Gastronomía

Así fue la infancia de Dani García: quiénes le enseñaron a cocinar y qué platos inspiraron su universo gastronómico

El chef Dani García
El chef Dani García. Cordon Press
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Es uno de los chefs más talentosos del país, tiene en su haber tres estrellas Michelin, enamora a quienes pasan por sus restaurantes de Madrid, Dubái, Budapest o Marbella y en multitud de ocasiones ha dado a conocer sus mejores trucos para recetas tradicionales, como la ensaladilla rusa o el remojón granadino. Pero Dani García no ha llegado a lo más alto por casualidad: hay todo un contexto personal, unos orígenes que se remontan a su infancia y que fueron la base de toda su cocina. Hoy te invitamos a conocerlos.

Sus primeros referentes en la cocina

Recientemente, el marbellí explicó de qué manera se fue forjando su amor por los fogones. Y lo hizo en el programa de radio ‘Por el principio’. Habló de cómo la magia de unos ingredientes sencillos bien cocinados podían convertirse en un platazo: "Con dos cebollas, un poco de parmesano, pan y agua hacías una sopa de cebolla con queso gratinado. Eso es lo que me atrapó del mundo de la cocina”, confesaba.

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“Mi infancia siempre ha ido muy pegada a la cocina”, decía el cocinero. Evidentemente, aprender a guisar tiene que ver con lo que se cuece, y nunca mejor dicho, a tu alrededor. Dani vio desde bien pequeño cocinando a su madre y a su abuela, que lo hacían de lunes a viernes; el fin de semana le tocaba el turno a su padre, a quien le encantaba hacer gachas, leche frita o migas. Todos los adultos a su alrededor disfrutaban del placer de alimentar a los demás. Eso sí, Dani confiesa que se parece mucho a su padre: “He salido mucho a él”, dice, y habla de que los dos compartían “un perfil bajo”, que son personas “normales, tranquilas, sin buscar malos rollos”, que disfrutan simplemente con estar junto a su familia.

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Más tarde llegarían sus maestros a nivel profesional: los que le enseñaron, como Jesús Camarero, su profesor de hostelería en la Escuela de Málaga, o Martín Berasategui, que despertó en él la creatividad y elevó su talento a otro nivel. Pero aquel niño que iba con su padre al mercado “muy temprano” a comprar huevas de jibia o conchas finas, que observaba cómo se preparaban distintos guisos, aprendió de sus mayores. Todas las celebraciones, explica, se hacían siempre en torno a una mesa. “Era un festival de comida”, dice de aquellos primeros años de vida.

Del “pollo a empujones” a la base de su cocina

Recoger palmitos frescos (algo prohibido en la actualidad) o ir a Trebujena a por angulas para luego empaquetarlas y congelarlas en su casa "en paquetitos de 100 gramos" son otros de sus recuerdos de infancia, “hace 35 o 40 años”. Al regresar del cole o, en verano, de la playa (“volvíamos hambrientos”, recuerda), lo primero que hacía era preguntar a su madre qué había de comer. La respuesta era siempre la misma, hubiera lo que hubiera: “Pollo a empujones”. Pero cuando de verdad había pollo, Dani quería saber qué quería decir su madre con aquella frase: en realidad era una forma de decir que había guisado con prisa, con lo que había, en pocos minutos.

Gambas al ajillo, chirlas y coquinas o empanadillas de atún eran algunos de los platos tradicionales que el chef vio guisar a diario a su madre y su abuela, en una casa “que siempre olía bien”, a comida haciéndose al fuego. Después, partiendo de aquellos platos de toda la vida que vio crear, fue construyendo su universo culinario: “El ADN de la cocina de tu casa, de tu familia, está ahí”.