Menopausia y barriga: ¿por qué no pierdes grasa del abdomen aunque comas menos?
Aunque la alimentación sigue siendo importante, la bajada de estrógenos, el estrés, el sueño y la insulina también explican por qué el abdomen cambia durante la menopausia.
¿Es normal tener dolor de ovarios durante la menopausia?
MadridCon la menopausia, un día los vaqueros empiezan a apretar más en la cintura. No se ha dejado de entrenar, la alimentación es prácticamente la misma y, aun así, la barriga parece haber cambiado. La reacción más habitual es comer menos o machacarse con más cardio. Isabel Viña, médica experta en suplementación, metabolismo y hormonas, insiste en que no siempre es la respuesta. "¿Comes bien, haces deporte, pero tu barriga no se va? No es falta de voluntad, pueden ser tus hormonas", explica la doctora en un vídeo publicado en Instagram, donde cuenta con 465.000 seguidores.
Lo primero es distinguir entre las dos grasas que pueden acumularse en el abdomen. "La grasa subcutánea es la que tú te puedes coger, el michelín" explica la doctora. La visceral, en cambio, no se ve porque se encuentra alrededor de los órganos. Es esta última la que más preocupa, ya que produce sustancias proinflamatorias y es especialmente sensible a los cambios hormonales.
Por qué la grasa se instala ahora en la cintura
Durante la etapa fértil, las mujeres tienden a acumular más grasa en las caderas, los glúteos y las piernas. Cuando bajan los estrógenos, primero en la perimenopausia y después en la menopausia, ese reparto cambia y la grasa empieza a concentrarse con mayor facilidad en el abdomen.
Eso explica por qué una mujer puede notar más barriga aunque su peso apenas haya variado. Pero los estrógenos no son los únicos implicados. El cortisol también puede favorecer este cambio, sobre todo cuando el estrés se mantiene durante mucho tiempo y altera su ritmo normal.
Viña señala que unos niveles elevados de cortisol en momentos en los que deberían bajar, por ejemplo, durante la noche, pueden aumentar el apetito y favorecer que la grasa se deposite alrededor de la cintura. A esto puede sumarse la resistencia a la insulina. "Los picos excesivamente altos de glucosa también favorecen que la grasa se acumule en el abdomen", detalla la doctora.
Más fuerza y menos obsesión con la báscula
¿Significa esto que no se puede hacer nada? En absoluto. La doctora recomienda especialmente el entrenamiento de fuerza. Además de ayudar a mantener el músculo, mejora la sensibilidad a la insulina y puede reducir la grasa visceral incluso cuando la báscula no refleja una gran pérdida de peso. "Lo primero es el ejercicio físico", afirma la experta. Y hace una puntualización importante: "Incluso sin perder peso en la báscula, el ejercicio ha demostrado reducir de manera selectiva la grasa visceral".
La médica recomienda especialmente incorporar entrenamiento de fuerza porque "es la herramienta más efectiva para la grasa visceral y mejora la sensibilidad a la insulina". También invita a aumentar el consumo de fibra: "Modula directamente la insulina, mejora el metabolismo de los estrógenos y esa inflamación crónica asociada al exceso de cortisol".
El descanso es otra pieza importante. Viña aconseja dormir entre siete y ocho horas y gestionar el estrés de forma activa para ayudar a recuperar el ritmo natural del cortisol. "Puedes estar haciendo todo bien y tener estos tres mecanismos activados sin saberlo", advierte.
Como apoyo adicional, menciona la berberina fitosomada, la rhodiola, la Gymnema sylvestre, el mioinositol y el magnesio. Sobre este último explica que es "un cofactor imprescindible para los receptores de insulina" y que, además, "mejora el sueño y reduce el cortisol". Eso sí, los complementos deben valorarse con un profesional sanitario y nunca sustituir al ejercicio, el descanso o una alimentación equilibrada.