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Septiembre, el verdadero enero del cerebro: un psicólogo nos da las claves para lograr objetivos

Fotomontaje con una mesa de trabajo y el psicólogo Sergio García Soriano
Fotomontaje con una mesa de trabajo y el psicólogo Sergio García Soriano. Pexels y Cortesía de Sergio García Soriano
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Lo oímos cada vez más veces: septiembre se considera el verdadero enero del cerebro. La verdadera vuelta a la rutina tras un prolongado periodo de descanso sucede no después de las fiestas navideñas, sino tras el verano. ¿Por qué sucede esto, cómo lo gestiona nuestro cerebro y cuáles son las claves para cumplir con esos propósitos que queremos incorporar a nuestras vidas a partir de ahora? Un experto en psicología nos ha dado las respuestas.

Consejos para un buen regreso

¿Por qué exactamente septiembre se comporta como si fuera el comienzo de año? Sergio García Soriano, psicólogo y psicoterapeuta, ha charlado con Divinity sobre este asunto. “Septiembre funciona como un inicio de curso porque psicológicamente es un punto de reinicio y así lo interpretamos, es el final de un mutis vital. Agosto es un punto y aparte en el curso, donde ha habido un impasse para divertirnos, descansar o cambiar de planes. Esto da fuerza al ser humano para hacer cambios o para acometer nuevos proyectos”. 

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En este reinicio también debemos tener en cuenta el hecho de que ese mutis vital ha terminado y hemos de reincorporarnos a un día a día más estructurado, con más rutinas. ¿Qué aconseja el experto para gestionarlo correctamente? “Lo primero, asumir que lo anterior estuvo bien y fue necesario y toca volver a la rutina”. García Soriano explica que es fundamental que esa vuelta a la rutina sea “progresiva y realista”, es decir, “que haya una transición, un tiempo de adaptación”. “Quizá sea bueno no sobrecargar la agenda desde el primer día”, añade. 

Mujer trabajando
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Otro punto en el que pone el foco es en recuperar los horarios gradualmente después de un periodo estival en el que no prestamos tanta atención a nutrirnos o descansar correctamente, ya que tendemos a relajar las costumbres. “Tener una buena higiene del sueño y de la alimentación nos va a dar más autoestima, más seguridad; nos va a indicar que ya estamos dentro de nuestra zona de confort, de trabajo habitual”.

Si además hemos tenido, explica el psicólogo, “algún elemento de ilusión o de alegría durante el verano, algo que aprendí y que me sirvió, también ayuda”. Por ejemplo, ir al cine a ver esa película que tanto nos apetecía, ahora que en otoño hay grandes estrenos, o una escapada corta aprovechando el puente de octubre. O haber hecho amigos durante el descanso estival que podemos mantener durante el curso. O, simplemente, recordar algo no por obvio menos importante: que el trabajo es el que nos permite tomar vacaciones.

El momento de proponerse buenos hábitos, sí, pero ¿cómo fijarlos? 

Mujer caminando al aire libre

Sergio García explica que sentirse mal por regresar al trabajo o al colegio es normal, “no hay que ponerle ninguna etiqueta patologizadora”. Ha terminado el periodo de diversión durante todo el día y comienza otra etapa. También recomienda evitar la culpa: “Ya han terminado las vacaciones. Eran necesarias, y ahora también es necesario el trabajo”. El experto subraya que, si podemos vivir con alegría ese regreso, es más fácil la reincorporación.

Pero, como decíamos al comienzo, septiembre se interpreta como un reinicio. Por eso tanta gente decide comer más sano, caminar más, apuntarse a un gimnasio, leer más, soltar el móvil o dejar de fumar, entre otros objetivos. También sabemos que es fácil abandonarlos enseguida, así que le hemos preguntado al psicólogo de qué manera podemos fijar esos hábitos y triunfar, esta vez sí, en el intento. “No podemos empezar haciendo muchos cambios. Hay que empezar de uno en uno y centrarnos en ese. Si nos ponemos unas expectativas más realistas, será más fácil que consigamos los objetivos”, explica. Por ejemplo, si llevábamos una dieta poco saludable, una vida sedentaria y fumamos, quizá es buena idea, en lugar de intentar cambiarlo todo a la vez comenzar por el tabaco y, una vez hayamos logrado esta meta, ir a por la siguiente. “La motivación de septiembre puede ser una ayuda”.

La constancia es esencial para alcanzar nuestros objetivos, que no tienen por qué ser enormes: vale más la pena ir despacio. “Fallar alguna vez no implica fracaso, pero dentro de un camino, de un proyecto”. “Hay que ver si esos cambios y esos comportamientos pequeños y sostenibles los estamos cumpliendo”.