el dolor menstrual asociado a alguna patología, como endometriosis, uno de los requisitos para la baja). “Debemos saber que un 8% de mujeres en edad laboral están diagnosticadas de endometriosis, y solo un 36,9% de ellas han sido diagnosticadas antes de los 5 años de aparición de los síntomas. Por tanto, un 63,1% de las mujeres tarda más de 5 años en ser diagnosticada, con las repercusiones clínicas y laborales que ello conlleva”, explica. Sin ese diagnóstico, no se puede pedir esa baja particular.

Además, influye también el miedo a repercusiones laborales. “El 51,5% de mujeres está convencida de que el hecho de pedir esta baja le acarreará problemas laborales. Debemos trabajar para que a nivel social se conozcan y entiendan estas circunstancias que pueden rodear al hecho fisiológico de la menstruación”, reflexiona Blasco. Por último, menciona que también entran en juego factores culturales, “como el pudor a que esta realidad femenina sea conocida, lo que da lugar a mucha variabilidad de petición de bajas entre distintas Comunidades Autónomas, siendo Extremadura la que menos bajas médicas por este motivo ha tramitado”.
La ley es un buen paso, señala el presidente de la SEEME, pero se queda corta, ya que no va más allá del diagnóstico. “Es un ‘si te duele, no vengas’, que está muy bien. Pero hay que investigar las causas de ese dolor y ver cómo tratarlo”, concluye.

