Consejos

Elena Daprá, psicóloga, sobre las crisis conyugales en verano: “Las vacaciones no son la causa, son el contexto”

Fotomontaje con Elena Daprá (izq.) y una pareja al atardecer en la playa (dcha.)
Fotomontaje con Elena Daprá (izq.) y una pareja al atardecer en la playa (dcha.). Cortesía de Elena Daprá/Pixabay
Compartir

No son sensaciones, son datos: el Consejo General del Poder Judicial informaba en 2022 de que el tercer trimestre, en concreto el mes de septiembre, es el que concentra más divorcios de todo el año. Así lo recogían recientemente los informativos Telecinco. Los divorcios no son solo cosa de famosos: se habla de en torno a un 40% de las separaciones tras la época estival, pero ¿qué tiene el verano para impulsar estas rupturas? ¿Cuáles son las causas y, sobre todo, hay alguna manera de salvar el matrimonio de las crisis estivales? Hemos hablado con una psicóloga para que nos dé respuesta a todas estas dudas.

PUEDE INTERESARTE

“Funcionamos en modo supervivencia”

Elena Daprá es psicóloga sanitaria, experta en bienestar psicológico, relaciones humanas y desarrollo personal y laboral. Con ella nos hemos puesto en contacto para que nos explique, en primer lugar, qué factores intervienen en la crisis de pareja cuando estamos de vacaciones. Y es contundente al respecto: “Las vacaciones no suelen ser la causa de una crisis, sino el contexto en el que esta se hace más visible. Durante el año, muchas parejas funcionan en modo supervivencia: trabajo, hijos, obligaciones, horarios… Todo ello reduce el tiempo compartido y, en cierto modo, también aplaza conflictos”. 

Pareja sentada en la playa
PUEDE INTERESARTE

¿Qué sucede al llegar el verano? Que todas esas rutinas, que funcionan como distractores, desaparecen, y los dos miembros de la pareja pasan un montón de horas más juntos. “Es entonces cuando afloran diferencias que durante meses habían permanecido en segundo plano: distintas expectativas sobre cómo descansar, formas de comunicarse, necesidades de espacio, reparto de responsabilidades o maneras de gestionar el ocio”, responde Daprá.

El cansancio y las expectativas depositadas hacen el resto: “Solemos llegar al verano con un nivel importante de cansancio físico y mental. Cuando esperamos que unos pocos días solucionen meses de desgaste, cualquier pequeño desencuentro puede vivirse con mucha más intensidad”. Por eso, señala la psicóloga, las vacaciones “actúan como una especie de lupa: no crean los problemas, pero sí los hacen mucho más visibles”. 

Cómo abordar una crisis en verano: consejos

Lo primero, indica Elena Daprá, es que no interpretemos una discusión como un síntoma automático de crisis conyugal. “Discutir no significa necesariamente que una pareja funcione peor; lo relevante es cómo gestiona ese conflicto”. En ese sentido, propone “reducir el nivel de activación emocional” en medio de la discusión antes de intentar resolver el problema. “Cuando estamos muy enfadados o frustrados, nuestro cerebro prioriza defenderse antes que comprender al otro, por lo que es mucho más difícil llegar a acuerdos”. 

Pareja paseando

También indica la importancia de, llegada la hora de discutir, centrarse en un único tema cada vez: “Muchas discusiones terminan mezclando problemas antiguos con el motivo inicial, y eso hace que ninguna cuestión se resuelva realmente”. Por último, señala, “conviene evitar tomar decisiones trascendentales en pleno pico emocional. Las vacaciones son un periodo intenso y las emociones suelen vivirse con mayor intensidad”. 

Dejar pasar ese momento de alta activación y volver a la charla cuando ambos hayan recuperado la calma es necesario, indica Daprá, especialmente si la relación atraviesa una crisis importante.

Recomendaciones para evitar los conflictos de pareja en verano

Pero sería mejor no llegar a la bronca, ¿verdad? ¿Cómo podemos evitar este escenario? Estas son las recomendaciones que nos propone la psicóloga:

Pareja besándose junto al mar

Hablar antes de viajar sobre las expectativas de cada uno. “Parece algo muy sencillo, pero muchas discusiones aparecen porque ambos daban por hecho cosas completamente distintas: uno imaginaba descanso absoluto y el otro un viaje lleno de planes; uno quería estar todo el tiempo juntos y el otro necesitaba momentos individuales”. 

Compartir vacaciones no implica compartir absolutamente todo. “Mantener pequeños espacios personales suele ser saludable y reduce la sensación de saturación. 

Flexibilizar. “Cuanto más rígida es la idea de las vacaciones perfectas, mayor es la probabilidad de frustrarse cuando algo no sale como estaba previsto”. 

Por último, Elena Daprá aconseja “hacer un esfuerzo consciente por mantener los gestos cotidianos de conexión: preguntar cómo está el otro, expresar agradecimiento, mostrar afecto o interesarse por cómo está viviendo esos días”. Aunque son gestos aparentemente pequeños, “sabemos que tienen un enorme impacto en la satisfacción de pareja”, concluye.

En definitiva, indica, “las vacaciones no ponen a prueba a las parejas perfectas, sino a las parejas reales”. Por eso, reflexiona la experta, también pueden convertirse “en una excelente oportunidad para conocerse mejor, fortalecer la comunicación y salir de ellas con una relación más sólida”.